Barton Fink: La mejor película de los Coen.

febrero 17, 2008 at 5:19 pm (Críticas)

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Los Coen ya habían demostrado de lo que eran capaces antes de Barton Fink. Su debut, Sangre fácil, fue un ejercicio de cine negro perfectamente ejecutado en el que ya podía verse su sello de identidad y su particular sentido del humor. Después vino Arizona Baby, una exagerada y alocada comedia, bastante divertida. Muchos piensan que llegaron a la cima como directores con su siguiente película, Muerte entre las flores, o que lo harían cinco años después con Fargo. A mí la primera me dejó frío y la segunda me gustó bastante más, pero tampoco me entusiasmó. Mi favorita de los Coen (sí, ayer fui a ver No es país para viejos para poder afirmar esto con total seguridad) es Barton Fink, película que arrasó en Cannes en el 91 pero que ha pasado bastante desapercibida dentro de la filmografía de los directores.

Barton Fink es un guionista de obras de teatro que viaja a Hollywood para escribir el guión de una película de boxeo. Le gusta escribir teatro del “hombre corriente” (tal y como él lo describe), eso sí, ceñido en su cómodo traje de salón. Quiere afianzar el éxito cosechado con su última obra, y va a hospedarse al Hotel Earle, un hotel no muy elegante pero sí lo suficientemente tranquilo como para poder concentrarse en su tarea de escribir. Aparentemente. Se topa con una serie de excéntricos personajes, estos le van complicando cada vez más, la línea entre realidad y ficción se va haciendo cada vez más imperceptible y escribir le va resultando más y más difícil. Pero los magnates de Hollywood no esperan y la fecha de entrega del guión se va acercando.

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Los Coen se muestran aquí especialmente virtuosos con la cámara. Consiguen crear el ambiente que ellos quieren con pasmosa facilidad. Un ambiente opresivo y asfixiante, con un hotel que en ocasiones casi parece una casa de cera (ese papel despegado), en el que podemos respirar el hedor, sentir el sofocante calor. Todo ese ambiente opresivo pretende expresar el estado mental en el que se encuentra Barton, en un bloqueo del que no sabe cómo salir. Todo en la película lo vemos desde su perspectiva. No vemos nada que no pueda ver él, y este aspecto funciona de dos maneras. Por un lado, acrecenta la duda de si lo que estamos viendo es real o es fruto de la mente de Barton, y por otro, consigue crear más misterio con respecto a los personajes y lo que esconden.

En el plano actoral tenemos a dos grandes que destacar. John Turturro sabe darle a su confuso personaje una gran credibilidad. Al principio es un guionista petulante que cree saberlo todo, pero poco a poco las situaciones le van superando y se da cuenta del poco control que tiene sobre ellas. Refleja muy bien el tormento que sufre y su frustración ante su bloqueo creativo. Y es de gran importancia la sobriedad que Turturro le da a su personaje, porque todo gira en torno a él. Luego tenemos a John Goodman, muy propenso a la sobreactuación, pero que cuando quiere o le dirigen bien, demuestra ser un prodigio de actor; casualmente, la mayoría de veces bajo órdenes de los Coen. No exageraría si dijera que esta me parece su mejor interpretación. Se curra un personaje complejo hasta las entrañas e incluso conmovedor. Un hombre de desolador modo de vida, acomplejado por su físico y que siente lástima por la gente que le acompleja, atrapados y ahogados en sus prejuicios, dice entenderlos y quiere “liberarlos”. Es una bomba de calor (apoteósico en el clímax final) con el peligro de explotar en cualquier momento. Aparte de estas dos grandes interpretaciones, secundarios estrafalarios marca de la casa que aportan a la trama un tono más delirante (mención especial al gracioso recepcionista del hotel que encarna Steve Buscemi, casi en un cameo), pero con Turturro y Goodman sobresaliendo claramente por encima del resto.

