Crumb.

Octubre 26, 2009 at 9:53 am (Críticas)

Crumb no sólo llega a la raíz de la motivación artística, a describir con convicción la necesidad de hacer algo (lo que sea) que te aparte de la mugre que te acompaña día tras día y de amar apasionadamente el viejo y polvoriento cómic encerrado al fondo del último cajón que tan puramente rinde tributo a la inocencia de Bobby Driscoll.
No sólo es un impecable retrato a fondo del artista.

Muestra lo irreversiblemente nocivo de los lazos familiares, la extraña aparición de las orientaciones sexuales menos esperadas, el peligro que supone una estancia permanente en la frivolidad de la fama, en su mundo y con sus reglas, que puede llevarse a tu genio por delante a ritmo de rayas y de mujeres que jamás se habrían fijado en tu enclenque figura de no ser por tu obra. El abatido gesto de aislarse cuando la sociedad ya te ha tirado toda la mierda que podía. La angustia de ser talentoso y ver que las estructuras que deberían darte alas sólo fomentan el más ciego servilismo. Todo esto se expresa mediante declaraciones de tres hermanos, pero sobre todo, atendiendo a un hombre del que sólo me atrevo a decir sus iniciales: C.C. Cuando Crumb acaba, sólo esperas poder escapar pronto de la sensación de frustración y abatimiento que deja el haberse acercado un poco más a nuestra incierta naturaleza.

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Muse – The Resistance.

Septiembre 16, 2009 at 7:22 pm (Críticas, Música)

En Black Holes And Revelations, Muse simulaban con arrebatos esporádicos de furia eléctrica y arreglos ávidamente insertados el éxito de álbumes anteriores, sin poder eludir la sospecha de que se trataba de mera apariencia. La efectividad del conjunto se sostenía por hilos de finísimo grosor. En The Resistance los arreglos han pasado a tener una presencia abusiva, quedando a la vista más que nunca la falta de un ideario que transmitir. Han estirado el hilo hasta cederlo.

Uprising, single estático y homogéneo pero prometedor en un modo muy similar en el que lo era Supermassive Black Hole, hace depositar unas expectativas en el resto de canciones que, de haberse cumplido, servirían para pasar por alto las flaquezas de este. Resistance levanta un poco el vuelo, pero se provee de arquetipos melódicos sin transformar ni adaptar a su estilo, limitándose a reproducirlos. Este síntoma nada por todo el álbum, especialmente en Undisclosed Desires, el tema más acomodado de todo el grupo con permiso de Starlight (y, aún así, resultón).

United States of Eurasia peca de demasiado referencial. No quiero ver a mi grupo favorito imitando a Queen de forma tan explícita y obvia. Unnatural Selection y MK Ultra, probablemente los dos mejores temas del álbum y que nos devuelven el espíritu más primigenio del grupo, tienen riffs potentes pero sin inventiva. Las tres partes de Exogenesis están francamente bien, pero no era el colofón que estábamos esperando. Si Muse quería componer una sinfonía ligeramente adulterada, habría sido más adecuado que la lanzaran en un EP, al menos se habrían evitado quejas y malentendidos posteriores. Pero querían darse un capricho y se lo han dado, con su estatus nadie iba a negárselo. 

Lo más destacable de The Resistance es que, siendo su peor disco y la prueba tangible del agotamiento creativo del grupo, todas las canciones se encuentran lejos del tan acusado exceso, sólo que a cambio se bordea peligrosamente una mediocridad antes inédita que no hace más que avivar la sensación de que han perdido un poco el rumbo. Nos queda una sincera devoción por la música clásica y el aliento de las solemnes guitarras que les dieron a conocer. El hilo todavía no se ha roto.

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Pagafantas: Las reglas de la no-atracción.

Julio 1, 2009 at 9:40 am (Críticas, Próximos estrenos)

El pasado lunes asistí al pase de prensa de Pagafantas a las 10:00 de la mañana en los Cines Capitol de Bilbao. Debe ser difícil encarar un largo cuando todo el mundo recuerda tu laureado y aclamado corto Éramos pocos, y va al cine con su título pegado en la frente, esperando si no una versión larga de aquel, sí algo muy similar. Pues no. Pagafantas, el debut de Borja Cobeaga en la dirección de largometrajes, es otra cosa. Aprendamos de una vez a valorar cada cosa por lo que es.

