‘El péndulo de la muerte’, de Roger Corman.

junio 10, 2013 at 8:40 pm (Clásicos de ayer y de hoy, Críticas, Curiosidades)

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Una carreta se abre paso entre un paisaje desolado. El joven que viaja en ella contempla el lugar con el adictiva combinación de curiosidad y temor. Al fondo, se divisa un castillo entre nebilna. El conductor, paralizado por el miedo se niega a continuar, y el joven se ve obligado a viajar a pie hasta su destino. Con estas indicaciones, pareciera que nos encontramos ante la enésima adaptación de ‘Drácula de Bram Stoker’, pero no. Sencillamente, es un comienzo que siempre resulta efectivo, y sirve para todo cuento gótico que pretenda atrapar al espectador desde el comienzo. No encontraremos colmillos en el castillo en el que se desarrolla la historia de Pit and the Pendulum, pero sí misterios igual de aterradores.

Pit and the Pendulum está basada en el relato homónimo de Edgar Allan Poe. El relato es una immersión en el estado mental de un torturado por la Inquisición. Es mi relato favorito de Poe y lo considero una metáfisica del dolor. Se recogen con elocuencia las sensaciones e ideas filosóficas que se desprenden de la agonía de un hombre torturado por la Inquisición. Los últimos resquicios de miedo de quien está a punto de expirar, su lucha consigo mismo para poder alcanzar cierta calma cuando llegue el momento, y los momentos de lucidez que le instan a apreciar el presente como nunca antes lo había hecho. La película prescinde casi por completo de lo narrado en el relato hasta el clímax. El guión de Richard Matheson crea toda una trama alrededor, remitiéndonos al relato sólo en espíritu y atmósfera. En la España del siglo XVI, Francis Barnard viaja hasta el castillo de su cuñado Nicholas Medina (Vincent Price) para investigar la muerte de su hermana Elizabeth. Nicholas y su hermana menor Catherine explican a Francis que Elizabeth falleció a causa de una extraña enfermedad. Pero la información que Francis recibe es vaga, y decide instalarse en el castillo hasta averiguar la verdad sobre lo ocurrido. El guión acierta en desviarse del tratamiento explícito de la tortura en el relato, y en sugerirla sólo mediante flashbacks. Aquí, la tortura es un eco. Un objeto de fascinación para quienes pasan sus dedos por entre los letales instrumentos de la Inquisición y creen poder oír los gritos de todas las almas que allí perecieron. Así, aunque a simple vista se haya omitido casi todo el relato, el recuerdo de lo ocurrido vaga como un espíritu por el castillo. Sigue siendo la piedra angular del relato, la perdición para los curiosos y la semilla que alimenta la obsesión del personaje de Vincent Price.

Considero que es esta la mejor de todas las adaptaciones que realizó Roger Corman de Poe. La razón se encuentra en el mimo y cuidado con el que obviamente se realizó, en el inteligente guión de Richard Matheson y sus guiños a otros cuentos del maestro (la exhumación del cuerpo de Elizabeth nos remite a ‘El gato negro’) y en su atrapante atmósfera: la dirección artística está muy cuidada a pesar del ínfimo presupuesto (300.000 dólares para una película que requiere de mucho trabajo de recreación). Los pequeños detalles y piezas de utilería que pueden verse en los rincones aportan credibilidad al conjunto. Hay también un aprovechamiento del espacio destacable: se quitaron las pasarelas del techo del estudio, creando así un efecto de mayor altura y profundidad en el escenario. Varios paseos subjetivos por las estancias del castillo con una cámara de gran angular ayudan a sembrar inquietud, y la ocasional inclinación de la cámara sirve para reflejar el quiebre psicótico del personaje de Vincent Price. Por último, los flashbacks están fotografiados de forma monocromática (película azul teñida de rojo de la que se extrae un onírico morado), por la creencia de algunos psiquiatras de que los sueños se perciben de esa manera. Nunca sabemos si estamos viendo flashbacks en el sentido ortodoxo o delirios del personaje… En todas estas decisiones que difieren del material de origen, reconocemos a un Corman que ve lo prescindible de reproducir acontecimientos exactos de un relato y adaptarlos tal cual. No cae en ese pobre entendimiento de la adaptación como libro ilustrado en el que han caído tantos directores, y que supone un desaprovechamiento de las posibilidades del medio. Mientras que la raíz y la idea madre sigan en pie, el texto admite todo tipo de cambios.

