Northfork: el dolor de la partida.

agosto 24, 2011 at 4:36 pm (Críticas)

Northfork es una película del 2003 dirigida por Michael Polish y escrita por los hermanos Michael Mark Polish, en un binomio parecido al formado por Joel y Ethan Coen. No tanto por el hecho de que sean hermanos, sino porque las películas de ambos exhuman gran personalidad. La diferencia es que unos están ampliamente reconocidos y los otros no. Y no será porque no se lo merezcan.

La historia del film está ambientada en 1955, en el Estado de Montana. Por culpa de un nuevo proyecto hidroeléctrico, la ciudad de Northfork va a quedar sumergida bajo las aguas. La mayoría de habitantes se han ido a tierras mas altas, pero hay un grupo de residentes que se niegan a abandonar su hogar, y un grupo de hombres vestidos de negro encabezados por James Woods serán los encargados de convencerles de que abandonen el lugar. Esa es la sinopsis oficial.

Pero lo que engrandece la película y le da una sobrecogedora dimensión humana, es la historia paralela a la principal. Los padres de un niño moribundo lo dejan bajo los cuidados del cura de la ciudad (Nick Nolte), y la trama de los hombres de negro se intercala con los sueños del niño, con sus últimos vestigios de vida. En ellos podemos ver a una especie de hada, Daryl Hannah, con un instinto maternal que nunca ha tenido posibilidad de materializar. Es esta la madre que el chico nunca tuvo, una que no le abandona cuando más falta le hace. Encontrará en ese grupo de peculiares personajes reunidos en la cabaña lo más parecido que nunca tuvo a una familia. Una familia que le apoya y le hace ver que la partida hacia otro mundo tal vez no sea algo tan triste. Separar la nuez de la cáscara, el alma del cuerpo, y llevarla de vuelta al cosmos y a lo infinito, a almas cercanas a la suya y a corrientes de bondad de las que nunca se separará. Sin nada que le intoxique, al contrario que en el mundo real.

En la otra historia tenemos al grupo de hombres que intenta convencer a los habitantes de la ciudad de que se vayan. Pero se encuentran con un muro. La fé, las costumbres prolongadas durante muchos años y el amor al lugar donde se ha nacido. El choque generacional e ideológico. Esos habitantes tienen el alma tan arraigada a un lugar que no conciben la vida fuera de él. O no la conciben para ellos. Morir en ese lugar supone un último acto de fidelidad y lealtad al lugar y a sí mismos. Lucharán por esos principios a toda costa y con escopetas recortadas si hace falta. Morir por algo en vez de vivir por nada.

Northfork es un libro abierto, pero no cae en los caprichos del cine más experimental. O lo que es lo mismo, es un libro abierto pero no un libro en blanco. No es una de esas obras cuyo único valor resida en la interpretación del espectador, como Empire de Andy WarholNorthfork contiene de por sí, cualidades tales como una fotografía exquisita, una puesta en escena elegante o un elenco de actores increíblemente talentoso. Las elipsis e interrelaciones entre las dos tramas principales poseen una poderosa cadencia poética y emotiva. Y es aquí, en el plano emocional, donde se disputa el significado último de la obra. Es ahí donde el espectador tiene la última palabra.

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