Sobre reyertas silenciadas y dislates críticos.

noviembre 26, 2009 at 6:10 pm (Reflexiones)

Reproduzco íntegra una pequeña disputa que tuve con Alberto Abuín, responsable de una página de cine bastante conocida, hace ya algún tiempo:

Cinematic:

Te lo escribo aquí porque en el post en cuestión no me deja: He intentado morderme la lengua pero no puedo. Tu crítica de “Margot y la boda” me parece nefasta. No ya porque cortes todas con el mismo patrón y venga con las incongruencias gramaticales “de fábrica”, sino porque denota en tí una incapacidad empática enorme. Son muchos los que han puesto por los suelos a esta película, pero al menos han sabido justificarse mejor. Tú básicamente te limitas a echar bilis sin fundamento, que si “aureola trascendental” por aquí o “exagerada confusión” por allá. Expresiones “de comodín” y vacías que no hacen más que anular la personalidad de tu texto. Lo de “desajustadas interpretaciones” ya es de traca, creo que ni tú sabias lo que significa (otra cosa es lo que querrías haber dicho).

Pero lo peor es esto: “John Turturro hace un cameo, lo que debería hacer siempre”. Decir esto de un actor que lleva años y años demostrando lo camaleónico que es (y la amplia gama de papeles que es capaz de afrontar) y quedarse tan ancho me parece directamente una falta de respeto al lector. Eso por no decir que su breve aparición sirve para darnos muchas pistas acerca del personaje de Kidman.

También lamento que no hayas entendido el epílogo, pues está lleno de sentimiento. Y de ilógico tiene lo que tú de crítico esmerado; es decir, 0. Creo que si en un visionado no se ha desarrollado la capacidad suficiente para enfrentarse a una obra, es mejor dejarlo.

Y decir que aunque no lo parezca, esto va sin acritud. Dentro de poco (espero) publicaré una crítica sobre “Margot y la boda”. Te invito a que te pases y eches pestes de ella si te place.

Saludos.

Alberto Abuín:

Pues para ir sin acritud, te has despachado a gusto, Cinematic. Bueno, aunque éste no sea el post para comentarlo, no pasa nada.

Ya ni recuerdo mi crítica de ‘Margot y la boda’ (película que me sigue pareciendo un bodrio), pertenece al grupo de mis peores textos, que son aproximadamente el 99% por ciento de lo que he escrito aquí. Pero eso es lo de menos.

Ni me interesa discutir sobre esta película (hacerlo sobre ‘Tarántula’ estaría mucho mejor), ni me apetece visitar tu blog. Visito muy, muy pocos blogs personales.

Saludos.

¿Por qué ahora? Primero, esto no es el log de ningún chat. Me enteré hace poco de que el responsable había decidido borrar los comentarios de la página, ignoro si por inconfesa vergüenza o por ver amenazada su reputación (juas). Hice el comentario en una crítica de Tarántula de Jack Arnold porque el post de Margot y la boda no admitía comentarios. Podría ser que me los hubiese borrado por no estar en el post corresponiente, pero no cuela porque le avisé y él mismo me dijo que daba igual.

Segundo, y más importante, porque si entráis en la página podéis encontrar un dúo de críticas sobre The Box a cada cual más fatua y vergonzosa (y nada tiene que ver el hecho de que la película les haya gustado o no), a las que aplico todas y cada una de las palabras que dediqué a Abuín en ese comentario. Aparentemente escritas por gente que no ve más de 4 películas al año (las 4 blockbusters), muestran una escalofriante y ortodoxa visión del cine, de lo que debe ser y esta película no es. En un caso resulta particularmente punible que, al final de la crítica, se reconozca no haber entendido nada de la película; ¿con qué intención se han escrito entonces los párrafos anteriores?. En el otro, una epatante insensibilidad para con la rama del arte sobre la que se escribe, la mera expulsión de exabruptos ofuscados, sumando que ni siquiera se digne a dar ejemplos para sus categóricas afirmaciones, lo cual imposibilita toda opción de debate. En ambas se deja entrever la creencia de que el cine está hecho para complacer y no para sorprender. Que ha de regirse por unos patrones que den clichés vestidos de argumentos a los que agarrarse a la hora de comentarlo, para así tenerlo todo controlado (¿¡!?). Y si no es que te están tomando el pelo. No hay más.