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Otro detalle que puede pasar desapercibido pero que habla de la atención puesta en la realización es la primera aparición de Vincent Price. El protagonista abre la puerta, en cuya parte superior hay una tela de araña. La puerta se abre y aparece Vincent Price. Sus ojos aparecen oscurecidos por la sombra de la tela de araña, sugiriendo que el tiempo ha hecho mella en la psique de este hombre y que se despierta de un gran letargo, en el cual no ha tenido contacto alguno con el mundo exterior. En otra escena, el cuadro con el rostro de la mujer se mezcla con el fuego. Este plano siembra la ambigüedad sobre su papel. No sabemos si es fue víctima o una malvada que desencadenó varias muertes incluyendo la suya.

En la revelación final, se nos muestra una de las constantes temáticas de Poe: la naturaleza cíclica de la obsesión. La profecía autocumplida. El miedo a formas monstruosas, miedo que va moldeando al individuo y, poco a poco, le convierte en el mismo objeto de su temor. Ya que sólo mediante la consumación de sus pesadillas puede hallar el loco su tan ansiado descanso. La imaginería del lugar, con las sombras, los ojos de un rojo demoníaco y el filo del péndulo, tensa un clímax ya de por sí inquietante: el protagonista atado a una mesa sobre la cual oscila un péndulo que, poco a poco, amenaza con cortar su estómago en dos. Y aunque el filo del péndulo no resulte tan amenazador como en las vívidas descripciones de Poe, sí consigue que temamos por el destino del protagonista y deseemos cualquier cosa menos estar en su pellejo.

Gran parte del impacto del relato original radicaba en su nota esperanzadora al final. Sin ese último párrafo, el cuento podría haberse considerado un regodeo en el sufrimiento rozando lo insoportable. Hasta la oscuridad de la mente de Poe vio el poder que tiene un rayo de luz en la oscuridad circundante. Le da contraste y perspectiva, y los horrores de los que se hablan adquieren mayor volumen y relevancia; pues entrar en los crueles abismos de la mente humana sólo es soportable si al mismo tiempo se nos muestra el letrero de salida. La película hace el recorrido inverso. Se resiste a mostrarnos como real el mundo de pesadilla que sobrevuela la mente de Nicholas Medina, y ese letrero de salida también conocido como “escepticismo” está siempre al alcance del espectador. Pero cuando las evidencias apuntan en cierta dirección, el letrero se apaga. La última escena de ‘Pit and the Pendulum’, claustrofóbica y agónica, invita a revivir las sensaciones que transmite el relato de Poe. También redondea una fábula sobre el poder destructor no sólo de los horrores perpetrados por el hombre, sino del trauma que anida en la mente del desafortunado testigo.

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Opera, de Dario Argento.

marzo 18, 2013 at 8:32 pm (Clásicos de ayer y de hoy, Críticas, Curiosidades, Directores, Reflexiones)

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Observamos la platea de un teatro desde los ojos amenazadores de un cuervo. Este es más consciente que nadie del desastre que está por venir. Intenta avisarnos con sus graznidos, pero los actores sólo ven en estos una molestia de la que deshacerse. Mediante planos secuencia se nos muestra el caos organizativo que se halla detrás de las bambalinas. Actrices con complejo de divas descontentas con cualquier detalle, productores buscando asegurar sus intereses mediante ruín condescendencia. La joven cantante de ópera Betty es escogida como suplente de la actriz principal en Macbeth. Betty es sensible, receptiva a las advertencias del cuervo. La función resulta ser un éxito, pero tanto los avisos del cuervo como los miedos de la actriz se ven consumados; un trágico incidente en uno de los palcos, una muerte que da coba para la superstición de una supuesta obra maldita.

