FANT 2013: Stoker.

mayo 6, 2013 at 8:37 pm (Críticas, Festivales)

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‘Stoker’ ha sido la encargada de inaugurar el FANT, y no podría haber sido una mejor elección. El debut de Park Chan-wook en Estados Unidos sorprende, pues conserva todas sus características estilísticas, su creatividad y tampoco se corta en cuanto a la turbiedad de la historia. Con ecos al Hitchcock de ‘La sombra de una duda’, Stoker nos cuenta la historia de India, una joven que sufre la pérdida de su padre, unida a la llegada de su tío Charlie, que trastoca todo su mundo y la lleva a una espiral de sentimientos encontrados de la que será difícil escapar indemne.

El guión de Wentworth Miller (Michael Scoffield en Prison Break) puede mirarse de menos por su simpleza, pero desde el monólogo inicial ya apunta a ser algo más: una voz en off nos advierte de cómo elementos externos pueden definirnos más que las cosas que creíamos propias. Miller consigue un sutil retrato psicológico de sus tres personajes principales, que Chan-wook se encarga de expandir y enriquecer con su talento tras la cámara. Tenemos a India, una introvertida adolescente, que es posible que padezca el síndrome de Asperger (una versión ligera de autismo). Se pasea por su casa como esperando algo, y es hipersensible a los estímulos externos (hay que mencionar aquí la estupenda labor de sonido) hasta el punto de que puede presentir cosas que todavía no han pasado. En sus clases de dibujo pinta la decoración interior de un jarrón que escapa a la vista a la mayoría, y su vida es análoga a esta acción; posee dones que la mayoría no comprenden. Pero entonces llega Charlie, tal vez aquello que ella esperaba. A pesar de la diferencia de edad, sienten una conexión intangible desde la primera vez que se miran. Matthew Goode hace probablemente la mejor actuación de la película, con un personaje que resulta terrorífico, empático y vulnerable no sólo en la misma película, sino en una misma escena. Utiliza su carisma para manipular y es claramente psicótico, pero sus deseos son parecidos a los de cualquiera: encontrar alguien a quien amar y que le comprenda. Colin Firth estaba inicialmente previsto para el papel, pero por suerte no pudo hacerlo, porque es uno de esos accidentes afortunados. A pesar de que Firth sea un buen actor, carece de ese aura oscura y burlona de Goode. Por último, Nicole Kidman interpreta a la madre fría y distante, que está un poco de telón de fondo pero tiene un monólogo demoledor hacia el final de la película, en el que se pregunta qué ha hecho mal y por qué tiene una hija que no la ama.

Park Chan-wook llena la película de recursos estilísticos y simbolismos hacen que trascienda las ataduras de la narrativa convencional, dándole otra dimensión en la cual el espectador tiene más que decir. A India le regalan una llave por su cumpleaños. Lástima que el mismo día de su cumpleaños su padre muera y esa llave pueda significar su entrada en la amargura de la edad adulta. Los zapatos que le regalan cada cumpleaños nos hablan de alguien que ha estado siguiendo sus pasos. Suele pasear por su jardín colocándose en la misma postura que las estatuas, reflejando que su historia no es sólo la suya, sino la de muchas otras jóvenes que han venido antes que ella. En cierto momento, India ataca a un chico con un lápiz, que podría ser visto como una estaca, aludiendo al vampirismo (su apellido “Stoker” también es una referencia bastante clara). En la escena de la ducha, probablemente la mejor de la película, descubrimos la naturaleza de India. El barro que la cubre es su vergüenza ante esta revelación. En el dueto de piano (¿imaginado?) nos muestra el deseo sexual elevado por el arte y por la habilidad única en tocar esa pieza que sólo ellos dos comparten. En esa maravillosa transición del pelo a la hierba se reivindica lo sensual y el poder evocador que tiene para transportarnos al pasado… Esta enorme carga simbólica y recursos estilísticos pueden abotargar o fascinar dependiendo de la persona. Yo me encuentro entre los segundos.

‘Stoker’ es una interesantísima y original película, prueba de que todavía hay gente que valora al espectador, instándole a colocarse en una posición activa y no pasiva. Tal vez la sugestión y la creatividad estilística no vendan tantas entradas como la exposición y los guiones que encadenan acontecimientos sin descanso, pero siempre estarán más cerca del verdadero cine. Cierto que a veces el expresionismo puede resultar excesivo (las frases de las cartas apareciendo en el espacio real, como el Peter Greenaway desbocado de ‘Prospero’s Books’), pero se agradece una propuesta que no tiene miedo en proclamar una identidad propia frente al imperante vacío genérico de la masa.

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