Sobre reyertas silenciadas y dislates críticos.
Reproduzco íntegra una pequeña disputa que tuve con Alberto Abuín, responsable de una página de cine bastante conocida, hace ya algún tiempo:
Cinematic:
Te lo escribo aquí porque en el post en cuestión no me deja: He intentado morderme la lengua pero no puedo. Tu crítica de “Margot y la boda” me parece nefasta. No ya porque cortes todas con el mismo patrón y venga con las incongruencias gramaticales “de fábrica”, sino porque denota en tí una incapacidad empática enorme. Son muchos los que han puesto por los suelos a esta película, pero al menos han sabido justificarse mejor. Tú básicamente te limitas a echar bilis sin fundamento, que si “aureola trascendental” por aquí o “exagerada confusión” por allá. Expresiones “de comodín” y vacías que no hacen más que anular la personalidad de tu texto. Lo de “desajustadas interpretaciones” ya es de traca, creo que ni tú sabias lo que significa (otra cosa es lo que querrías haber dicho).
Pero lo peor es esto: “John Turturro hace un cameo, lo que debería hacer siempre”. Decir esto de un actor que lleva años y años demostrando lo camaleónico que es (y la amplia gama de papeles que es capaz de afrontar) y quedarse tan ancho me parece directamente una falta de respeto al lector. Eso por no decir que su breve aparición sirve para darnos muchas pistas acerca del personaje de Kidman.
También lamento que no hayas entendido el epílogo, pues está lleno de sentimiento. Y de ilógico tiene lo que tú de crítico esmerado; es decir, 0. Creo que si en un visionado no se ha desarrollado la capacidad suficiente para enfrentarse a una obra, es mejor dejarlo.
Y decir que aunque no lo parezca, esto va sin acritud. Dentro de poco (espero) publicaré una crítica sobre “Margot y la boda”. Te invito a que te pases y eches pestes de ella si te place.
Saludos.
Alberto Abuín:
Pues para ir sin acritud, te has despachado a gusto, Cinematic. Bueno, aunque éste no sea el post para comentarlo, no pasa nada.
Ya ni recuerdo mi crítica de ‘Margot y la boda’ (película que me sigue pareciendo un bodrio), pertenece al grupo de mis peores textos, que son aproximadamente el 99% por ciento de lo que he escrito aquí. Pero eso es lo de menos.
Ni me interesa discutir sobre esta película (hacerlo sobre ‘Tarántula’ estaría mucho mejor), ni me apetece visitar tu blog. Visito muy, muy pocos blogs personales.
Saludos.
¿Por qué ahora? Primero, esto no es el log de ningún chat. Me enteré hace poco de que el responsable había decidido borrar los comentarios de la página, ignoro si por inconfesa vergüenza o por ver amenazada su reputación (juas). Hice el comentario en una crítica de Tarántula de Jack Arnold porque el post de Margot y la boda no admitía comentarios. Podría ser que me los hubiese borrado por no estar en el post corresponiente, pero no cuela porque le avisé y él mismo me dijo que daba igual.
Segundo, y más importante, porque si entráis en la página podéis encontrar un dúo de críticas sobre The Box a cada cual más fatua y vergonzosa (y nada tiene que ver el hecho de que la película les haya gustado o no), a las que aplico todas y cada una de las palabras que dediqué a Abuín en ese comentario. Aparentemente escritas por gente que no ve más de 4 películas al año (las 4 blockbusters), muestran una escalofriante y ortodoxa visión del cine, de lo que debe ser y esta película no es. En un caso resulta particularmente punible que, al final de la crítica, se reconozca no haber entendido nada de la película; ¿con qué intención se han escrito entonces los párrafos anteriores?. En el otro, una epatante insensibilidad para con la rama del arte sobre la que se escribe, la mera expulsión de exabruptos ofuscados, sumando que ni siquiera se digne a dar ejemplos para sus categóricas afirmaciones, lo cual imposibilita toda opción de debate. En ambas se deja entrever la creencia de que el cine está hecho para complacer y no para sorprender. Que ha de regirse por unos patrones que den clichés vestidos de argumentos a los que agarrarse a la hora de comentarlo, para así tenerlo todo controlado (¿¡!?). Y si no es que te están tomando el pelo. No hay más.
Putrefacción en las butacas.