El comienzo de Opera nos muestra a un Dario Argento en plena forma, tal vez como no lo vayámos a ver nunca más. Tras el inicio, se nos presentan un surtido de personajes sospechosos: un investigador que resulta ser fan de Betty, la asistente de esta o el propio director de la obra (Ian Charleson), misterioso y obsesivo. La muerte de unos irán descartando candidatos hasta la revelación final. Debe decirse que el guión cae en la ridiculez y desafía a la lógica en incontables ocasiones, declarándose como mera comparsa para plasmar los intereses estéticos y visuales de Argento. Pero es esa completa desfachatez, ese desparrame tan sincero, el que la sitúa por encima de otras propuestas medianas de Argento como Tenebre, que no terminan de apuntalar su potencial. En Opera todos los elementos recurrentes del cine Argento están en su mejor forma. El juego de colores (iluminación roja en la habitación de la protagonista cuando el peligro acecha), planos interiores de coches mientras la lluvia resbala por los cristales, y por supuesto, una cámara dinámica y juguetona. 

Esta es pues, una película que encuentra su mayor fuerza en lo cinético. Por tanto, es una película de momentos, en las que destacan dos especialmente. El primer encuentro entre la protagonista y el asesino. Este escoge el lugar más elegante posible para torturar a la protagonista. La ata, y pegando con celo unas agujas curvadas en el contorno de sus ojos, le obliga a observar el sangriento asesinato de su novio sin poder parpadear. Argento se detiene en los detalles escabrosos de este escena, pero a la vez está tan deliciosamente planificada que surge la paradoja que busca Argento, y por extensión el giallo: hallar placer en algo prohibido, convertirte en voyeur y no poder apartar la mirada de los actos del asesino… Probar la sangre y deleitarse ante su dulzura en vez de escupirla. Tal vez la visceralidad de las muertes tenga también relación con el contexto de la película, y es que a Argento no le dejaron dirigir la ópera de Verdi ‘Rigoletto”. No parece muy casual que tras ese chasco hiciera una película en la que se suceden asesinatos en un teatro donde se está preparando otra obra de Verdi…

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El otro momento que sobresale es el ataque del asesino en la casa de la protagonista. La iluminación exterior colándose por las persianas, los flashes verdes y demás elementos estéticos contribuyen a crear expectación para la escena del disparo tras la puerta. El modo en el que está rodada, con planos subjetivos de la mirilla, un imposible plano macro de la bala y una cámara lenta que muestra el recorrido de esta, hacen pensar en los momentos más álgidos de Brian De Palma. Tras esa gran escena, una niña salida de la nada guía a la protagonista por un pasadizo a lo Misión Imposible. Al parecer se pasaba el día espiándola porque sus padres discutían mucho. Sí, tal es la desfachatez del guión. En Opera conviven lo mejor y lo peor. Si estás atado a la lógica y gritas en desesperación cada vez que los personajes de una película hacen algo que va en su contra, no te acerques a este film. Si por el contrario gustas de emociones viscerales, estética refinada y no te chirría el contraste entre una dirección virtuosa y un tontuno guión, disfruta del viaje.

