Mis series del 2009.

enero 1, 2010 at 8:25 pm (Series de TV)

1. Carnivàle (Daniel Knauf, 2003-2005).

Definitivamente, mi serie del año. Pionera en la ambientación minuciosa de épocas pasadas (más tarde vendrían Deadwood o Roma), en este caso la gran depresión de EE.UU. en los años 30, y más centrada en aprehender la belleza del momento que en acatar la exactitud histórica. Al contrario de esas otras series que prefieren ensimismar únicamente con su intachable estampa, Carnivàle estrecha distancias con el espectador valiéndose de otras y más poderosas armas. El respeto hacia los temas que trata, la aversión a los juicios morales, la dedicación a la evolución de los personajes de la que hace gala, el compromiso para con el espíritu arcano de poderes y energías ocultas que exigen suicidas saltos de fé para concebir su existencia. Aquí el Bien está representado por un fugitivo y el Mal por un sacerdote, dejando claro que las instituciones poco o nada tienen que ver con la naturaleza de los individuos que las representan. Así pues, no es tanto que Carnivàle verse sobre la lucha entre el Bien y el Mal, sino sobre los grises prolijos que nos pueden arrastrar hacia uno u otro extremo.

2. Spaced (Simon Pegg, Jessica Stevenson, 1999-2001).

He aquí la razón por la cual el humor de las sitcom británicas me parece tan efectivo: saben explotar las particularidades de cada personaje y crear situaciones en las que estas choquen con las de otros, equilibrando el surrealismo de esas situaciones con la credibilidad que cada personaje consigue transmitir. Mantener el equilibrio (no pasarse la credibilidad por el forro ni ofrecer el desmadre por el desmadre) no es nada fácil, de hecho creo que es ahí donde fallan muchos productos cómicos. Otra razón, más sencilla, es que tienen el sentido del absurdo mas agudo que he visto jamás. Es por eso que tanto Spaced, como The IT Crowd (UK) o The Office (UK), me matan. Es posible que de las tres, Spaced sea la menos transgresora y punzante, pero lo compensa con su contagioso buen rollo y sus incansables referencias a la cultura pop, que lejos de querer ganarse el favor del público a base de guiños facilones, revelan la dependencia hacia ellas que sufren los propios personajes al tiempo que el espectador se reta a sí mismo por ver cuántas encuentra. En la 2ª temporada sus virtudes están mucho más vivas.

3. Damages (Daniel Zelman, Glenn & Todd A. Kessler, 2007).

Una serie sobre conspiraciones y trapos sucios judiciales, con los abogados representando tanto la justicia como lo opuesto. Lo más destacable de Damages es la habilidad con la que teje detalles de guión y les da importancia por encima de los acontecimientos principales, de modo que hay muchas pequeñas razones para seguir la serie, y si alguna desaparece siempre encontraremos una buena sutituta. Sin embargo, sí hay algo que le achaco, y es no mantener la fachada arty que se vislumbraba al principio del piloto: el humo vistiendo las calles de Nueva York, el zoom que intimida acercándose al ascensor hasta enfocar a una Ellen Parsons desvalijada… Es algo que a lo largo de la serie se sacrifica en pos del entramado de mentiras. Pero como este está tan bien llevado tampoco voy a crucificar la serie por ello. Encuentro una pega más, sobre todo en la season finale, y es que sobrevaloran el impacto del giro argumental. Hay como 4 o 5 giros en el último capítulo, la mayoría innecesarios, de forma que hasta los últimos minutos no conocemos las verdaderas motivaciones de algunos personajes. La serie ya había demostrado saber crear tensión con las miradas y los odios latentes entre Glenn Close y Rose Byrne, un logro mucho mayor que el omitir datos para darle la vuelta a todo una vez tras otra.

4. Hung (Dmitry Lipkin, Colette Burson, 2009).

El piloto de Hung prometía algo más mordaz de lo que acabó siendo. La mano de Alexander Payne tocaba a los ídolos e ideales caídos, la decadencia en el ambiente laboral y familiar y la compasión hacia el perdedor (como ya venía siendo habitual en sus generalmente portentosos trabajos cinematográficos). Los siguientes capítulos se encaminaron más por ese último punto, centrándose en Thomas Jane (Ray Drecker) y su partenaire Jane Adams (Tanya Skagle), gigoló y proxeneta, el primero en un ejercicio de autosuperación actoral y la segunda natural y espontánea como poetisa frustrada plena de inquietudes. El punto fuerte de la serie son estos dos personajes y el grado de compenetración que alcanzan, y el punto débil tanto la escasez de tramas secundarias (sobre todo en los primeros capítulos) como el poco ahínco que se impone a estas. Por ejemplo, las pobreza de matices con la que están tratadas las inclinaciones sexuales del hijo de Ray o la personalidad de la ex esposa de Ray (Anne Heche), poco más que una quejica egocéntrica.

5. Bored To Death (Jonathan Ames, 2009).

Comedia noir-ótica en la que sólo echo en falta más capítulos. La dinámica de la serie es sencilla: un detective amateur a la par que escritor en (eterno) bloqueo creativo resolverá un caso por capítulo que servirá también para definir a los personajes en base a su conducta. Con un Jason Schwartzman debatiéndose continuamente entre la perspicacia y la torpeza, un Ted Danson que es incapaz de dejar sus preocupaciones aparcadas durante un sólo segundo ni dejar de contárselas a quien está a su lado y un Zach Galifianakis en crisis matrimonial rebosando franqueza. Entre cameos autoparódicos de Jim Jarmusch y mucho homenaje a la novela negra avanza esta serie inofensiva y entrañable que no cambia la vida ni destaca por novedosa pero divierte.

Fuera dejo a True Blood, de cuya 1ª temporada hablé largo y tendido. La 2ª ha sido un disfrute pleno y visceral a partir del 6º capítulo. Con un principio de temporada en el que el fulgor de la serie brillaba por su ausencia y la reiteración asomaba tras cada cliffhanger, la remontada a mitad de temporada fue brutal. Esos últimos 6 capítulos me parecen lo más estimulante, atrevido, apoteósico y deliciosamente delirante del 2009 en series.

Anuncios

Permalink 4 comentarios