Este texto debía ser la crítica de The Box. Pero al ir a verla ha ocurrido algo que me ha impedido por completo hacerla. The Box era la película que más esperaba este año, era la primera película que iba a ver en pantalla grande de uno de mis directores actuales favoritos, estaba ilusionadísimo y atacado de los nervios a la vez. Este debía ser un día muy especial, y vaya si lo ha sido, pero en un modo muy diferente a lo que esperaba.
La sala estaba llena. Niños, mayores, pero generalmente críos aneuronales, y eso no lo limito a las personas de corta edad. A los dos minutos empezaron los comentarios: “aprieta el botón, coño”, “menuda rallada”. Nada que no me esperara, en realidad. Pero si ya estaban así en el principio, cuando todo era más o menos “normal”, no me quería imaginar las reacciones que soltarían más adelante. No había forma de meterse en la película, y el espectáculo era cada vez más y más bochornoso. Algunos empezaron a hacer ruidos y a agitar paquetes del modo más estruendoso posible. Cuando aparecía Frank Langella en la pantalla se oía un ”lámele la cara” acompañado de risotadas que no cesaban. Aguanté el suplicio durante casi 1 hora. Salí del cine y antes de cruzar la puerta, sin poder reprimirme, grité a la gente: “esto es vergonzoso”.
Al salir pedí en taquilla una hoja de reclamación. Ya sé que el cine no es responsable la que gente que va y que poco o nada se puede conseguir, pero quería al menos sugerir que cuando una situación así se diera, algún acomodador o empleado del lugar interviniera, porque aquello se había salido de madre. De nada servía intentar hacer oídos sordos o llamarles la atención en un tono cada vez más arisco. Cuando en Misión imposible 3 había dos o tres quinquis dando la brasa, bastó un grito para que no volvieran a abrir la boca en toda la película. Aquí era todo el cine. Todo.
Tampoco es justo culpar sólo a la gente de semejante bochorno. No sé a quién se le ocurrió la genial idea de proyectar una película como esta en el cine palomitero por excelencia de la ciudad, donde la gente va porque quiere estar bien cerca de su novia durante el susto de turno, que las explosiones y tiros les quemen los oídos o simplemente ”a ver que echan hoy”. En cualquier caso, estas decisiones derrumban el disfrute de muchos, pero claro, “y eso a quién le importa”.
Supongo que para los que sólo vayan al cine a entretenerse, esto no será más que levemente fastidioso, se descargarán los estrenos que quieran en una calidad insultante y se ahorrarán las chorradas del populacho. Pero cuando vas porque lo amas (tres cojones me importa lo cursi que suene esto), es una putada muy gorda y te joden muy pero que muy bien, porque tú seguirás yendo a disfrutarlo como se merece, y seguirás encontrándote con cosas como esta. Por mi parte, no sé si volver la semana que viene y terminar de verla. El precio de la entrada no me preocupa en absoluto, pero lo que tal vez debería hacer es preguntar en taquilla si ha entrado mucha o poca gente a la sala, con esperanzas de poder verla tranquilo. Porque, ¿dónde coño vivo que el pedir ver una peli tranquilo sea pedir mucho, demasiado?
Sólo hay algo que me consuela. Por lo que he podido ver, estoy bastante seguro de que The Box va a tener un éxito de taquilla considerable en España. La gente podrá echar cuantas pestes quiera al salir de la sala, pero lo quieran o no, han pagado la entrada. Y eso es lo único que necesita Richard Kelly para seguir haciendo cine.
Porque todo esto va sobre el cine… ¿O sobre pisotearlo?
2007, un año de descubrimientos.
Ayer empezó un año nuevo. La mayoría tendrán muchos propósitos que cumplir. Yo no. Como siempre, tengo la vista puesta atrás o en el futuro (nunca en el presente, algo que tengo que enmendar), y he decidido hacer una pequeña lista. La adolescencia es una época de descubrimientos, una época en la que la chispa de la curiosidad se enciende y las hormonas se inquietan cada vez más. Algunos descubrimientos trastocan nuestro modo de vida, o más bien, nos hacen ver más allá de la burbuja en la que vivimos. Nos crean confusión y fascinación, no podemos dejar de pensar en ellos y sentimos que un mundo enorme del que no estamos preparados destruye nuestra burbuja. Dicho de otra forma, son descubrimientos necesarios, que ayudan a madurar, a explorar ciertas cosas cuya existencia ignorabas, y que enriquecen el intelecto.
No todos aprecian esos descubrimientos y siguen viviendo en su burbuja de ignorancia. Desgraciadamente, son muchos. Ya sea porque se sienten demasiado débiles o se ven presionados por sus iguales, sacrifican su curiosidad y lo que ésta podía depararles en pos de las marcas de ropa, porros con los que se marean o el bumping. No les es fácil decir si les gusta o no, porque han sucumbido al cánon, a lo que les echan. No saben ver más allá porque para ellos no hay nada más allá, no tienen criterio y gustan de acomplejar a los que sí. Si tengo un propósito este año, o más bien un (ingenuo) deseo, es que los adolescentes se dejen llevar por esa curiosidad y les lleve a lugares que jamás habrían imaginado. Estos son 5 de mis descubrimientos más importantes del año pasado:

1. Bruce Springsteen. Un día me pasaron “Radio Nowhere” por el messenger. Me sonaba el nombre de su artista. No paré de poner la canción una y otra vez, y empezé a indagar por la red. Desde entonces no he parado de pensar, cantar, brincar y llorar con sus canciones, videoclips, letras y directos. Es un poco engorro el copiar las letras de las canciones a un traductor y que a veces te salgan sin sentidos, pero en su caso sentía la necesidad de hacerlo. A pesar de que ha ido alternando diferentes estilos a lo largo de su carrera, su espíritu ha estado siempre ahí y no exageraría al decir que si hay un tipo de música que me gusta y va conmigo esa es la del Boss. Me estuve mordiendo las uñas al no poder ir al concierto que dio en el BEC de Barakaldo. Este tío y la E Street Band son grandes, demasiado. Quiero descubrir mucha más música, y he escuchado algunos grupos nuevos, pero ninguno como él (aunque también sería estúpido escuchar grupos con la intención de que le superen). Sé que tengo un gran horizonte por explorar en el mundo de la música. Estoy abierto a recomendaciones (ya hice caso a las que algunos de vosotros vertisteis en “Sobre mí”).

2. David Lynch. Se ha convertido en uno de mis directores favoritos. Aquel día en el que alquilé Mulholland Drive por curiosidad, Lynch hizo que le diera al coco como pocas veces había hecho antes. Sé que para los detractores sus films más oníricos no son más que desvaríos sin sentido, pero para mí son un milagro de la evasión, en los que uno no puede parar de pensar en los posibles significados encriptados que se sugieren. La guinda del pastel es que también consigue emocionarme muchísimo con películas “auténticas” y lógicas como Una historia verdadera y sobre todo, El hombre elefante.

3. Los conciertos. Ya había ido a varios conciertos antes, pero fue en las fiestas de Bilbao del año pasado cuando uno me cautivó. No, no fue el de Dover. Este me supuso una decepción tremenda. Cristina Llanos parecía una pija hablando, todo el mundo la vaciló. No paraba de menear la cabeza como una posesa y luego no le llegaba la voz, era como una gallina afónica. Encima versionaron algunos temas anteriores al “nuevo estilo”. Oir Serenade a lo techno-electrónico-pop fue sin duda un golpe demasiado fuerte, como una prostitución de todo lo que habían sido. El de Skalariak sí que me gustó, más que nada porque no tenía ni repajolera idea de cómo se bailaba el Ska y yo pensando: ”¿pero qué se ha fumado la gente?”. Superada la confusión, disfruté dando buenas hostias, no sin caerme y que me pisaran encima unas cuántas veces más.
Pero tampoco, el concierto que me hizo vibrar fue… El Arrebato (vómitos entre los lectores). Empezamos viéndolo desde atrás y entre empujones disimulados acabamos en la tercera fila. Allí, con la música a tope me entró un subidón terrible. No paraba de saltar y gritar los estribillos, y en una de estas el pavo me miró y fue en plan “jodeeer, el tío de El Arrebato me ha mirado” y ahí ya me entró la euforia. Debo decir que el estilo de música de El Arrebato no me gusta, pero creo que en las primeras filas hasta con María Jimenez cantando me entraría el subidón. Bueno no, ahí me he pasado xD. No quiero ni imaginarme a mí mismo si el concierto hubiera sido del Boss, Bon Jovi, Dover “Dover” o los Red Hot. No quiero irme de este mundo sin estar en uno de todos ellos, aunque luego la resaca sea tremenda, no pueda hablar en días y tenga unas agujetas del horror. Ah, y los prefiero al aire libre.

4. Sueños archivados. No recuerdo cuándo, pero más bien a principios del año pasado empezé a apuntar mis sueños. Sí, anotaba todo aquello de lo que me acordaba. Soy incapaz de describir qué signficaba eso para mí y por qué lo hacía, pero sí puedo decir que fue una de las cosas más productivas que hice el año pasado. Son cosas tan extrañas… No sé decir si son fascinantes ni si es algo de mi karma o qué. Pero tienen algo que va más allá de todo, relacionado con mis deseos más profundos, no sé si me entendeis. Me gusta mucho leerlos y revivirlos en mi mente. Espero no dejar de soñar nunca.

