ZINEMALDIA 2012: Summer Outside.

septiembre 29, 2012 at 8:23 pm (Críticas, Festivales)

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Continúo con la tónica de hablar de películas que lo necesitan. Summer Outside es una película alemana dirigida por la debutante Friederike Jehn, que cuenta la historia de una familia que se muda con su familia de Alemania a Suiza con la intención de sanar la dañada relación de sus padres. Durante el verano, caluroso como pocos, la distancia entre los miembros de la familia se irá agrandando.

Summer Outside probablemente se haya beneficiado de estar en la sección que está (Nuevos Directores). Cuando el tedio es costumbre, sorprende ver una película tan bien narrada como esta; en el país de los tuertos el ciego es el rey. Pero el debut de Jehn tiene poco de tuerto. El guión es sencillo, pero rico en matices. Con una sencilla estructura en la que se exploran los dramas de cada miembro de la familia, desarrolla los conflictos de forma clara y no cae en la reiteración. Vemos a un matrimonio en ese estado en el que cualquier minucia cotidiana es motivo para discutir durante horas, un hijo de frágil salud y probablemente autista, un vecino amable pero perturbado y una hija mayor con demasiadas preocupaciones.

Y es la hija mayor, Maria Victoria-Dragus (La cinta blanca), quien realiza una interpretación estupenda, metiéndonos en la piel de una adolescente que tiene que cargar con el peso de su familia. Para escapar de ese peso, sueña con volar en un globo con los colores del arcoiris. Ella será la encargada de vigilar que sus padres sean responsables, quitándoles las copas de las manos cuando están borrachos y velando por su reconciliación. Al mismo tiempo, tiene dificultades para encajar en la escuela y el chico que le gusta se lía con otra cuando le confiesa que es virgen. Resulta muy difícil no identificarse con sus problemas, y la prístina expresividad de la actriz funciona como un espejo de las vivencias del espectador.

Summer Outside es una película agradable y ante todo, bien hecha. No carga las tintas te lo dramático ni reinventa la rueda, pero el desarrollo y el tratamiento de personajes es sensible y atento, haciéndote ver en todo momento las motivaciones y emociones no habladas de los personajes. Más como esta en la sección Nuevos Directores, por favor. 

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ZINEMALDIA 2012: El último Elvis.

septiembre 28, 2012 at 8:20 pm (Críticas, Festivales)

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Hay varias películas en el Zinemaldia que no me han gustado, desde la absurdez de Venuto al mundo a las clásicas pelis de festivales que juegan a la ambigüedad para esconder el vacío (Shell, Carne de perro). Pero he decidido centrarme en las que me gustan. ¿Para qué hablar de lo que no merece la pena si hay joyas escondidas como esta que merecen apoyo? Porque esta más que Beasts of the Southern Wild y otras indie-darlings, necesita que se hable de ella.

El último Elvis cuenta la historia de un imitador de Elvis agarrado a sus sueños que lucha con una realidad cotidiana que no deja de ponerle trabas. Es ante todo la historia de una lucha interior, una lucha en la que los sueños y la confianza en el talento propio se defienden con lanzas y escudos ante el asedio de una gris realidad que quiere derribarlos. Suena conocido, pero cuando una historia rebosa honestidad los tópicos se convierten en personajes reales con libre albedrío, que piensan y sienten sin la sensación de ser guiados por un guionista. Esta credibilidad necesita ante todo la ayuda de unos intérpretes de altura, y en este caso vaya si la tiene.

La película del debutante Armando Bo triunfa sobre todo por una actuación estelar del protagonista, John McInerny, que embute de honestidad y calidez al personaje y resulta empático al público incluso cuando sus acciones no son especialmente ejemplares. No sólo empatizas, sino que hasta puede que compartas su desazón. Su frustración ante una sociedad aborregada que no repara ante el talento individual, y su confianza ciega ante unos sueños que se van haciendo más y más lejanos pero siguen bulliendo intensamente en el interior. La relación con su hija resulta especialmente tierna, sin manipulaciones de por medio. Pura química actoral y afecto que traspasa la pantalla.

