ZINEMALDI 2011: Drive.

octubre 31, 2011 at 9:53 pm (Críticas, Próximos estrenos)

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Lo digo alto y claro: Drive es un peliculón y rebasó con mucho mis expectativas cuando la vi en el Festival de San Sebastián. Es cierto que siento una debilidad por el cine negro y el guión de Drive sigue paso a paso los cánones del género. Pero la repetición de patrones previos no convierte a una película en apasionante. ¿Qué es entonces lo que la diferencia del resto? ¿Qué es lo que cambia con respecto a modelos anteriores? La mirada.

Drive me apasiona del mismo modo que lo hace Lazos ardientes de los hermanos Wachowski. La historia no es nada del otro mundo, pero los arquetipos que estas incluyen brindan al director la oportunidad de llegar a la esencia del cine negro renovando maneras. Hacer del estilo un estímulo sensorial y del entretenimiento una sensación a expandir. El arte y ensayo y el cine mainstream tan unidos que ya no percibes la línea que supuestamente los separa. ¿No es perfecto?

Estamos ante una película con un guión propio del cine negro de los 50, con una atmósfera similar al neo-noir áspero que se hacía en los 70, con música inspirada en los 80 y enmarcada en la actualidad. Bucea entre épocas. Y ese coqueteo posmoderno le otorga un interés inmenso porque no se basa en la floritura gratuíta, sino que cuestiona hasta que punto los ecos del pasado privan a una obra de tener identidad propia, y de si realmente existen esas privaciones o si nuestra conciencia las ha ido generando con el transcurrir de visionados.

¿Cuánto de viejo puede tener algo para poder considerarse nuevo? Tampoco paramos de oír quejas en el caso opuesto: “en esa época todavía no había salido esa canción”. Si a un film de época le pones música actual se produce un bache de verosimilitud. ¿Por qué? ¿No puede ir New Order más acorde con el sentir de los personajes en aquella época que las partituras de Beethoven?


Drive supone también un salto de gigante en la evolución de Nicolas Winding Refn como cineasta. Podíamos encontrar elementos interesantes en Fear X o Valhalla Rising, como el uso del color y la relación que tienen con los personajes o la historia que se cuenta. Yo diría que usa el color como acicate intelectual y de asociación de conceptos aparentemente inconexos. También había similitudes en el carácter de los protagonistas; personas errantes, perdidas, en busca de una quimera. Pero estos elementos, aun siendo sugestivos, no llegaban para alejarlas de una farragosa indefinición de fondo.

Aquí se llevan todos esos juegos formales a otro estadio. Si las películas anteriores de Refn descuidaban el conjunto en pos de la experimentación, en esta el resultado se tiene más presente que nunca. Se cuida, se pule y se mima. Y a mí eso me encanta, porque no sólo estoy viendo a un cineasta hallando su camino, sino también a alguien que, sencillamente, ha nacido para hacer esto.

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