5. Las series. Había visto muchas series antes de que el 2007 llegara. Pero con la “revolución” de series de calidad ya desde bastante antes de lo que me imaginaba, empezé a descubrir series, enganchándome irremediablemente a ellas y esperando ver lo que les ocurriría a mis personajes favoritos en el siguiente capítulo. A esto Internet y el ADSL ayudaron muchísimo, ya que me molesta bastante seguir un horario preestablecido. Así pues, descubrí series como Perdidos, The Shield, A dos metros bajo tierra, Scrubs, Weeds, Los Soprano, Firefly, Heroes, Hermanos de sangre, Las chicas Gilmore, The IT Crowd, Nip/Tuck, Jericho… y seguí viendo otras que ya seguía como Los Simpson, Buffy o Friends.
En un plano más secundario descubrí el whisky escocés (qué delicia), el MP3 (que me amenizó considerablemente las idas y venidas), los cigarrillos (bueno, creo que ya empezé a probarlos en el 2006 xD), el salir por la noche (con resultados anímicos de lo más dispares)… y por supuesto, seguí explorando en los campos que más me gustan (el Cine y los videojuegos). Con todo, no tengo propósitos de año nuevo más allá de centrarme un poco más en los estudios. Tan sólo tengo curiosidad por ver qué me deparará este 2008.
Eternas vueltas a una mente inmaculada: ¡Olvídome de mí!
Lo primero, daros las gracias a todos por las más de 10.000 visitas que he recibido, la mayoría por equivocación seguramente xD. Con este sinsorgo, corto por vagueza y paranóico post inauguro una nueva categoría que espero amontone muchos posts, pues aunque no lo creais o no os lo imagineis, yo soy una persona muy reflexiva (sin intención de darme aires de grandeza). Lo que pasa es que últimamente tanta reflexión me está jugando malas pasadas. Reflexiono sobre todo y le doy vueltas y más vueltas a todo, incidiendo en la relatividad de las cosas. No sé porqué, pero en las últimas películas o capítulos de series que he visto me asalta continuamente la sensación de falsedad ante lo que estoy viendo. Quiero decir, que no me las creo. No es una tontería que comente para ocupar espacio, sé que en la próxima película que vea me volverá a pasar. Además de esto, me distraigo cada vez más con lo que se supone que más me gusta hacer. Mientras veo una película o capítulo de una serie pienso en si no sabré qué puntuación darle en filmaffinity, si debería darle un punto más, si creo que tal persona le daría otra puntuación, si sé que hay cámaras tras lo que veo y por lo tanto me parece una tontería porque no me creo nada, si… continuos sis. Y me parece grave porque creo que estoy perdiendo la magia del cine. A veces también me sumergo y me olvido de todo viendo la película “sin más”, pero enseguida me vuelven a asaltar los pensamientos. No es como antes, hasta hace poco, que me ponía a ver una película y me olvidaba absolutamente de todo, claro está, si la película era buena. Eso es lo que debería hacer, pero cada vez me cuesta más. Cuánto más me empeño en no pensar, más pensamientos me surgen.

Sí, lo sé, pienso demasiado. A veces creo que tengo neuronas hiper-nerviosas o algo. Me gustaría tener una máquina como la de Jim Carrey en Eternal sunshine of the spotless mind (¡Olvídate de mí!). No para borrar recuerdos, sino para eliminar esas neuronas que provocan mis incesantes pensamientos, el darle vueltas a todo constantemente y también mis idas de olla. Sé que no puede ser, porque es parte de mí. Pero un día de éstos me da que voy a perder la cordura. Aquí es dónde tengo que aplicar la teoría samurai de Forest Whitaker en Ghost dog. Si pienso que estoy loco, lo estaré; si pienso que estoy perfectamente cuerdo, lo estaré. Pero joder, la de la cordura es una línea tan fina y compleja…
En realidad creo que lo que me hace falta es tiempo. El que necesito todas las mañanas para situarme. ¿Dónde estoy? En el unvierso, la Tierra, Europa, España, Bilbao… soy David y estoy despertándome de un largo sueño. Ese tiempo del que no dispongo creo que es el que me hace falta para aclarar mis ideas. Como en la canción de Bebe y Carlos Jean. Necesito más tiempo sólo para tocarme los cojones.