La música aquí brilla con luz propia, con unos covers de Elvis increíbles entre los que destaca una magnífica versión de Unchained Melody ante la que es imposible contener la emoción.. Otro de sus puntos fuertes es la fotografía. Con travellings suaves y elegantes que ayudan a sumergirse en la trama y hacen vibrar los recitales del protagonista. Se nota que la película ha sido muy cuidada en posproducción, con tonos saturados que oscilan entre marrones y ocres, y un regusto a 35mm muy de agradecer tras la revolución digital. Especial atención se ha dado también al uso de la luz, sobre todo en las escenas de los conciertos. Hay unos contraplanos con luces de fondo excelsos.

Los mejores momentos de la película provienen de la unión de estos dos atributos. Mientras “Elvis” toca Unchained Melody, podemos ver en la tapa del piano el reflejo de las luces nocturnas de la ciudad, y luego vemos las luces a través de la ventana, sugiriendo una bella metáfora. Siempre se nos niega el contacto directo con los sueños, siempre ha de ser a través de un filtro, un reflejo o una verja. Elvis ve cómo su futuro brilla al exterior, sus sueños relucen sin que él pueda alcanzarlos, mientras que ahí dentro, en el local, la gente empieza a captar el esfuerzo de su actuación y aplaude con sinceridad. ¿Es posible que la realidad y los sueños se reconcilien finalmente creando una armonía perfecta en el individuo? 

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ZINEMALDIA 2012: Beasts of the Southern Wild.

septiembre 26, 2012 at 8:18 pm (Críticas, Festivales)

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‘Beasts of the Southern Wilde’ el debut en la dirección de Benh Zeitlin que deslumbró en Sundance y ahora en San Sebastián. La historia cuenta las desventuras de Hushpuppy, una niña de seis años que quiere ayudar a su padre a defender su hogar contra las inclemencias de la naturaleza.

El mundo en el que vive es uno sin reglas, desaliñado pero lleno de libertad. La película comparte los atributos del mundo que enmarca; se trata de una película de estructura desordenada y que se dirige un poco hacia la deriva, pero también está provista de una fuerza incontrolada y adictiva.

Así como su frescura resulta innegable, el debut de Benh Zeitlin también cae en algunos clichés que enturbian parcialmente el resultado final. La cámara en mano es uno de ellos. En algunos casos es efectiva y aporta dinamismo a las escenas, pero otras muchas sólo sirve para marear y confundir al espectador (aunque esta comparada con Los juegos del hambre es como una de Eric Rohmer). Conste que no critico la técnica (cámara en mano), sino su aplicación.

Otro de sus fallos es la búsqueda insaciable de la emoción. La historia tiene material suficiente para asegurar la aparición de esta sin tener que recurrir a trucos ni enfermedades terminales. Y sin embargo, parece que Benh Zeitlin no confía del todo en las posibilidades de su obra, incorporando elementos genéricos que molestan precisamente en esta película más que en cualquier otra. La errada creencia de que el método más efectivo para hacer llorar es mostrar a una persona llorando.

Hay algo en Beasts of the Southern Wild que la redime de sus fallos. Es un impulso incontrolado, una actitud libertaria de la cámara que nos brinda imágenes desesperadas.

El mundo que Beasts of the Southern Wild reivindica es uno desaliñado, sucio y ciertamente. Pero también es uno libre de prejuicios, dogmas culturales y sociales, en el cual poder correr a tus anchas sin que nadie te avise con desdén de que se te está bajando el pantalón  Tal vez este estilo de vida no sea mejor que el nuestro. Tal vez sí. Pero ambos estilos de vida tienen algo de lo que aprender.

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ZINEMALDIA 2012: Amour.

septiembre 24, 2012 at 8:17 pm (Críticas, Festivales)

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Los fans de Michael Haneke conocen su estilo, y sus detractores también. A estas alturas juzgar como insultantes algunas de sus decisiones carece de crédito. Haneke quiere jugar contigo, y no se va a andar con rodeos. Te expondrá temas incómodos, te los restregará en la cara, hará de tu posicionamiento en la historia una tarea ardua, y te golpeará donde más duele. Ahora te toca a tí decidir si tienes la suficiente entereza como para aguantar el viaje.

‘Amour’ es una película sobre el proceso de descomposición humano. Lento, doloroso, incómodo. La película se impregna de todos esos atributos, y aunque nuestra sensibilidad nos inste a apartar la mirada, no podemos. Porque todo lo que Haneke nos cuenta, al margen de si es perturbador o no, es eminentemente humano. A esto ayuda el estilo austero de Haneke, despreciando el concepto de música como subrayador emocional y manteniendo planos que siempre encierran una interpretación a rescatar. La única concesión que le da a su naturalismo, es una secuencia onírica que no podría ser más relevante. Esta nos sumerge aún más en la oscuridad del tema principal, invitándonos a saborear el nihilismo y la crisis existencial.