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Putrefacción en las butacas.

noviembre 7, 2009 at 11:28 pm (Reflexiones)

Este texto debía ser la crítica de The Box. Pero al ir a verla ha ocurrido algo que me ha impedido por completo hacerla. The Box era la película que más esperaba este año, era la primera película que iba a ver en pantalla grande de uno de mis directores actuales favoritos, estaba ilusionadísimo y atacado de los nervios a la vez. Este debía ser un día muy especial, y vaya si lo ha sido, pero en un modo muy diferente a lo que esperaba.

La sala estaba llena. Niños, mayores, pero generalmente críos aneuronales, y eso no lo limito a las personas de corta edad. A los dos minutos empezaron los comentarios: “aprieta el botón, coño”, “menuda rallada”. Nada que no me esperara, en realidad. Pero si ya estaban así en el principio, cuando todo era más o menos “normal”, no me quería imaginar las reacciones que soltarían más adelante. No había forma de meterse en la película, y el espectáculo era cada vez más y más bochornoso. Algunos empezaron a hacer ruidos y a agitar paquetes del modo más estruendoso posible. Cuando aparecía Frank Langella en la pantalla se oía un “lámele la cara” acompañado de risotadas que no cesaban. Aguanté el suplicio durante casi 1 hora. Salí del cine y antes de cruzar la puerta, sin poder reprimirme, grité a la gente: “esto es vergonzoso”.

Al salir pedí en taquilla una hoja de reclamación. Ya sé que el cine no es responsable la que gente que va y que poco o nada se puede conseguir, pero quería al menos sugerir que cuando una situación así se diera, algún acomodador o empleado del lugar interviniera, porque aquello se había salido de madre. De nada servía intentar hacer oídos sordos o llamarles la atención en un tono cada vez más arisco. Cuando en Misión imposible 3 había dos o tres quinquis dando la brasa, bastó un grito para que no volvieran a abrir la boca en toda la película. Aquí era todo el cine. Todo.

Tampoco es justo culpar sólo a la gente de semejante bochorno. No sé a quién se le ocurrió la genial idea de proyectar una película como esta en el cine palomitero por excelencia de la ciudad, donde la gente va porque quiere estar bien cerca de su novia durante el susto de turno, que las explosiones y tiros les quemen los oídos o simplemente “a ver que echan hoy”. En cualquier caso, estas decisiones derrumban el disfrute de muchos, pero claro, “y eso a quién le importa”.

Supongo que para los que sólo vayan al cine a entretenerse, esto no será más que levemente fastidioso, se descargarán los estrenos que quieran en una calidad insultante y se ahorrarán las chorradas del populacho. Pero cuando vas porque lo amas (tres cojones me importa lo cursi que suene esto), es una putada muy gorda y te joden muy pero que muy bien, porque tú seguirás yendo a disfrutarlo como se merece, y seguirás encontrándote con cosas como esta. Por mi parte, no sé si volver la semana que viene y terminar de verla. El precio de la entrada no me preocupa en absoluto, pero lo que tal vez debería hacer es preguntar en taquilla si ha entrado mucha o poca gente a la sala, con esperanzas de poder verla tranquilo. Porque, ¿dónde coño vivo que el pedir ver una peli tranquilo sea pedir mucho, demasiado?

Sólo hay algo que me consuela. Por lo que he podido ver, estoy bastante seguro de que The Box va a tener un éxito de taquilla considerable en España. La gente podrá echar cuantas pestes quiera al salir de la sala, pero lo quieran o no, han pagado la entrada. Y eso es lo único que necesita Richard Kelly para seguir haciendo cine.

Porque todo esto va sobre el cine… ¿O sobre pisotearlo?

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