La ambivalencia cualitativa se ve con claridad en la escena de la última representación teatral. Se liberan a una manada de cuervos en el teatro con el dudoso fin de capturar al asesino (¿Tienen los cuervos un sexto sentido? ¿Lleva el asesino perfume de cuervo?). En realidad, no es más que una excusa para que Argento pueda emplear unos planos subjetivos moviéndose en círculos, que recuerdan a ‘La Doble vida de Verónica’ de Kieslowski y acaban mareando más de la cuenta. Aquí el exceso clama por un motivo de peso que lo sustente. Pero inmediatamente después, un cuervo arranca un ojo del asesino y lo saborea con el pico hasta comérselo. Otra vez, el espectador se debate entre desdeñar la ridiculez del conjunto o valorar su inaudita extravagancia. Porque cuando crees que ya lo has visto todo, te sorprenden con ese final a lo Terrence Malick, que no tiene nada que ver en tono a  anteriormente visto, pero que tampoco está exento de significado. Una chica que ha sufrido y ha sido torturada en compañía de humanos, acaba encontrando en las flores y la naturaleza su último refugio.

 

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El vientre del arquitecto: La arquitectura del alma.

diciembre 6, 2012 at 8:02 pm (Clásicos de ayer y de hoy, Críticas, Curiosidades, Reflexiones)

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La arquitectura construída por el hombre es la carne visible de una ciudad. Cuando nos paramos frente a una obra arquitectónica no estamos viendo una “cosa”. Estamos contemplando la resulta de la dedicación de muchos antepasados. En el intestino humano se concentra la mayor parte de carne humana, preparada para ser convertida en carne de polis. No es de extrañar pues, que para el arquitecto de esta película el vientre suponga una obsesión. La carne es su potencial y su inspiración, y el vientre que a duras penas la alberga es su enfermedad.

El vientre de un arquitecto comienza con Kracklite, el protagonista, llegando al orgasmo mientras entra en tierras italianas. Esa misma noche, preside la inauguración de la exposición de Boullée que dirige, donde se da lugar una escena que agradezco mucho, como amante del cine: la reivindicación del aplauso. Aplaudir frente a una gran obra como reconocimiento de su mérito artístico (por desgracia una costumbre ya casi extinta). A partir de esa noche todo va cuesta abajo para Kracklite. Tras la inauguración de la exposición de Boullée, sus socios roban dinero de la exposición, y para más inri, uno de ellos tiene una aventura con su esposa. La serie de desafortunados eventos le provoca el agudo dolor en el vientre al que se hace referencia en el título. ¿Dolor artístico? ¿Existencial? ¿Llevar el peso del arte en las venas y sufrir con él? Como él mismo dice: “A veces es redondo, otras veces se siente como un cubo. La mayoría del tiempo se siente como una pirámide egipcia. ¿Los faraones sufrían de calambres estomacales?”. También es digno de mención que el dolor se produzca mientras su mujer está embarazada. ¿Miedo ante la punzante responsabilidad de la paternidad?

Este marco de declive personal sirve a Peter Greenaway para criticar las infraestructuras anti-ideológicas que sustentan un arte siempre ideológico, la instigada codicia fruto (podrido) del capitalismo, y cómo unos trepas sin talento se llevan la fama y reconocimiento que corresponde a otros mientras estos observan su obra en desesperanzado anonimato. Todas estas preocupaciones socio-políticas están presentes con una sutileza que las libra de lo plomizo. También podemos observar preocupaciones históricas que derivan en existenciales. En una escena, Kracklite conversa con su médico sobre gobernantes y grandes líderes mientras pasean junto a sus bustos: Adriano, Galba, Nerón… Todos comparten el modo de morir: miserablemente y gritando. Tras esta conversación, el médico se apoya en una pared mirando a Kracklite marcharse: otra gran mente atormentada que probablemente muera en tristes circunstancias y cuyo busto podrá encontrarse dentro de unos años en ese mismo lugar. El destino compartido de las mentes enfermas y geniales.

