Chaplin x2: Tiempos modernos y El gran dictador.
Me gustaría poder decir que vi este par de clásicos por mi cuenta, pero no. Nos las pusieron en la asignatura opcional “Cine e Historia”, y como me parecieron dos peliculones muy grandes, quiero comentarlos. No sé qué podré decir de estas dos películas que no se haya dicho ya, pero allá voy (perdón por la cacofonía). De paso, con este post inauguro una nueva sección, “x2″, en la que haré una sesión doble, de lo que sea. Aviso de spoilers:
- Tiempos modernos.

Tiempos modernos (1936) cuenta la historia del para muchos mítico personaje Charlot, en los años de la gran depresión. Trabaja como obrero en una cadena de montaje. Dado lo repetitivo de su trabajo, le surge un tick incontrolable por el que irá a parar a la carcel, saldrá, entrará de nuevo, volverá a salir y… creo que es entonces cuando conoce a una guapa joven con la que empezará una nueva vida llena de sueños y esperanzas.
La crítica de la película de Charles Chaplin no está escondida y no hace falta ponerse gafas de pasta para localizarla. En escenas como la que abre el film, con ese rebaño de ovejas corriendo hacia la fábrica, ya nos damos cuenta de que Chaplin quiere transmitirnos el monótono modo de vida que se llevaba entonces. Gente que vivía para trabajar y trabajaba para sobrevivir, sin mayores alicientes, y con una compensación económica de pobre para abajo. En las fábricas la humanidad estaba completamente relegada. El propósito de los jefes consistía en extraer todo el jugo de sus trabajadores hasta dejarles secos. Tanto que (en la película) inventan una máquina de “auto-almuerzo” para perder tiempo en el descanso que disponían para comer. Y claro, en las fábricas la higiene y seguridad era nula, y nadie se responsabilizó hasta el 1833. Ahí se le puede ver al pobre Charlot, espachurrado entre engranajes en aquella famosa escena.
Y no sólo es una atrevida y graciosísima sátira repleta de ingeniosos gags, sino que tiene un estupendo retrato de los dos personajes principales y están perfectamente definidos con apenas dos apuntes. Chaplin es un trabajador más entre la multitud, algo iluso e ingenuo, que intenta como puede adaptarse a los convulsos tiempos que le ha tocado vivir. Se le nota bastante despistado, como si no pudiese asimilar la rapidez a la que avanza la sociedad. Le falta alguien con quién poder superar las dificultades de la época. Y ese alguien llega con una joven huérfana a la que salva de ir a la cárcel por robar una barra de pan, yendo él en su lugar. Habían matado a su padre y llevado a sus hermanos a un orfanato. No le quedaba nada y estaba en la calle, así que ¿qué podía hacer? Cuando Charlot sale de la cárcel comienzan una nueva vida juntos. Se complementan el uno al otro. El amor que sienten es lo que les impulsa a salir adelante. Encuentran una humilde casa y un trabajo decente, pero surge un altercado y lo pierden todo. Menos a ellos mismos, que es lo que necesitan. Así, la última escena irradia un enorme optimismo sin sensiblerías, dirigiéndose hacia un incierto pero esperanzador futuro. Por muy mal que puedan ir las cosas, se tienen el uno al otro y eso es suficiente para ellos. Una muy buena película que nadie debería perderse. 9.
- El gran dictador.