Pagafantas está ambientada en mi ciudad, Bilbao, y no negaré que eso hace que gane varios puntos muy subjetivos, pero con la cantidad de alegrías y reconfortantes sorpresas que me deparó la película, esto acabó siendo casi lo de menos. Empecemos por el principio. La película comienza con lo que parece el extracto de un documental, explicando lo que es “hacer una cobra”. Esta será la primera de un glosario de reglas de la no-atracción, o de la des-atracción, y su importancia será vital en cada paso del protagonista, llegando a convertirse en el centro de su existencia. Y todo por una cándida mujercita (encantadora Sabrina Garciarena) de atractivo acento argentino y loable figura que arrastra al protagonista a un tormento interior y exterior desquiciante tanto para él como para los que le rodean. Y ella ni cuenta que se da.

Lo que diferencia a Pagafantas de otras es la naturalidad y frescura que se consigue transmitir en cada escena. Y esa frescura proviene de los diálogos. Me parece realmente increíble que no se regodeen para nada en lo escatológico, siendo esta la tónica imperante en las comedias patrias. Aportan siempre algún dato de interés sobre el carácter de los personajes, abundan los dobles sentidos e incluso resultan insólitamente crueles en más de una ocasión (“eso no cambia NUNCA”, sentencia la madre). Lo que viene llamándose un diálogo inteligente, vamos.

Además, la realización es algo más que cumplidora. Planos muy escogidos, dinámicos juegos visuales en las elipsis y un dominio del ritmo sorprendente, sobre todo para tratarse de un debut: no se puede decir que haya una sóla escena demasiado larga, ni otra demasiado corta. Pagafantas es una película prácticamente perfecta (aunque odio esta palabra) para sus ¿escasas? pretensiones. Y pongo “escasas” entre signos de interrogación porque plasmar las inquietudes de toda una generación de Pagafantas y mantener al espectador durante hora y media riendo sin que tenga que preocuparse por su salud mental, no es, en absoluto, moco de pavo.

Pagafantas se estrenará con 230 copias en España, algo casi inaudito echando un vistazo al resto del panorama español en cuanto a distribución. Espero que eso ayude y se coloque entre los primeros puestos de taquilla (en el primero a poder ser). Porque, esta rara avis dentro de la comedia española, se lo merece.

Después de la proyección del film, Borja Cobeaga y parte del equipo hicieron una rueda de prensa en la sala, en la que tuve ocasión de hacerle una pregunta (contiene un posible SPOILER):

- Teniendo en cuenta el placer (o dolor, puntualizó Cobeaga) que produce ver en la pantalla tantas cosas con las que identificarse, ¿no crees que el protagonista merecía algo mejor al final de la película, aunque fuera como bálsamo contra la cruda realidad?

Cobeaga me contestó con un rotundo “no”. Por un lado, me dijo que yo, como fan de Lost (llevaba una camiseta de Dharma), debería saber que el ofrecer un final concluyente carecía de importancia si el recorrido había valido la pena, y en este caso un final feliz iba en contra del espíritu de la obra. Me dijo que le interesaba, sobre todo, la humillación constante del protagonista, y había que ser consecuente con eso. No habría soportado ver a Claudia soltar un falso: “te quiero, Chema, de verdad“. Además, así quedaba la posibilidad de una segunda parte aún más alocada. En resumen, todo el equipo muy majo y dispuesto durante la rueda de prensa, la verdad es que fue un placer estar ahí y…   Que vayais a verla, coño.

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Fant 09: Día 5.

Mayo 11, 2009 at 3:55 pm (Críticas, Festivales)

Sábado a las 20:00, sesión de clausura. La entrega de premios fue algo chapucera y desorganizada, mucho bla, bla, bla, pero supongo que es difícil que todo salga a la perfección en directo. Lo mejor, el mensaje que mandó Henrik Ruben Ganz, director de la que ha sido la película ganadora del Fant este año (merecidamente), Terribly Happy. Decía que se le había estropeado el coche, pero que le llamaron por teléfono para darle la noticia de que había ganado el festival y esto transformó un día malísimo en uno genial.

