Bug: la locura está a la vuelta de la esquina.

julio 21, 2011 at 9:42 pm (Críticas, Mis críticas)

¿Os ha pasado alguna vez que creéis entender algo de cierto modo y luego os dais cuenta de que la realidad era muy diferente? A mí sí. Lei un texto titulado María, en el que se hablaba de alguien que no sabe hacer nada bueno por nadie pero todo el mundo acude a ella. Yo deducí que era una personificación de la droga, pero luego me dijeron que no, que el texto estaba escrito de forma completamente literal. Algo parecido narra Bug (William Friedkin, 2006), aunque a un nivel mucho más enfermizo.

Si Friedkin no ha rodado ninguna película desde Bug, es porque esta es un salto al vacío, puro riesgo, y sin duda asustará a todo productor que se plantee apostar por su siguiente trabajo. Y es que Friedkin ha hecho no sólo una película plenamente coherente con el resto de su filmografía, sino una que exacerba sus rasgos autorales. En Bug, una ambigüedad creciente se va apoderando de los personajes, un cambio interno provocado por los vericuetos más turbios de la sociedad. De aquí se exhala un ambiente malsano que va de la mano con la psique torturada de los personajes.

En este caso, una Ashley Judd que, lejos de estar en horas bajas, se entrega devotamente al papel y borda sin complejos el retrato de una lesbiana que intenta purgar el mal que le han causado los hombres con la bebida. El personaje que interpreta Michael Shannon supone para ella la posibilidad de rehacer su vida, aunque le cubre un manto de dudas. Al principio le presentan como un asesino en serie, más tarde no parece más que una persona tímida y luego algo mucho más oscuro. Lo que está claro es que Shannon es capaz de hacer pasar a su personaje por todas esas etapas resultando no sólo creíble, sino intimidante, peligroso. Por algo es uno de los mejores actores de su generación y de la actualidad (otra prueba de su talento es su papel de Van Alden en Boardwalk Empire).

Tras una primera media hora en la que ambos caracteres se van definiendo, evolucionando, llega la paranoia. Y con ella la mutación de la personalidad del individuo (una constante en el cine de Friedkin). Todo ello apoyado en un ambiente opresivo entre cuatro paredes y la interacción entre los dos intérpretes principales. El origen del guión es un obra de teatro, así que esa interacción tiene mucho de teatral. Los escasos recursos de puesta en escena se suplen con una intensidad candente en las miradas de Judd y Shannon, un bis a bis impetuoso, violento y de una tensión a prueba de escépticos. Incluso cuando el guión elabora unas cada vez más rocambolescas teorías conspirativas, escucharlas a través de la voz de ambos actores las hace casi tangibles.

Friedkin también se ha caracterizado por no cortarse nada en los finales. El de Vivir y morir en L.A. nos dejó a muchos atónitos, y el de esta no es para menos. Un escupitajo a la ortodoxia, una conclusión terrible que cierra con broche de oro el discurso paranoico sobre el que gira la película: las tretas que elabora nuestro cerebro para crear una falsa realidad racionalizada y, por tanto, creíble. Ver sólo lo que uno quiere ver. Y con ese final se confirma, por si no había quedado claro, que William Friedkin tiene un par de huevos.

1 comentario

  1. katamotz said,

    Pues no conocía la película, pero tomo nota.

    Michael Shannon es muy grande. A ver si va ganando relevancia y papeles mayores.

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