Lost: incógnitas.

mayo 24, 2010 at 10:40 pm (Críticas, Reflexiones, Series de TV)

No me he podido reprimir de la fiebre lostiana. Último capítulo de una serie que llevamos siguiendo desde hace años. Último paso del camino. El cierre satisfactorio que estaba esperando se ha dado, a pesar de todas las voces decepcionadas que se han alzado. Lost es un producto televisivo que ha aprovechado las exigencias a las que estaba sometido para reinventarse a sí mismo temporada tras temporada, transfigurando así las expectativas en torno a él y dando la espalda a aquellos espectadores con ideas prefijadas sobre lo que debía ser la serie. Los mismos que ahora están decepcionados con el final.

Pero me voy a apartar un poco de la serie en sí para hacer una defensa de la incógnita, del misterio, de las entidades superiores, de la intriga independiente y sin respuestas que la acompañen. Y me voy a apartar de la serie porque creo que esta no ha tenido claro qué posición adoptar ante la incógnita, utilizándola a veces como fin y otras veces como excusa. A la incógnita, para subsistir por sí sóla, le hace falta la capacidad de seducción de un semental, el cariz enigmático que turba sin estar sujeto a nada más que la percepción. David Lynch sabe mucho de eso. 

Lost ha hecho gala de este poder (a su manera y salvando las abismales distancias) durante gran parte de su recorrido (la escotilla, los números, Los Otros, los vídeos de instrucción, los viajes en el tiempo, Jacob…). Pero en la última temporada se rompió esa tradición que era parte de la serie, y se puso un par de incógnitas carentes de todo interés en posición hegemónica sobre el resto. Me refiero al Templo y, sobre todo, a cierto personaje femenino del capítulo 15. Este ha sido, para un servidor, uno de los mayores errores de los guionistas, en apariencia poco importante pero que se carga muchas de las bases de la serie. Por un lado, explicación inútil, porque sólo da un paso arriba en un árbol genealógico que parece no tener fin; por otro lado, desviación con respecto a la concepción independiente de la incógnita que hasta el momento, salvo algunas excepciones, había tenido la serie. ¿Y a qué lleva el perder esa concepción? A pedir respuestas, claro, porque la incógnita carece de todo atractivo. Y he aquí el error que ha caracterizado a muchos fans acérrimos de la serie: pedir respuestas aun cuando las incógnitas ya estaban justificadas como tal. Un error creado tanto por la desidia crítica de estos fans como por la indecisión conceptual de la propia serie.

Pero, ¿por qué tanta querencia general en que las incógnitas sean resueltas? Lo importante es que la incógnita intrigue, fascine, sea enigmática sin quedarse en el intento. La revelación de esta sólo lleva a la decepción. ¿Por qué? Porque no hay respuesta en la cabeza de ningún guionista que se pueda equiparar a la medida en que esa incógnita te ha turbado y obsesionado, a lo que te ha aportado como tal.

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Fant 2010.

mayo 11, 2010 at 1:27 pm (Críticas, Festivales)

A diferencia del año pasado, este sólo he podido asistir tres días al Festival de Cine Fantástico de Bilbao (FANT) por tema de exámenes, así que he decidido concentrarlo todo en un post. Viendo la programación, se puede decir que las películas de sección oficial eran más jugosas el año pasado, pero en este han tenido reposiciones de clásicos de lo más acertadas. El martes 4, vi Valhalla Rising y Un lac, que pasaré a comentar ahora.

Valhalla Rising es mi segundo contacto con Nicolas Winding Refn, tras Fear X. Aún siendo este un thriller con elementos (estéticos, sobre todo) interesantes, tenía un fallo de guión garrafal (que comenté hace tiempo en el blog pero borré), que empañaba parte de sus logros. En Valhalla Rising no hay nada de eso, para empezar porque es mucho más abstracta. Quien espere una de vikingos al uso ya puede probar con otra cosa. Si nos entrara brega de concretar, podría considerarse una road movie metafísica con brotes de violencia ambientado en la época vikinga. Y de aquí no creo que pueda acortarse más. Muchos silencios contemplativos cubren el metraje, afianzando la idea de que la historia importa más bien poco. Lo que el realizador quiere es retrotraernos a aquella época lejana que no aparece en los libros de Historia, y donde los principios morales, frecuentemente ambigüos, eran el único arma a poseer en una penumbra tanto externa como interna. Y como en Fear X, hay mucho experimento con la fotografía. Las visiones del protagonista, el fuerte contraste entre el rojo y el azul, el mar invertido… Se dijo que Valhalla Rising es al cine de vikingos lo que 2001 al cine de ciencia-ficción, y no iban mal encaminados.