Tras la entrega de premios, llegó la Nontzefilmak gaua, que básicamente era una proyección de los cortos premiados. He de decir que me llevé una gran decepción con la mayoría de ellos. Mucho videoclip psicodélico, mucho colorín, pero escaso talento. Tal era el caso del premiado, The story of struggle against the worms Hazard de Nikolay Belov,700 cultures de Osvaldo Cibils, una tomadura de pelo tan enorme que no me creo que alguien lo aplaudiera. A otros como Cabezón de Jaume Lalima, le quitas la anécdota de que el protagonista lleve puesto un enorme cabezón encima y te queda un corto normalucho y sin ningún interés (eso sí, moló cuando el protagonista salió con él puesto a recoger el premio).

Zen el conejo - Feliz San Valentín de Antonio Jesús Rodríguez Cuenca, Ta, Ta, Ta, Taaa de Marcos Carrasco (que se le da bastante bien esto de la propaganda) y Bubblegum de Andrés Arévalo, son los típicos cortos extra-cortos que no llegan ni a chiste malo. Bueno, Bubblegum tal vez sí. La verdad es que me cansan este tipo de cortos, que además se creen la hostia de ingeniosos. Proyecto Gen P63 de Ciru Izurrategi, The Butcher and the wolf de Diego Mauricio Alvarez, La mitad del amor de Pablo Polledri y Mandarinas de Mikel Usoz tienen su gracia, pero no pasan de la mera curiosidad, y Frontiers de Hermes Mangaliardo, sobre un niño blanco y una niña negra que harán lo que sea para romper el muro que les separa, es bonito.

Los mejores (con diferencia) me han parecido ¡Cómo está el mundo, Fermín! de Jorge Vallejo, original y cínico, que por otra parte ya fue premiado en el Notodofilmfest, Duelo por Nina de Pablo Merala Roque, tan sumamente cutre que te descojonas, y El mueble de las fotos de Giovanni Maccelli, que con escasísimos medios logra un buen retrato costumbrista.

Tras un breve descanso, emitieron la película sorpresa de la noche. La elegida fue Idiots and Angels de Bill Plympton, una sorpresa en todos los sentidos. Al principio me mostré un poco escéptico, la animación era curiosa pero le vi formato de corto, como si no fuera capaz de mantener el tipo durante una hora más. No hay diálogos. De vez en cuando los personajes emiten susurros, pero nada inteligible. Poco a poco la película me fue encandilando. Imprevisible y de una imaginación desbordante, con toques de humor negrísimos y crueles junto a otros tiernos y entrañables, un dibujo que se alza como medio para transmitir sensaciones, una mirada comprensiva hacia aquel que reniega de su condición, pero apelando al viaje de redención, y una banda sonora de órdago (en la que aparecen nombres como la cantante soprano Nicole Renaud, Moby o Tom Waits). Eso sí, vulgarmente podría decirse que es “rarísima”, así que si vais buscando algo más convencional o infantil, mirad hacia otro lado. Bueno, creo que ha quedado claro que es una película mucho más propicia para ser vista que comentada. He resaltado sus cualidades de pasada, pero recomiendo ver la película para comprobar lo meritorias que son todas y cada una de ellas, sobre todo si uno va con el factor sorpresa intacto, como fue mi caso.

Para terminar, agradecer la ayuda a mi buen amigo Freddyvoorhees (que antaño tenía este estupendo blog y ahora podemos verle por aquí), porque gracias a él (y a L&V Comunicación) conseguí el abono para asistir a todos los pases del festival, y la verdad es que ha sido una semana tremenda, agotadora pero tremenda.

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Fant 09: Día 4.