El gran dictador (1940) nos narra la historia de un barbero judío que se encuentra combatiendo en la Primera Guerra Mundial. Tras salvar la vida a un oficial y tener un accidente de avión, vuelve a Tomania, sale 20 años después del hospital y empieza a darse cuenta de que el mundo en el que vivía ha dado un giro descomunal. El dictador Astolfo Hynkel gobierna el país y la policía del Ghetto se muestre muy hostil con sus ciudadanos, pintando “Jew” (judío) en los cristales. En un altercado con estos, Hannah ayuda al barbero y se enamoran. En otra refriega algo más grave, los policías iban a ahorcar al barbero cuando aparece el oficial Schultz, a quien el barbero había salvado al vida. Este le reconoce y durante un breve período de tiempo, los ciudadanos del Ghetto pueden gozar de una vida tranquila y sin problemas. Pero cuando un banquero le niega a Hynkel un préstamo para satisfacer sus desmedidas ambiciones, este carga su ira contra el Ghetto, y acusan a Schultz de traidor. Envían a este y a nuestro barbero a un campo de concentración, mientras que Hannah y compañía huyen a Osterlich, pero les cogen una vez instalados. El barbero y Schultz huyen del campo y detienen a Hynkel pensando que es el barbero. Confunden al barbero con Hynkel y tiene ante sus manos la oportunidad de cambiar las cosas.
Si bien El gran dictador posee una calidad cinematográfica innegable, no puedo evitar las similitudes con Tiempos modernos. No hablo de que Chaplin y Paulette Goddard sean los protagonistas en ambas cintas, sino que los personajes del barbero y Hannah son prácticamente idénticos a los de Charlot y la joven huérfana (con la diferencia de que la primera tiene más mala leche aquí), dando la impresión de estar ante otro “capítulo” de los mismos personajes. Más allá de esto, nada más le puedo achacar a este gran film. El comienzo en el campo de batalla es formidable. Tiene escenas hilarantes, como la de los pasteles de la moneda o el discurso de Hynkel, y otras sencillamente geniales, como la de Hynkel jugando con la bola del mundo o la escena final. Obviamente, los nombres reales han sido cambiados, pero todos sabemos cuáles son los reales. Tampoco hay en El gran dictador ninguna crítica oculta de difícil desencriptamiento. Es una crítica contra la tiranía y el despotismo que ejerció Adolf Hitler durante su estancia en el poder y la opresión en la que sumió a la nación, a los judíos y a miembros de otras etnias (para luego pasar a exterminarlos). Asombra el atrevimiento con el que critica todo ello, sin quedarse en medias tintas y dejando en muy mal lugar a los altos cargos. Todo ello a principios de la Segunda Guerra Mundial, por lo que es de admirar (otra vez) la valentía de Chaplin. Aún así, se niega a sumergirse en el pesimismo por muy desoladoras que sean las circunstancias, y nos regala un final precioso, lleno de vida y esperanza, con un monólogo que resume las intenciones de la película y queda en la retina de los recuerdos inexorablemente. De obligada visión, por mucha pereza que os pueda dar. 9.
Capitanes intrépidos: Maravillosa aventura en alta mar.

Pensaba colgar un post anuncando mi retirada temporal de los blogs, pero como la semana santa me ha pillado de sorpresa, ahora voy a tener el tiempo suficiente para actualizar mi blog de vez en cuando. Tengo unas cuantas críticas pendientes (El último rey de Escocia, The Host, The Shield (serie), Terciopelo zul, Donnie Darko, Toro salvaje, Adaptation, La última noche, Cube, Tres colores: azul, Querida Wendy o Diario de un escándalo que ví ayer), pero finalmente me he decantado por la que probablemente, más me ha gustado de todas ellas. Hace dos viernes me compré Capitanes intrépidos. Tenía serias dudas entre otras, pero no pude escoger una mejor. La ví el pasado domingo, me fastidió por una parte porque pensaba grabarme Jules y Jim que daban en La 2, pero cuando terminé de ver ésta ya había empezado. Aún así no me arrepiento en absoluto, qué maravilla, ¡por el amor de Dios!
Capitanes intrépidos cuenta la historia de Harvey Cheyne (Freddie Bartholomew), un niño asentado en un modo de vida cómodo, dado que su padre es un importante hombre de negocios. Tiene todo lo que aparentemente necesita, pero su padre no puede dedicarle mucho tiempo, por lo que demostrará una falta de disciplina y alardes de prepotencia que le harán caer en un malentendido y también caer del barco dónde viaja. En el mar será rescatado por Manuel (Spencer Tracy), un humilde pescador que le llevará a la goleta We´re here, dónde su vida cambiará para siempre. Como anécdota, decir que la canción que canta Manuel con su instrumento (Ay mi pescadito no llores ya más…) me la cantaban a mí de pequeño.