La siguiente película proyectada, y no menos radical, fue Un lac. Philippe Grandrieux coge inspiración de la Nouvelle Vague, y se marca una peli donde apenas quedan claros dos o tres puntos del argumento. Siendo uno de los pocos a los que les gustó la película, he de reconocer que no es fácil entrar en ella, y menos si se tiene un bagaje cinematográfico poco heterogéneo. Situándose, digamos, en el punto medio que separa a Picnic en Hanging Rock de Gerry, la propuesta de Grandrieux es libérrima, y depende en todo momento de la interpretación del espectador, pero no llega a dejar la página “en blanco”, hay unas pesquisas (mínimas) que se siguen y redondean una experiencia conjunta entre el autor y el espectador. Se privan a las emociones de contexto para darles así mayor alcance. El tembleque de cámara deliberado en momentos de tensión (física o psicológica), los juegos de desenfoques como metáfora de la unión del hombre con la naturaleza (hay momentos en los que el desenfoque no deja atisbar dónde empieza el contorno del caballo y dónde termina el del amo subido a él). A la salida, reporteros de un canal me preguntaron qué me había parecido la película, y yo contesté con la impresión que me había dado: que era el único de la sala al que le había gustado.

Hasta el viernes 7 no volví al festival, y lo hice para ver Left Bank e Infectados (que ya había visto). La calidad y el interés de ambas, comparadas con las del martes, estaba a niveles subterráneos, en la catacumba más perdida. Mientras que Infectados al menos consigue entretener, Left Bank es una estupidez considerable que no sabe a dónde ir en ningún momento. Polvos light tediosos de 5 minutos, historieta de rituales satánicos superficial reciclada de La semilla del diablo, relación de pareja bobalicona y un final curioso, como pretendiendo que 2 minutos vayan a compensar todo lo anterior.

He de reconocer que sólo me quedé a ver Infectados porque David Pastor iba a venir a presentarla y me apetecía hacerle un par de preguntas. La película en sí, teniendo en cuenta que es un primer proyecto y que está bajo el manto de una productora americana, no está nada mal. Tiene escenas de impacto, como el “accidente” con la niña y Piper Perabo, la irrupción de los científicos en la casa o la escena inicial. Pero el ego del protagonista, que no molesta por gilipollesco sino por estar presente en todo momento ypor no estar controlado desde la mano de dirección, junto con la impronta comercial que lleva a la película por los derroteros habituales, la restringen a poco más que simple entretenimiento. Tampoco se hace mucho esfuerzo en eludir las comparaciones con 28 días después (las “reglas de infección”) o La carretera (el final melodramático). Después, en la rueda de prensa improvisada, David Pastor se portó genial, contestando a todas las pregunta y dando datos a diestro y siniestro de temas de producción y rodaje (cosa que se agradece).

Ya sólo queda un día del que hablar, el domingo 9. Probablemente fue el mejor, ya que pude ver en pantalla grande Qué fue de Baby Jane? y Psicosis (la he visto varias veces pero no quería perder la oportunidad de hacerlo en pantalla grande). La película de Robert Aldrich fue todo un sorpresón. Una Bette Davis inconmensurable, historia de egos infinitos y viejas glorias con relaciones familiares malsanas, una película perfecta para hacer sesión doble con El crepúsculo de los Dioses. No hay nada más que entusiasmo en la experiencia de escuchar el score de Bernard Herrmann a tope y contemplar (de nuevo) la rabiosa contemporaneidad del clásico de Alfred Hitchock, del que se ha copiado desde el giro final, hasta planos o situaciones concretas.

En resumen, balance muy positivo en la 2ª vez que asisto al FANT, gracias en parte a la amabilidad del gabinete de prensa (se me perdieron los pases de prensa y no tuvieron inconveniente alguno en darme otros dos), y en parte a una programación que, aún pecando de irregular, ha ofrecido piezas muy sugestivas.

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