Mayo 9, 2009 at 5:30 pm (Críticas, Festivales)

Era el turno de Sleep Dealer, de Alex Rivera, a las 17:30 en los cines Capitol. No había visto nunca una película de ciencia-ficción mexicana, aunque el temor de lo que podría encontrarme no duró mucho. Hay mucho cariño hacia los personajes, mucho esmero en retratar los sueños de estos como algo mínimamente posible, en medio de un mundo podrido. El tono de la película es algo ingenuo, evitando la truculencia a la que fácilmente podría haber acudido. Pierde un poco el norte cuando el director occidentaliza la visión de su distopía, renegando de la propia y creyendo (equivocádamente) que no será lo suficientemente interesante. Y es que en esta película hay un buen puñado de ideas jugosas que no se llegan a explotar. Por ejemplo, el modo en el que hacen trabajar a los inmigrantes, que refleja perfectamente la alienación a la que conduce, con consecuencias como la ceguera que vemos en cierta escena (no quiero revelar más). 

Después llega el “esto no puede ser el final ya…”. Uno se queda con ganas de ver una lucha contra las altas esferas, a mayor escala. Sin embargo, Rivera se conforma con un final de mensaje ecologista, humilde y complaciente, que no ensucia lo visto hasta el momento pero sí limita las posibilidades de una cinta con mayor potencial. Aún así, se hace cortísima, y eso sólo puede ser una buena señal. Además, Leonor Varela es una preciosidad.

A las 19:45, Paco Plaza se pasó a presentar Cuento de navidad, pero no hubo mini-rueda de prensa al final de los créditos como con Aparecidos. Sobre la película, ya hablé aquí. Mi opinión es la misma que entonces, aunque no esté muy orgulloso del modo en el que la expuse.

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Fant 09: Día 3.

Mayo 8, 2009 at 7:25 am (Críticas, Festivales)

Ayer no acudí a la sesión Grindhouse. Cierto es que Cronos, de Guillermo Del Toro, me interesaba bastante, pero prefería ver algo de la sección oficial, en un cine como Dios manda y con butacas de verdad. A las 17:30, antes de la película de estreno, emitieron La momia, de Terence Fisher. Es una película correctísima, de narrativa clásica (tal vez demasiado encorsetada en ella), con un convincente Peter Cushing y varios apuntes interesantes e informativos sobre la cultura egipcia. Pero lo que se supone el punto fuerte, la momia… En su época pudo impresionar, pero hoy día los movimientos robóticos, estridentes gruñidos y torpe andar de una momia salida del lodo, causan el efecto contrario al deseado. Su presencia no impone ni intimida en absoluto, y entre que Kharis no es más que una marioneta y los objetivos de su dueño son tan banales… Aún así, es una película que me ha gustado, porque está bien hecha, Cushing convence, la trama interesa aunque el guión promete bastante más de lo que acaba ofreciendo, y difícilmente se le podrán achacar excesos o impertinencias (ya digo, tal vez sea demasiado recatada).

A la salida del film, intenté sonsacar a Haritz Zubilaga, miembro del jurado, a ver si tenían alguna preferencia en base a lo que habían visto, pero me dijo que era “top secret”. No le pregunté sobre su largometraje porque entonces ya habría huido a lo correcaminos, o me habría empotrado un puño en la cara, o algo.

A las 19:45 empezaba la danesa Terribly Happy, de Henrik Ruben Genz, y el tío que estaba sentado a mi lado se interesaba por la revista Mondo Sonoro que llevaba en las manos. Mucho se había comparado la película con los hermanos Coen, y en efecto guarda varias similitudes (las miradas furtivas de los hogareños hacia el extraño, el absurdo como generador de tragedias, un prólogo análogo al de No es país para viejos), pero la importancia de estas va decreciendo conforme avanza la película y va adoptando una personalidad propia, con algunos estereotipos del cine negro, sí (chica misteriosa de la que nunca llegamos a saber si es una zorra o una santa (una femme fatale en toda regla, vamos); el novio dominante, bruto y tocapelotas del protagonista), pero coge la premisa de pueblo pintoresco en el que nada parece ocurrir pero mil habas se cuecen, y lo adapta a la idiosincrasia de Skarrild. Jugadores de cartas, niñas paseando a peluches por la noche, las cañas como un juego de honor similar a la esgrima y barro en el que, si te descuidas un sólo segundo, acabarás hundido. Elementos distintivos que, sin duda, difuminan posibles resquicios de plagio, préstamo de estilos o abuso de influencias. Además, la película me dejó de tan buen humor que regalé la Mondo Sonoro al tío que estaba sentado a mi lado.