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Se ha emparentado a Barton Fink con las películas de David Lynch, y si bien es cierto que tiene algunas escenas oníricas y surrealistas cercanas a lo que suele hacer Lynch, los Coen han sabido enmarcarlo dentro de su estilo y evitar comparaciones. Con respecto a las dobles lecturas y el significado de las imágenes, yo siempre digo que lo mejor en estos casos es dejarse llevar y que cada uno saque sus conclusiones. Pero en esta ocasión no me puedo quedar tan ancho porque la película tiene algunos significados bastante claros. Es una crítica hacia los grandes productores de Hollywood, que lo mismo hoy no paran de soltarte elogios hacia tu trabajo (genial la escena en la que el productor le besa los pies a Barton) y mañana te echan diciendo que lo que has hecho es una mierda, destrozando tus sueños. No hay humanidad en ese mundo, ni siquiera buen ojo para lo que puede tener éxito. Sólo interés e instinto de burro. Se nos muestra la hipocresía de alguien que pretende escribir sobre la gente corriente, pero cuando Charlie se presta a contarle anécdotas este no las quiere escuchar. Vemos a un reputado escritor, Mayhew (a partir de aquí podreis encontraros con varios spoilers), y resulta que su secretaria y compañera era la responsable de sus mayores éxitos. Personas que dicen ser genios, cuando no son más que unos mediocrazos farsantes; en este caso, un alcohólico con tendencia a la agresividad. También se acerca como tema principal, hacia lo que supone el bloqueo creativo, la frustración que produce, en lo que podría vincularse a Adaptation.

Dentro de lo cuestionable o rebatible está el por qué Barton consigue escribir de repente tras lo que le había pasado. En mi opinión hay dos opciones más que probables. En un momento de la película, Barton afirma que la inspiración del escritor sólo le llega cuando padece un sufrimiento real. Y en ese momento, había despertado con el cadáver de la secretaria a su lado. La otra podría ser que Charlie, con todo el calor que transmite, impidiera a Barton escribir estando al lado su habitación, y una vez ido, todo ese calor que le oprimía y despegaba el papel de la pared también se fuera, dejándole escribir con espacio. Otra de las cuestiones no explicadas sería por qué Charlie no mata a Barton desde un principio y en cambio, le visita y escoge a la chica con la que está para matarla. Yo creo que es porque, si os fijais, la primera vez que Barton habla con Charlie para quejarse del ruido, este se muestra bastante disgustado y puede que con intención de matarle, pero cuando ve que Barton le contesta con amabilidad se da cuenta de que podrían iniciar una amistad. Más tarde se percata de que a Barton no le interesa nada de lo que él le pueda decir, y por eso decide cargarle el muerto de la chica. Él mismo lo dice: “-¿Por qué yo? -¡Porque tú no escuchas!”. Aunque la principal pregunta sin respuesta es: ¿Qué hay en la caja? Particularmente, me gusta que no le den respuesta, la que sea.

El clímax final es muy surrealista, y es difícil tomárselo como si sucediera en el plano real, pero si uno se mete en la película se disfruta mucho. La escena de Charlie abriendo la puerta como un día cualquiera para entrar en la habitación ardiendo me resultó especialmente conmovedora. Y ese precioso plano final, por supuesto, está abierto a intepretaciones. Para mí fue como que la foto de la chica en la playa era lo único que relajaba a Barton en ese infierno de hotel, esa imagen le transportaba a una especie de ensueño. Y al final, con todo perdido, en la playa, contempla asombrado la misma escena, consiguiendo la evasión que anhelaba, la paz interior que necesitaba. La chica es agradable, todo es perfecto. Hasta una gaviota que no aparecía en la imagen de su habitación se desploma, quedando claro que está ante el momento con el que soñó. Se dice que el detalle de la gaviota ocurrió casualmente y los hermanos Coen lo dejaron porque les gustó cómo quedó. Si es así, dieron en la diana cerrando con broche de oro algo muy cercano a la obra maestra. Para mí, la mejor película de los hermanos Coen. Una gozada.

NOTA GLOBAL: 9.25.

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Esas canciones con las que salto, grito y me desahogo sin parar.

febrero 10, 2008 at 11:46 pm (Música)

Ya sé que ha quedado muy atontado el título del post, pero no se me ocurría nada más y no me apetecía estar otros 10 minutos pensando en el titulito ingenioso de turno. Aquí va otra lista subjetivísima, esta vez de las canciones con las que más meneo el esqueleto y me hacen parecer a Mick Jagger en un macro-concierto chutado de 2kg de cocaína y con un éxtasis a lo Santa Teresa. Vale, me he pasado un poco. No he puesto nada de reggaeton ni bumping, eso que tanto se escucha en mi instituto y que cada vez que oigo decir a alguien que es buena música me entra la risa tonta. Seguro que hay alguien por ahí que piensa algo como “Que se curre un poco más los posts el Cinematic este, que está venga a darle a la gallina de oro – léase posts cortos – entre listas musicales y aniversarios varios. Sólo falta que ponga una lista que sea Esas canciones que escucho mientras cago“. Para la próxima prometo un post de los largillos. Bueno, ahí va la lista:

Radio Nowhere, de Bruce Springsteen (cómo no, y porque el Springsteen más coreable está infravalorado).

