ZINEMALDIA 2012: Argo.

septiembre 23, 2012 at 8:15 pm (Críticas, Festivales)

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Argo es la tercera película como director de Ben Affleck. Ambientada en 1979, cuenta cómo la embajada de los Estados Unidos en Teherán fue ocupada por un grupo de iraníes, la CIA y el gobierno canadiense organizaron una operación para rescatar a seis diplomáticos estadounidenses. Con este fin se recurrió a un experto en el arte del disfraz y se preparó el escenario para el rodaje de una película (“Argo”), en la que participaba un equipo de cazatalentos de Hollywood.

Para su tercer largometraje, Ben Affleck se ha servido de un hecho real repleto de interés, no ya por la improbabilidad de su éxito, sino por la cantidad de aristas sociales que tiene. Tal vez en ese aspecto la película se quede algo corta. Ben Affleck dirige con eficiencia, pero su visión no alcanza a cubrir todas las capas del conflicto. Durante una escena en un mercadillo, vemos cómo un vendedor se queja a los protagonistas por sacar una mísera foto de su comercio, gritando que a su hijo lo mató una pistola americana. Como estamos completamente involucrados en la misión de los protagonistas, el vendedor no supone más que un estorbo para la misión; cuando en realidad, el núcleo de la cuestión es otro: los años de aguante de un pueblo que ha sufrido penurias y abusos, y cuya rabia contenida acaba explotando en un lugar inadecuado frente a la gente inadecuada.

Aun con sus limitaciones, Argo es la mejor película de Ben Affleck hasta la fecha. Mucho mejor que The Town (aquella versión amateur de Heat repleta de clichés y personajes estereotípicos). Aquí se evita el fallo de los tópicos a costa de pasar muy de puntillas en la descripción de personajes. Los registros expresivos de Ben Affleck siguen siendo escuetos, y su barba de tres días podrá dar credibilidad a la historia de padre divorciado, pero no consigue que nos importe. El grupo de secuestrados está integrado por estupendos secundarios que van desde la estrella emergente Scott McNairy (se le puede ver también en Killing Them Softly) hasta Clea DuVall (Carnivàle) y es una pena que no sepamos más de ellos. A los que sí se aprovecha es a John Goodman y Alan Arkin, hilarantes como productores de la space-opera.

Con todo, Argo es una película entretenida en repleta de tensión en su último tercio, valiente en un retrato del conflicto que no cae en el esquematismo (americanos-buenos/iraniés-malos), pero que tampoco se explora plenamente. Se agradecen también los toques de humor en el tramo en el que buscan productor y asociados para la película de ciencia-ficción. Como en The Player de Robert Altman, las mentiras y bajezas que se esconden tras la alfombra de un reluciente Hollywood sólo pueden ser tratadas con un sardónico sentido del humor.

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