Esta vez no hubo mini-rueda de prensa con el director, pero la calidad de las películas lo compensaba, completando otra tarde festivalera muy satisfactoria (que después llegara molido y con agujetas a casa ya es otra cosa).

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Fant 09: Día 2.

Mayo 7, 2009 at 2:34 pm (Críticas, Festivales)

La sesión Fant de ayer empezaba, otra vez y por desgracia, en San Francisco, a las 17:00. Era mi primera película de Dario Argento, así que no sabía muy bien qué esperarme de Phenomena. La película comienza con una escena de asesinato brutal, en la que se empieza a percibir la atención al detalle que pone Argento en lo visual. Me gustaría extenderme mucho más, y seguramente lo haga en el futuro, pero ahora mismo no me queda otra que comentarla muy por encima. Una atmósfera cojonuda que me ha atrapado en todo momento, la angelical presencia de una Jennifer Connelly jovencísima que hace que te preocupes por cada paso que da, detalles molones como el de la mosca rastreadora, la idea de poder atrapar a un asesino por los insectos que pululan por su cadáver, ¡ese chimpancé!… Ah, y la BSO me encanta.

Después de la película llegó el turno de Scifiworld, una serie de cortos orientados a lo fantástico (obviamente). El primero fue uno de animación (no he encontrado el título) que explotaba los tópicos de las pelis de animalejos actuales. Nada que no pudiera aparecer en una escena eliminada de Madagascar 2. El segundo, El círculo Goligher de Jaime Herrero, es cosa fina. Para lograr esa fascinación por el misterio (con la que comulgo), se ha recurrido muy acertadamente a lo ancestral; y esto es, cinematográficamente hablando, el cine mudo. El corto tiene una dimensión que sólo el cine mudo podía concederle, donde el misterio vaga mucho más libre y puro que si estuviera ambientado en una época más reciente. Es curioso, la lejanía histórica hace al misterio más cercano, menos amorfo, más poderoso. Creo que fui el único que aplaudí en toda la sala, pero me la suda, porque el corto me sorprendió de verdad.

Después de esto tuve que marcharme, casi corriendo, a ver Aparecidos de Paco Cabezas en el Capitol, a las 19:45. Antes de proyectar la peli, director y actores principales se pasaron a decirnos unas palabras. Cabezas comentó una anécdota acerca de una escena, en la que se ve lo que parece una escena de La matanza de Texas, pero en realidad él hacía de Leatherface y la chica despelotada era su prima. El tío era un crack, y me habría encantado que Aparecidos me hubiera encantado (toma ya)… A la peli le reconozco aciertos tales como un aspecto técnico muy pulido, buenos momentos de tensión y una entregada Ruth Díaz, pero intentar que terror, drama y crítica social confluyan en una misma obra sin estridencia ninguna me parece demasiado ambicioso para un primer largo, pero lo ha intentado y se agradece el esfuerzo. En esa escena de La matanza de Texas que comentaba Paco se critican ciertos tópicos del cine de terror, pero luego son sustituidos por otros, los “te quiero” entre hermanos me resultan “de plástico”, artificiales, porque hasta el momento estabas viendo algo de carácter más crudo. En fin, no me apasionó pero sí que me entretuvo en todo momento y tiene algunas escenas muy conseguidas.

Tras los créditos, Paco Cabezas y los dos protagonistas se pasaron otra vez a saludar. La mayoría de gente se había largado ya, por lo que había un ambiente cercano y agradable. Tuve la ocasión de lanzarle una pregunta a Paco: “¿Os jode que no os hayan tenido en cuenta en los Goya?”. Sí, lo siento, no se me ocurrió nada más ingenioso. Él me contestó que más bien no, que no habían hecho la peli pensando expresamente en eso y que ya se lo esperaban. Pero dijo que algo sí que le había molestado la no-mención a Ruth, ya que para él (y estoy de acuerdo) hace un trabajo estupendo. Me hizo mucha ilusión poder hacerle esa pregunta, y que el contestara derrochando tanto buen rollo.

Y con esto os dejo, otra tarde fantástica en el Fant me espera.

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Fant 09: Día 1.