Tanta oscuridad sería insoportable sin dos intérpretes tan sumamente humanos. Jean Louis Trintignant interpreta al esposo de Emmanuelle Riva, que lleva como mejor sabe la tarea que le ha tocado y que cae simpático desde el primer momento. Hasta cuando se queja sobre algo cae simpático, pues no es egoísmo, sino frustración al no poder amar a alguien que no quiere ser amado. Emmanuelle Riva aporta veracidad a un papel difícil e incómodo.  Y valiente es Emmanuelle Riva, ante todo, ya que este papel requiere de una gran disposición psicológica y es imposible no verse afectado personalmente. Isabelle Huppert supone un pequeño alivio ante la rutina deprimente de la pareja. Sus lloros comulgan con los lloros contenidos del espectador, que probablemente también tenga un pariente en estado similar.

Amour es una curiosa paradoja: una película necesaria que no recomendaría, porque rompe con el espíritu evasivo del cine y no hay sensaciones positivas a las que acogerse. Entrar a una sala de cine no para huir de la realidad, sino para enfrentarse a ella, escarbar y sacar la pudredumbre que nadie quiere ver pero que anida en nuestros corazones. Porque todo lo que cuenta ‘Amour’ es una verdad ineludible.

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ZINEMALDIA 2012: Argo.

septiembre 23, 2012 at 8:15 pm (Críticas, Festivales)

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Argo es la tercera película como director de Ben Affleck. Ambientada en 1979, cuenta cómo la embajada de los Estados Unidos en Teherán fue ocupada por un grupo de iraníes, la CIA y el gobierno canadiense organizaron una operación para rescatar a seis diplomáticos estadounidenses. Con este fin se recurrió a un experto en el arte del disfraz y se preparó el escenario para el rodaje de una película (“Argo”), en la que participaba un equipo de cazatalentos de Hollywood.

Para su tercer largometraje, Ben Affleck se ha servido de un hecho real repleto de interés, no ya por la improbabilidad de su éxito, sino por la cantidad de aristas sociales que tiene. Tal vez en ese aspecto la película se quede algo corta. Ben Affleck dirige con eficiencia, pero su visión no alcanza a cubrir todas las capas del conflicto. Durante una escena en un mercadillo, vemos cómo un vendedor se queja a los protagonistas por sacar una mísera foto de su comercio, gritando que a su hijo lo mató una pistola americana. Como estamos completamente involucrados en la misión de los protagonistas, el vendedor no supone más que un estorbo para la misión; cuando en realidad, el núcleo de la cuestión es otro: los años de aguante de un pueblo que ha sufrido penurias y abusos, y cuya rabia contenida acaba explotando en un lugar inadecuado frente a la gente inadecuada.

Aun con sus limitaciones, Argo es la mejor película de Ben Affleck hasta la fecha. Mucho mejor que The Town (aquella versión amateur de Heat repleta de clichés y personajes estereotípicos). Aquí se evita el fallo de los tópicos a costa de pasar muy de puntillas en la descripción de personajes. Los registros expresivos de Ben Affleck siguen siendo escuetos, y su barba de tres días podrá dar credibilidad a la historia de padre divorciado, pero no consigue que nos importe. El grupo de secuestrados está integrado por estupendos secundarios que van desde la estrella emergente Scott McNairy (se le puede ver también en Killing Them Softly) hasta Clea DuVall (Carnivàle) y es una pena que no sepamos más de ellos. A los que sí se aprovecha es a John Goodman y Alan Arkin, hilarantes como productores de la space-opera.

Con todo, Argo es una película entretenida en repleta de tensión en su último tercio, valiente en un retrato del conflicto que no cae en el esquematismo (americanos-buenos/iraniés-malos), pero que tampoco se explora plenamente. Se agradecen también los toques de humor en el tramo en el que buscan productor y asociados para la película de ciencia-ficción. Como en The Player de Robert Altman, las mentiras y bajezas que se esconden tras la alfombra de un reluciente Hollywood sólo pueden ser tratadas con un sardónico sentido del humor.

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