Fant 09: Día 3.

mayo 8, 2009 at 7:25 am (Críticas, Festivales)

Ayer no acudí a la sesión Grindhouse. Cierto es que Cronos, de Guillermo Del Toro, me interesaba bastante, pero prefería ver algo de la sección oficial, en un cine como Dios manda y con butacas de verdad. A las 17:30, antes de la película de estreno, emitieron La momia, de Terence Fisher. Es una película correctísima, de narrativa clásica (tal vez demasiado encorsetada en ella), con un convincente Peter Cushing y varios apuntes interesantes e informativos sobre la cultura egipcia. Pero lo que se supone el punto fuerte, la momia… En su época pudo impresionar, pero hoy día los movimientos robóticos, estridentes gruñidos y torpe andar de una momia salida del lodo, causan el efecto contrario al deseado. Su presencia no impone ni intimida en absoluto, y entre que Kharis no es más que una marioneta y los objetivos de su dueño son tan banales… Aún así, es una película que me ha gustado, porque está bien hecha, Cushing convence, la trama interesa aunque el guión promete bastante más de lo que acaba ofreciendo, y difícilmente se le podrán achacar excesos o impertinencias (ya digo, tal vez sea demasiado recatada).

A la salida del film, intenté sonsacar a Haritz Zubilaga, miembro del jurado, a ver si tenían alguna preferencia en base a lo que habían visto, pero me dijo que era “top secret”. No le pregunté sobre su largometraje porque entonces ya habría huido a lo correcaminos, o me habría empotrado un puño en la cara, o algo.

A las 19:45 empezaba la danesa Terribly Happy, de Henrik Ruben Genz, y el tío que estaba sentado a mi lado se interesaba por la revista Mondo Sonoro que llevaba en las manos. Mucho se había comparado la película con los hermanos Coen, y en efecto guarda varias similitudes (las miradas furtivas de los hogareños hacia el extraño, el absurdo como generador de tragedias, un prólogo análogo al de No es país para viejos), pero la importancia de estas va decreciendo conforme avanza la película y va adoptando una personalidad propia, con algunos estereotipos del cine negro, sí (chica misteriosa de la que nunca llegamos a saber si es una zorra o una santa (una femme fatale en toda regla, vamos); el novio dominante, bruto y tocapelotas del protagonista), pero coge la premisa de pueblo pintoresco en el que nada parece ocurrir pero mil habas se cuecen, y lo adapta a la idiosincrasia de Skarrild. Jugadores de cartas, niñas paseando a peluches por la noche, las cañas como un juego de honor similar a la esgrima y barro en el que, si te descuidas un sólo segundo, acabarás hundido. Elementos distintivos que, sin duda, difuminan posibles resquicios de plagio, préstamo de estilos o abuso de influencias. Además, la película me dejó de tan buen humor que regalé la Mondo Sonoro al tío que estaba sentado a mi lado.

Esta vez no hubo mini-rueda de prensa con el director, pero la calidad de las películas lo compensaba, completando otra tarde festivalera muy satisfactoria (que después llegara molido y con agujetas a casa ya es otra cosa).

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