Mayo 5, 2009 at 9:24 pm (Críticas, Festivales)

A lo largo de esta semana iré publicando una serie de posts sobre mis impresiones de la decimoquinta edición del Fant (Festival de Cine Fantástico de Bilbao). El programa es bastante apetitoso y las películas se emiten en dos sitios diferentes, por lo que me ha resultado difícil escoger qué ver y qué no, pero creo que ya lo tengo más o menos claro.

Ayer en los Cines Capitol, Absurdistán de Veit Helmer inauguró el festival en una proyección a la que no pude asistir. Hoy también se emitía (en euskera), pero he preferido ir a la sesión Grindhouse de San Francisco (¿no se podría haber hecho en otro sitio? Qué barrio más desagradable, por eufemizar), en la que han proyectado La noche de los muertos vivientes y El día de los muertos vivientes, de George A. Romero (en rigurosa v.o.s.). Como pequeña queja, decir que no me ha gustado mucho que las butacas sean sillas normales y corrientes, no favorece a la comodidad que se ha de tener (o que yo necesito) para meterme en lo que se está proyectando, aunque pasado un tiempo te olvidas…

No sé si estaré blasfemando con esto, pero prefiero ampliamente Zombi a La noche de los muertos vivientes (en la que sólo me inquieta la primera escena en el cementerio), y este segundo visionado no ha hecho que me retracte. La sorpresa ha venido de la mano de El día de los muertos vivientes. La película toma algunas decisiones arriesgadas como poner de cabeza de reparto a una mujer de carácter fuerte, cuando en las anteriores era poco más que un florero. También se indaga más en las relaciones entre los personajes y se han pulido aspectos técnicos (seguramente por aumento presupuestario). Esto último no me agrada mucho, la verdad. El encanto que veo sobretodo en Zombi radica en la exposición de una amenaza tangible, cutre en las formas si se quiere, pero realista. Esta es más hollywoodiense en el peor sentido de la palabra. Te crees que hay una epidemia zombi porque te dicen que está ahí, que ha pasado, pero no la notas en los pequeños detalles. Aparte de eso, veo en Zombi un mayor estudio de los escenarios y de cómo pueden afectar estos a las situaciones en las que más tarde se desenvolverán los protagonistas. Particularmente, no he olvidado esas idas y venidas con el carro por el centro comercial, sorteando zombis y haciendo muecas a través del cristal una vez cerrada la puerta. En El día de los muertos da igual si se combate en unas alcantarillas, en unas minas o en una base militar, es mero trámite. También podría decirse que es la más pretenciosa de las entregas, por el eso del zombie-experimento. A mí, sin embargo, ha sido de lo que más me ha gustado. En resumen, una sesión doble muy agradable. Por supuesto, alérgicos a las vísceras, huid. 

Me fastidia bastante no poder ir a la charla que dará Paco Plaza el viernes a las 11:00 sobre “La falta de recursos como estímulo creativo”, pero tengo clase y no es plan de hacer pira (tampoco es que fuera la primera vez que lo hiciera, pero toda la mañana me parece excesivo). Con todo, mañana volveré a informar sobre las películas vistas.

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Watchmen: Zack Snyder y sus miedos.

Marzo 21, 2009 at 8:22 pm (Críticas)

Voy a intentar obviar las chorradas a las que se recurren a la hora de hablar de adaptaciones de cómics. Watchmen, la película, ha encantado/gustado/horrorizado en la misma medida a fans y a gente ajena al cómic. Cada uno tiene un concepto diferente de lo que debe ser una buena adaptación, y es difícil llegar a un acuerdo, tal vez por la naturaleza rebelde de la película de Zack Snyder. Y es que Watchmen es una película indecisa, no sublima nunca un objetivo por encima de otro, y acierta y falla en los mismos lugares.

