El curioso caso de Benjamin Button: Fincher, que no te cieguen los Oscar.

febrero 18, 2009 at 7:10 pm (Críticas)

Empiezo a descartar las altas expectativas como razón de que El curioso caso de Benjamin Button no me haya apasionado, emocionado ni conmovido. En mi última crítica comentaba que tenía miedo de que Sam Mendes la pifiara. Bien, pues me equivocaba de hombre. La nueva película de David Fincher es de un apartado técnico apabullante, una fotografía y banda sonora de ensueño… Nata montada y chocolatinas que gustan mientras se saborean, pero que su latente fugacidad va esparciendo sobre la nada. La película está bien narrada, pero se limita a eso. ¿Es suficiente? Para llegar a ser una obra maestra, yo creo que no. No veo bajones de ritmo, ni largos espacios de tiempo sin acción que inciten al aburrimiento, sencillamente percibo una ausencia casi total de la maestría de Fincher a la hora de impactar valiéndose de recursos exiguos. Tal vez en esta ocasión se tratara de otra cosa, pero no ha sabido trasladar su personalidad y pulso a otros géneros, quedando algo que podría rodar cualquier director con un mínimo de pericia visual.

Aún así, veo bastantes cosas buenas en Benjamin Button. Para empezar, unos secundarios con mucho encanto. Desde el reservado personaje de Tilda Swinton (cada día pienso que es mejor actriz) hasta Jared Harris, el tío de los tatuajes (la charla que le da a Benjamin en el burdel es de lo mejor de la película); pasando por Taraji P. Henson, la dicharachera madre adoptiva de Benjamin. Luego hay otros tantos, demasiados, que no pintan gran cosa (la descripción de todos los miembros de la tripulación, cuando luego no tienen relevancia alguna en la trama…) y son pura paja. Las interpretaciones de Brad Pitt y Cate Blanchett no pasan de correctas, y sus respectivos papeles no figuran, ni mucho menos, entre lo mejor de su carrera. En el caso de Pitt es algo más comprensible, porque queda patente que su personaje se va definiendo en los encuentros y charlas con otros, cogiendo un poco de aquí y de allá.

Personajes aparte, hay detalles sueltos muy buenos. Concretamente, hay una escena (sólo una, por desgracia), que emana poesía pura. Aquella en la que se inaugura el reloj con las agujas girando en sentido contrario, y se pasa a una escena en el campo de batalla, con los cuerpos abatidos volviéndose a levantar y las bombas concediendo una última oportunidad a los soldados. Otra que me gusta mucho es esa en la que se habla del inmenso poder de la casualidad y su omnipresencia en nuestras vidas, cuando un personaje está a punto de ser atropellado. No es nada nuevo, y no casa muy bien con el tono del resto del film, pero me encanta la forma en la que está rodada. Como ya digo, son detalles aislados que no ayudan a que el conjunto resulte convincente; de ahí a valorarlos tanto por separado.

¿Pero cuál es, entonces, el gran lastre de El curioso caso de Benjamin Button? Yo lo tengo claro: la voz en off. Una voz en off que se empeña en simplificar el significado de cada escena, cuando estas tienen potencial de generar más matices por sí solas. Ejerce un poder restrictivo para con la imagen que odio. Cada vez que me disponía a reflexionar sobre lo que estaba viendo, aparecía la voz en off y me decía cómo debía interpretarlo. Limita y aprisiona el poder seductor y sugestivo de la imagen, y no lo libera de sus ataduras durante todo el metraje. No menos molesto resulta lo descarado de las intenciones lacrimógenas en la historia de la época actual (en la que al menos contamos con una convincente Julia Ormond), que hacen dudar de quién está detrás de una película tan premeditadamente oscarizable.

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