He de confesar que no soy muy amigo de los clásicos. Me dan mucha pereza y más aún si son en blanco y negro. Muchos me parecen muy sobrevalorados, y dan a pensar que hechos en nuestra época tampoco serían gran cosa. Ésta película da a pensar lo contrario, que ya nunca se harán películas así. Es más, creo que, de los clásicos que he visto, si hay uno que se merece estar dónde está, ese es Capitanes intrépidos. El director, Victor Fleming, se basa en una novela de Rudyard Kipling (dicen revitaliza cada página del libro, pero como yo no le he leído…) para relatarnos una de las más emotivas historias de amistad y amor fraternal jamás contadas. Fleming dirigió unas cuantas películas antes de ésta, pero fue Capitanes intrépidos la que le valió la fama y el reconocimiento necesarios para poder realizar films como Lo que el viento se llevó o El mago de Oz, que dudo lleguen al nivel que alcanza esta maravilla.
La historia está ejemplarmente narrada, con un estudio de comportamientos y consecuencias al principio que en su desarrollo alcanzan la perfección. Los personajes están magníficamente retratados, destacando a los dos protagonistas. Freddie Bartholomew, que hace el papel de niño malcriado y uraño de forma magistral y le queda fenomenal. Una de las mejores actuaciones infantiles que he visto. Un joven Spencer Tracy (ganó su primer Oscar por esta película), cuyo papel de pescador humilde también le viene como anillo al dedo. Le dará a Harvey el afecto que su padre biológico le ha negado, pero con discrección, dado el rudo ambiente del mundo pesquero. La relación entre ambos consigue hacerse enternecedora, y Tracy respresenta una especie de modelo de padre y persona a seguir. Paciente, maduro, protector y puro. Porque su personaje es enormemente puro, como se puede ver en los excelentes diálogos, que son todo un recital de bondad, nostalgia y amor. Y es que esta película está llena de diálogos para recordar. Sin citar ninguno, todos entre los dos personajes principales y algunos entre unos pescaderos y la competencia son sublimes, con enseñanzas, pasado enterrado, optimismo a la hora de ver la vida, etc.

El punto más fuerte de la película, aparte del excepcional guión y su progresivo avance (es que es perfecto) y de la relación entre los dos personajes, destacaría la evolución de los personajes, ejemplar. La “transformación” de Harvey de niño quejica y prepotente a un niño más crecido, valiente, honorable y capaz de rectificar ante sus malos actos se nos muestra de forma tan sincera que resulta, pues eso, una evolución ejemplar de personajes. En cierto momento, cuando el personaje de Harvey dice: “Yo quiero quedarme contigo, Manuel”, se produce un torrente de sinceridad que sobrepasa las barreras del cine para llegarnos directamente al corazón. Por eso, yo creo que a uno le es completamente imposible retener las lágrimas en el final (¿por qué tienen los guionistas que ser tan crueles?) y mantenerse al margen de algo que describe el significado de la “emotividad” en su forma más pura.
Al final nos queda una OBRA MAESTRA incontestable, perfecta en todos sus aspectos, tierna donde las haya, que rebosa emotividad y sentimientos a flor de piel con una sinceridad chocante y una carga desbordante de emotividad. Se la ha copiado mucho, y se nota porque reconozco muchos elementos en películas posteriores (e inferiores, claro), pero ninguna ha sabido captar tan bien el sentimiento de amor fraternal como lo hace ésta del 1937. Es una película que llena, permanece ahí en los recuerdos (he ahí el porqué de las obras maestras) con el cariño hacia los personajes intacto. Como único aspecto negativo (por decir algo) sería que tiene que acabar. Que la película tiene una duración establecida y que nos gustaría que durara eternamente, nos gustaría estar ahí, en alta mar, acompañando a Harvey y Manuel. Es una de esas películas que después de verla dan ganas de agarrar la carátula con todas tus fuerzas y gritar: ¡Qué grande es el cine! En efecto, esta película recoge y nos regala esa bendita sensación que es la magia del cine. Imprescindible para todo cinéfilo o cualquiera que quiera disfrutar de la citada magia. ¡Pescaditooooooooo!
Lo mejor: Prácticamente todo. Desde lo entrañable y tierno de la historia y los valores que transmite hasta la perfección con la que está trazado el guión.
Lo peor: La sensación de tristeza que deja una vez terminada la película.
NOTA GLOBAL: 10.