La presentación de personajes es generosa para quien no haya leído el cómic (tal vez demasiado), pero luego encontramos detalles que no se explican (el origen de Bubastis, el por qué de la máscara de Rorschach…). Es decir, atienden al público ajeno al cómic para luego ignorarlo. A su vez, se hacen concesiones al mainstream para luego huir de él. Podemos encontrar contradicciones así repartidas por toda la película. Todas ellas nos alejan más de saber si Watchmen es buena (como adaptación y como película). ¿Cómo podemos hablar de eso cuando el propio director no tiene claro si quiere hacer una buena adaptación o una buena película? Sin embargo, es en las pequeñas licencias que se toma Snyder donde encontramos destellos de cine auténtico: la puerta que va y viene en el baño de la cárcel mientras avistamos la cara de horror del enano ante una muerte segura, los títulos de crédito iniciales, el aumento de intensidad en el final de cierto personaje (en el cómic resulta muy repentino), añadiendo otro a escena que da importancia a su pérdida. Para mí, todo esto es mucho más apreciable que la vocación de literalidad cuasi-absoluta del resto del metraje, que sin embargo funciona bastante bien en la primera hora.

En una escena del cómic, después del rescate y estando en casa de Dan, Laurie se topa con un frasco que le regaló Jon y desea que vuelva. Acto seguido este aparece. En la película apenas han salido de la nave cuando el Dr. Manhattan hace acto de presencia. Esta es una señal de la prisa con la que se sucederán todos los hechos posteriores, dejando a un lado el relativo equilibrio que había alumbrado el metraje hasta entonces.

Hay una opinión generalizada de que Matthew Goode no está a la altura de Ozymandias, pero yo no creo que el problema sea del actor. Se revelan datos sobre su admiración a Alejandro Magno en un momento inapropiado, como si fuera un diálogo trivial más, y lo mismo en otra escena con sus siervos. Uno ya se ha olvidado de eso para el final, que es cuando llega su momento. Lo que refuerza el tramo final del cómic es el detenimiento y mesura con el que se muestra la  ideología de Ozymandias, haciendo que asimilemos cada concepto y lo integremos en su personalidad. Ahora bien, lo que en el cómic era detenimiento en la película es esquematismo, de modo que cuando quieren poner una idea aleatoria en voz de Ozymandias, esta pierde su valor, ya no refleja el todo de su ideología, es sólo palabrería y se queda en nada.

Algo muy parecido sucede con el Dr. Manhattan, salvo que con este emplean más tiempo indagando en su pasado. Aún así, el episodio en Marte no consigue fascinar. De nuevo, las prisas. El poner algunas ideas en boca de los personajes, olvidándose de otras, y olvidándose de que esas otras pueden ser las que den sentido y hondura a las primeras. Todo esto es comprensible teniendo en cuenta la duración de la película, pero no justificable. No podemos ser condescendientes sólo por la dificultad que implica llevar a buen puerto una adaptación como esta. Lo que no funciona no funciona, y punto.

Otra cosa, la violencia. Hay una escena que está fuera de lugar, excesiva a todas luces. Me refiero a esa en la que Laurie y Dan pelean por primera vez en un callejón. Podemos ver navajas en el cuello, un brazo partiéndose a cámara lenta… Por otro lado, tenemos la escena del primer caso de Rorschach, que también acaba con violencia explícita. ¿Cuál es la diferencia entre estas dos escenas? En la primera la violencia no es más que un capricho del director, algo gratuito que no afecta a la trama, mientras que en la segunda la violencia tiene un fin, ayuda a reflejar la deshumanización a la que Rorschach se ve abocado por crímenes aún más inhumanos. Luego tenemos escenas como la de Laurie y Dan peleando en la cárcel, que revelan la evidencia de que Snyder no ha sabido huir de sus tics, tal vez estilizados, pero fuera de contexto y enfrentados al mensaje que supuestamente quiere dar.

Me imagino a Snyder en un salón, rodeado de las piezas que conformarán su película. Con el sudor frío en la frente, desesperado, murmurando “esta y esta tienen que estar”, “de esta otra puedo prescindir”. Como el formato no le permite incluir todas las piezas, elige. Con algunas acierta, con otras no. Se aleja para ver el resultado. ¿Qué le ha quedado? Un collage atropellado y chapucero, pero en el que quedan trozos aprovechables. Entre ideas, personajes, principios estéticos y escenas que se cruzan y contrastan por su diversa eficacia, podemos ver algo de la intención deconstructiva de Alan Moore, de la nostalgia que sienten los personajes, de la decadencia de la sociedad y del ser humano en general, y esto nos lleva a pensar que el esfuerzo de Snyder tal vez no haya sido en vano. Tal vez haya merecido la pena.