Devil Came To Me, de Dover.

It´s My Life, de Bon Jovi (y Livin’ On A Prayer, y Have A Nice Day…).

Jailhouse Rock, de Elvis Presley.

New Born, de Muse.

Walking On Sunshine, de Katrina & The Waves.

One Way Or Another, de Blondie.

– Hurricane, de Bob Dylan.

Have You Ever Seen The Rain, de Creedence Clearwater Revival.

Eye To The Tiger, de Journey (pero podría poner Don´t Stop Believing perfectamente).

My Sharona, de The Knack.

The Passenger, de Iggy Pop.

She´s Got All The Friends, de Chumbawamba.

The Show Must Go On, de Queen.

Life Is A Highway, de Tom Cochrane.

Be Yourself, de Audioslave.

Zombie, de The Cranberries.

Elevation, de U2.

Holiday, de Green Day.

Bring Me to Life, de Evanescence.

No Fear, de The Rasmus (intercambiable por In The Shadows).

The Kill, de 30 Seconds To Mars.

Ataque Al Corazón, de M-Clan.

¿Cuáles son/eran algunas de las vuestras? Y para no daros más el latazo con Springsteen, os dejo con un poco de Pop-Rock inglés de la mano de Hard-Fi (recomiendo en especial su álbum Stars Of CCTV) y Starsailor (de quienes sólo he escuchado su estupendo Love Is Here pero tengo previsto ponerme con los dos siguientes en breve). Ambos con un toque muy fresco.

Hard-Fi – Better Do Better

Starsailor – Poor Misguided Fool

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100.000 hits.

febrero 7, 2008 at 3:19 pm (Sin catalogar)

100.000 visitas que cumple este blog. No sé qué decir… Daros las gracias a todos los que habeis estado ahí, aunque mi presencia por vuestros blogs haya disminuido últimamente por falta de tiempo. Gracias a los que me comentais o a los que no lo haceis pero me leeis. Por mi parte, haré todo lo posible para que la calidad de este blog vaya subiendo. Intentaré volver (un poco) a la crítica cinematográfica, pero intentando dar un tono variado al blog, e intentando no quedarme en la superficie de las cosas. Espero que no se quede todo en las intenciones… Y para celebrar la de gente que se ha pasado por aquí (ya sea pretendida o casualmente), os dejo con una de esas canciones que me saca las lágrimas a golpes cada vez que la escucho. Y eso que no es, ni de lejos, de las más tristes que tiene. Mierda, es una canción jodidamente alegre:

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Chaplin x2: Tiempos modernos y El gran dictador.

febrero 3, 2008 at 9:52 pm (Clásicos de ayer y de hoy, Críticas)

Me gustaría poder decir que vi este par de clásicos por mi cuenta, pero no. Nos las pusieron en la asignatura opcional “Cine e Historia”, y como me parecieron dos peliculones muy grandes, quiero comentarlos. No sé qué podré decir de estas dos películas que no se haya dicho ya, pero allá voy (perdón por la cacofonía). De paso, con este post inauguro una nueva sección, “x2”, en la que haré una sesión doble, de lo que sea. Aviso de spoilers:

– Tiempos modernos. 

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Tiempos modernos (1936) cuenta la historia del para muchos mítico personaje Charlot, en los años de la gran depresión. Trabaja como obrero en una cadena de montaje. Dado lo repetitivo de su trabajo, le surge un tick incontrolable por el que irá a parar a la carcel, saldrá, entrará de nuevo, volverá a salir y… creo que es entonces cuando conoce a una guapa joven con la que empezará una nueva vida llena de sueños y esperanzas.

La crítica de la película de Charles Chaplin no está escondida y no hace falta ponerse gafas de pasta para localizarla. En escenas como la que abre el film, con ese rebaño de ovejas corriendo hacia la fábrica, ya nos damos cuenta de que Chaplin quiere transmitirnos el monótono modo de vida que se llevaba entonces. Gente que vivía para trabajar y trabajaba para sobrevivir, sin mayores alicientes, y con una compensación económica de pobre para abajo. En las fábricas la humanidad estaba completamente relegada. El propósito de los jefes consistía en extraer todo el jugo de sus trabajadores hasta dejarles secos. Tanto que (en la película) inventan una máquina de “auto-almuerzo” para perder tiempo en el descanso que disponían para comer. Y claro, en las fábricas la higiene y seguridad era nula, y nadie se responsabilizó hasta el 1833. Ahí se le puede ver al pobre Charlot, espachurrado entre engranajes en aquella famosa escena.