El hombre que pudo reinar: La película con la que pude llorar.
Hace un mes ví esta película del gran John Huston que casi me hace llorar al final. Por poco, pero no XD. Gracias al padre de una amiga, cinéfilo empedernido que colecciona clásicos (¡casi llega a 2.000!) he podido disrutar de esta joya. Sean Connery, Michael Caine y un irreconocible (ha cambiado mucho) Christopher Plummer protagonizan El hombre que pudo reinar, y John Huston (El halcón maltés, La jungla de asfalto, La reina de África, Moby Dick, La noche de la iguana, Fat city…) dirige de forma excepcional.
Basada en el libro de Rudyard Kipling, cuenta la historia de Danny Dravo y Peachy Carnehan, dos aventureros trotamundos en la India de 1880. Sobreviven gracias al contrabando de armas, de mercancías y otras dudosas actividades. Un día deciden hacer fortuna en el legendario reino de Kafiristán. Después de un duro viaje a través del Himalaya, alcanzan su meta justo a tiempo para hacer uso de su experiencia en el combate y salvar a un pueblo de sus asaltantes…


Los actores están todos perefectos, destacando a los dos inmensos protagonistas. Tiene una buena música, excelente montaje y ritmo, que no da lugar para el aburrimiento. Como película de aventuras es perfecta. Tiene acción, emoción, todos los elementos del género, y situaciones graciosísimas entre los protagonistas que hacen que te sientas identificado. Joder, cómo me gustó. La historia, sencilla en un principio, va in crescendo en emoción hasta un final perfecto, que casi me hace llorar pero que finalmente no lo consiguió. Eso no quiere decir nada, pues yo soy más de emocionarme por dentro que por fuera. Muy pocas películas han conseguido que heche la lagrimilla, y eso que me van los dramones. Habla de temas de gran calado como los sueños alcanzados, los perdidos, la ilusión por que se hagan realidad y sobre todo la amistad. Desde que la ví no he podido olvidar ninguna de sus escenas. He aquí la clave de los clásicos. Seguramente, con el paso de los años, la convierta en inolvidable, como han hecho otros. Gran película, de gran director, con grandes actores, de gran emoción… ¡Todo es grande en esta gran joya!
Lo mejor: Prácticamente todo. Los dos protagonistas, la faceta ética de la historia, una historia contada de la mejor manera posible, la fotografía, los toques de humor, la emoción que transmite…
Lo peor: Prácticamente nada. Salvo que en mi caso le falte esa pizca de algo para echar la lagrimilla.
NOTA GLOBAL: 9.5.

Enemigo mío: Amigo mío.

Enemigo mío es un entrañable film del 85 protagonizado por Dennis Quaid y Louis Gossett Jr. en el que dos seres (humano y Drac) cuyos mundos están enfrentados se ven obligados a convivir y subsistir en un planeta hostil.
Aprovechando la oferta de la Fox con DVD´s a 5.95 € decidí adquirirme este film de ciencia-ficción para toda la familia al que los años no le pesan, salvo en el apartado ténico. Y es que, en ese aspecto se nota la vigencia debido a sus (seamos sinceros) cutres efectos especiales, algo comprensible dada la época en la que se realizó. En cambio, y al contrario de los que ocurre en las superprodducciones actuales, este es un factor que puede valorarse como positivo, pues así se decantaron más por el lado humano de la historia. Por aquel entonces Wolfang Petersen era un buen director, pues se había hecho cargo de esa obra maestra que es Das Boot: El submarino y buenas películas como La historia interminable, En la línea de fuego y esta que nos ocupa. Luego realizó films más convencionales pero igualmente entretenidos como La noche de los cristales rotos, Estallido, La tormenta perfecta y la polémica Troya. Y también americanadas cerca del bodrio como Air Force One o la reciente Poseidón.
Este es uno de sus mejores films, entrañable y con claros valores tan preciados como la amistad, el amor fraternal, las raíces o la tolerancia. Con una buena banda sonora pero con flojos (más bien pésimos) efectos especiales, logra convertirse en una película muy entretenida (en algún momento te puedes reír de los cantos gallinaceos del Drac), para toda la familia, que sigue los patrones básicos y fundamentales de la ciencia-ficción y que al final la caga un poco con un final demasiado tópico.
Lo mejor: Lo entrañable de la historia, su mensaje, lo bien llevada que está y lo bien que le queda el toque de ciencia-ficción.
Lo peor: El final es demasiado hollywoodiense y rompe con el ambiente mantenido hasta entonces.
NOTA GLOBAL: 7.25.