Un último apunte. El corto Relatos del Navío Negro, que cuenta la historia del atormentado náufrago eliminada del montaje internacional, sintetiza mucho mejor el contenido de la obra original en tan sólo 25 minutos. También reconozco que es más fácil, ya que sólo hay un punto de vista; el del pirata, y no muchos enfrentados como en Watchmen. Podeis descargarlo aquí.

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El curioso caso de Benjamin Button: Fincher, que no te cieguen los Oscar.

Febrero 18, 2009 at 7:10 pm (Críticas)

Empiezo a descartar las altas expectativas como razón de que El curioso caso de Benjamin Button no me haya apasionado, emocionado ni conmovido. En mi última crítica comentaba que tenía miedo de que Sam Mendes la pifiara. Bien, pues me equivocaba de hombre. La nueva película de David Fincher es de un apartado técnico apabullante, una fotografía y banda sonora de ensueño… Nata montada y chocolatinas que gustan mientras se saborean, pero que su latente fugacidad va esparciendo sobre la nada. La película está bien narrada, pero se limita a eso. ¿Es suficiente? Para llegar a ser una obra maestra, yo creo que no. No veo bajones de ritmo, ni largos espacios de tiempo sin acción que inciten al aburrimiento, sencillamente percibo una ausencia casi total de la maestría de Fincher a la hora de impactar valiéndose de recursos exiguos. Tal vez en esta ocasión se tratara de otra cosa, pero no ha sabido trasladar su personalidad y pulso a otros géneros, quedando algo que podría rodar cualquier director con un mínimo de pericia visual.

Aún así, veo bastantes cosas buenas en Benjamin Button. Para empezar, unos secundarios con mucho encanto. Desde el reservado personaje de Tilda Swinton (cada día pienso que es mejor actriz) hasta Jared Harris, el tío de los tatuajes (la charla que le da a Benjamin en el burdel es de lo mejor de la película); pasando por Taraji P. Henson, la dicharachera madre adoptiva de Benjamin. Luego hay otros tantos, demasiados, que no pintan gran cosa (la descripción de todos los miembros de la tripulación, cuando luego no tienen relevancia alguna en la trama…) y son pura paja. Las interpretaciones de Brad Pitt y Cate Blanchett no pasan de correctas, y sus respectivos papeles no figuran, ni mucho menos, entre lo mejor de su carrera. En el caso de Pitt es algo más comprensible, porque queda patente que su personaje se va definiendo en los encuentros y charlas con otros, cogiendo un poco de aquí y de allá.

Personajes aparte, hay detalles sueltos muy buenos. Concretamente, hay una escena (sólo una, por desgracia), que emana poesía pura. Aquella en la que se inaugura el reloj con las agujas girando en sentido contrario, y se pasa a una escena en el campo de batalla, con los cuerpos abatidos volviéndose a levantar y las bombas concediendo una última oportunidad a los soldados. Otra que me gusta mucho es esa en la que se habla del inmenso poder de la casualidad y su omnipresencia en nuestras vidas, cuando un personaje está a punto de ser atropellado. No es nada nuevo, y no casa muy bien con el tono del resto del film, pero me encanta la forma en la que está rodada. Como ya digo, son detalles aislados que no ayudan a que el conjunto resulte convincente; de ahí a valorarlos tanto por separado.

¿Pero cuál es, entonces, el gran lastre de El curioso caso de Benjamin Button? Yo lo tengo claro: la voz en off. Una voz en off que se empeña en simplificar el significado de cada escena, cuando estas tienen potencial de generar más matices por sí solas. Ejerce un poder restrictivo para con la imagen que odio. Cada vez que me disponía a reflexionar sobre lo que estaba viendo, aparecía la voz en off y me decía cómo debía interpretarlo. Limita y aprisiona el poder seductor y sugestivo de la imagen, y no lo libera de sus ataduras durante todo el metraje. No menos molesto resulta lo descarado de las intenciones lacrimógenas en la historia de la época actual (en la que al menos contamos con una convincente Julia Ormond), que hacen dudar de quién está detrás de una película tan premeditadamente oscarizable.

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