Y no sólo es una atrevida y graciosísima sátira repleta de ingeniosos gags, sino que tiene un estupendo retrato de los dos personajes principales y están perfectamente definidos con apenas dos apuntes. Chaplin es un trabajador más entre la multitud, algo iluso e ingenuo, que intenta como puede adaptarse a los convulsos tiempos que le ha tocado vivir. Se le nota bastante despistado, como si no pudiese asimilar la rapidez a la que avanza la sociedad. Le falta alguien con quién poder superar las dificultades de la época. Y ese alguien llega con una joven huérfana a la que salva de ir a la cárcel por robar una barra de pan, yendo él en su lugar. Habían matado a su padre y llevado a sus hermanos a un orfanato. No le quedaba nada y estaba en la calle, así que ¿qué podía hacer? Cuando Charlot sale de la cárcel comienzan una nueva vida juntos. Se complementan el uno al otro. El amor que sienten es lo que les impulsa a salir adelante. Encuentran una humilde casa y un trabajo decente, pero surge un altercado y lo pierden todo. Menos a ellos mismos, que es lo que necesitan. Así, la última escena irradia un enorme optimismo sin sensiblerías, dirigiéndose hacia un incierto pero esperanzador futuro. Por muy mal que puedan ir las cosas, se tienen el uno al otro y eso es suficiente para ellos. Una muy buena película que nadie debería perderse. 9.

– El gran dictador.

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El gran dictador (1940) nos narra la historia de un barbero judío que se encuentra combatiendo en la Primera Guerra Mundial. Tras salvar la vida a un oficial y tener un accidente de avión, vuelve a Tomania, sale 20 años después del hospital y empieza a darse cuenta de que el mundo en el que vivía ha dado un giro descomunal. El dictador Astolfo Hynkel gobierna el país y la policía del Ghetto se muestre muy hostil con sus ciudadanos, pintando “Jew” (judío) en los cristales. En un altercado con estos, Hannah ayuda al barbero y se enamoran. En otra refriega algo más grave, los policías iban a ahorcar al barbero cuando aparece el oficial Schultz, a quien el barbero había salvado al vida. Este le reconoce y durante un breve período de tiempo, los ciudadanos del Ghetto pueden gozar de una vida tranquila y sin problemas. Pero cuando un banquero le niega a Hynkel un préstamo para satisfacer sus desmedidas ambiciones, este carga su ira contra el Ghetto, y acusan a Schultz de traidor. Envían a este y a nuestro barbero a un campo de concentración, mientras que Hannah y compañía huyen a Osterlich, pero les cogen una vez instalados. El barbero y Schultz huyen del campo y detienen a Hynkel pensando que es el barbero. Confunden al barbero con Hynkel y tiene ante sus manos la oportunidad de cambiar las cosas.

Si bien El gran dictador posee una calidad cinematográfica innegable, no puedo evitar las similitudes con Tiempos modernos. No hablo de que Chaplin y Paulette Goddard sean los protagonistas en ambas cintas, sino que los personajes del barbero y Hannah son prácticamente idénticos a los de Charlot y la joven huérfana (con la diferencia de que la primera tiene más mala leche aquí), dando la impresión de estar ante otro “capítulo” de los mismos personajes. Más allá de esto, nada más le puedo achacar a este gran film. El comienzo en el campo de batalla es formidable. Tiene escenas hilarantes, como la de los pasteles de la moneda o el discurso de Hynkel, y otras sencillamente geniales, como la de Hynkel jugando con la bola del mundo o la escena final. Obviamente, los nombres reales han sido cambiados, pero todos sabemos cuáles son los reales. Tampoco hay en El gran dictador ninguna crítica oculta de difícil desencriptamiento. Es una crítica contra la tiranía y el despotismo que ejerció Adolf Hitler durante su estancia en el poder y la opresión en la que sumió a la nación, a los judíos y a miembros de otras etnias (para luego pasar a exterminarlos). Asombra el atrevimiento con el que critica todo ello, sin quedarse en medias tintas y dejando en muy mal lugar a los altos cargos. Todo ello a principios de la Segunda Guerra Mundial, por lo que es de admirar (otra vez) la valentía de Chaplin. Aún así, se niega a sumergirse en el pesimismo por muy desoladoras que sean las circunstancias, y nos regala un final precioso, lleno de vida y esperanza, con un monólogo que resume las intenciones de la película y queda en la retina de los recuerdos inexorablemente. De obligada visión, por mucha pereza que os pueda dar. 9.

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