El síndrome de la melodía que reclama atención.

abril 28, 2009 at 3:34 pm (Música)

Me refiero a esas melodías que se repiten en nuestra cabeza, que aparecen de vez en cuando, sin previo aviso, y con las que parece unirnos un vínculo sobrenatural. Consiguen liberarnos de la opresión del pensamiento constante y, mientras nadamos por la confortabilidad de sus notas, nos evadimos. Mis enganches musicales más recientes y placenteros:

Yeah Yeah Yeahs – Dull Life.

Una melodía básica y sencillota, pero a la que se ha puesto tanta vida encima que me resulta imposible no dejarme llevar y dejar de escucharla. En su nuevo disco, It’s Blitz, los temas cañeros de los newyorkinos suenan aún más potentes que en sus predecesores (menos garage-punk, más electrónica bailable). El problema es que sólo son tres de los diez que componen el álbum (Zero, Heads Will Roll y la que nos ocupa).

Blind Melon – Toes Across The Floor.

Guiada por la andrógina voz de Shannon Hoon, Toes Across The Floor es una de las mejores piezas del extraordinario y olvidado Soup, y tal vez, la más genuina. Un rock atemporal, escurridizo, alérgico a la repetición de estructuras y de instrumentación compleja, que sólo muy forzadamente podría encuadrarse dentro del movimiento grunge.

Danko Jones – Lovercall.

Estos canadienses podrían ser tachados de monótonos fácilmente, pero son más adictivos que comer pipas Facundo tamaño maxi. Espíritu hard-rocker de toda la vida, pero exento de solos que poco tendrían que hacer ante los grandes clásicos. Así, consiguen un sonido propio a base de riffs certeros y precisos, tal vez demasiado canónicos, pero sin llegar ni mucho menos al nivel de descaro de Airbourne. Advierto del riesgo de escuchar durante mucho tiempo a Danko Jones, y es que pueden hacerse terriblemente repetitivos.

Pride & Glory – Losin’ Your Mind.

Rock enmarcado en un inhóspito paraje sureño. Zakk Wylde coge el encanto de ese estilo y lo acompaña de guitarras pesadas y ecos metaleros, componiendo un temazo sólido y robusto donde los haya, en el que se percibe su imponente presencia guitarrera en todo momento. Sí, me pirra el rock sureño.

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Paris, monumentos flamantes y amores imposibles.

abril 17, 2009 at 1:54 pm (Sin catalogar)

No podemos negarlo. Cuando no esperamos nada de la gente, pero esta nos obsequia con un acto desinteresado, un enorme gozo nos hace levitar en un lugar dónde el espacio y el tiempo se doblegan ante el poder del instante mágico.

Te pregunta si necesitas ayuda al ver tu cara de turista perdido entre las calles de Montmartre, pueblo bienaventurado e idóneo para pasar tus últimos días. Con más tiempo y una mirada más atenta, podrías descubrir grandes cosas en él. Te pregunta de dónde vienes, te cuenta cómo ha llegado ella hasta allí. Saca un folio en el que lleva envuelta una postal, y liberando al papel del peso de la privacidad, te indica detalladamente cómo llegar hasta el lugar al que te quieres dirigir. No tenía porqué hacerlo, nadie le obligaba ni le pagaría por ello, pero lo hace, aun cuando podría despacharte en dos segundos con el “hacia delante y todo recto”. No te atreves a verla alejarse y que, fortuitamente, tu mirada se cruce con la suya. Mientras intentas averiguar el origen de su generosidad, si alguna corriente de actitud francesa pretendía ofuscar los tópicos con los que se les conoce fuera, te das cuenta de que algo falla. El lugar al que te dirigías ya no es lo que te interesa.

Cada vez que intentas revivir el momento en la cabeza este se hace más borroso, las precisiones espacio-temporales se difuminan peligrosamente, ya ni siquiera recuerdas su cara y temes que desaparezca de tu mente para siempre. Quizás puedas organizar una búsqueda colectiva analizando sus huellas en el papel que te dio. Puedes hacerlo, no es imposible… Te ríes de ti mismo al pensar en cómo algo tan nimio ha podido afectarte tanto, y te repites: “Nunca la tendré. Nunca”. Pero eso te angustia mucho más. No quieres a otra. La quieres a ella. Y la quieres ahora. ¿Es esta mierda lo que llaman amor a primera vista?

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