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Así como las preocupaciones temáticas y de fondo existen y son ampliamente visibles, la columna vertebral del cine de Peter Greenaway es otra: la estética. Greenaway jamás podrá dejar de lado sus preocupaciones estéticas. El cliché tan sobado “cuadros en movimiento” se vuelve completamente cierto, pero deberíamos especificar qué tipo de cuadros. No cualquiera, sino cuadros de grandes autores: De Chirico, Rembrandt, Jan Vermeer, Jan Six… La composición con ánimo pictórico de los planos está bendecida con el mágico barniz de lo atemporal, los encuadres perfectamente simétricos de enclaves romanos despiertan el sentido del asombro, los reflejos del agua nos sumergen en la melancolía, y la iluminación usando diferentes colores aporta un lúgubre misticismo y riqueza simbólica a un buen número de escenas. Tampoco conviene olvidar a un personaje de suma importancia en el cine de Greenaway: la música. En esta ocasión no viene firmada por Michael Nyman, su colaborador habitual, pero la partitura de Wim Mertens y Glenn Branca en unión con las imágenes logra momentos de sincera (y trascendente) emotividad. Con todo, no alcanza el nivel de magnificencia de El ladrón, el cocinero, su mujer y su amante (su obra magna y una obra maestra nunca lo suficientemente reconocida), pero se posiciona como una hermana pequeña muy precoz.

Se me escapan las razones por las que Peter Greenaway no es más reconocido entre la comunidad cinéfila (el hecho de que ni siquiera Criterion se haya molestado en editar sus obras decentemente en DVD puede tener algo que ver), y con películas como esta mi estupor aumenta. El vientre del arquitecto es, ante todo, cine vivo y abierto, de ese que tanto escasea últimamente. Aunque la trama pueda no resultar lo suficientemente precisa (no necesita serlo), es difícil ignorar las cualidades que encierra la película. Un Brian Dennehy inmenso, la música inolvidable de Wim Mertens y Glenn Branca, una fotografía repleta de colores oníricos que susurran significados, Roma como nunca antes la habías visto, escenas de pura magia (las fotos en la pared y el posterior beso tras las cortinas; el final…), las analogías bíblicas e históricas… Greenaway se ofrece a transportar nuestro bagaje vital al celuloide.

Ya sea mediante el esplendor arquitectónico de las ciudades, la desazón del artista verdadero encerrado en un mundo mercantilista, el miedo paternal o la odisea del autodescubrimiento, siempre queda espacio para proyectarte a ti mismo en la ficción. Y esa es una puerta que el arte siempre debe dejar abierta.

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Crítica: Los renegados del diablo.

febrero 22, 2012 at 7:56 pm (Críticas, Curiosidades)

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Hay en Los renegados del diablo una visión pesimista de la civilización. Aquel que sufre los palos y escupitajos de la sociedad reprime una furia enfermiza que más tarde liberará en contra de su opresor inicial. Se forma así un círculo vicioso en el que se alimenta la locura y la demencia, en el que víctimas inocentes son torturadas y asesinadas, pagan justos por pecadores y los antes justos corrompen a otros inocentes. Ese círculo vicioso de locura y depravación en los márgenes de la sociedad es el epicentro de la película, y es una idea que se transmite no sólo temáticamente, sino también formalmente (filtros y técnicas de montaje raras, inusuales, furiosas).

Rob Zombie ya había mostrado en La casa de los 1000 cadáveres (2003) unas particulares señas de estilo, pero en esta radicaliza su discurso y potencia las cualidades de su debut. Con Los renegados del diablo se aleja del terror más ortodoxo de La casa de los 1000 cadáveres, aunque vuelve a estar presente el referente, al parecer, perpetuo del director: La matanza de Texas de Tobe Hopper (1974). Su espíritu sobrevuela todo el film pero por suerte no lo condiciona. Entra en momentos puntuales en el terror pero se sale al poco para mezclar thriller, comedia negra, un aire a road movie sucia y todo lo que quepa en este desquiciado viaje. Eso aderezado con una banda sonora setentera repleta de rock sureño (suenan The Allman Brothers Band o Lynyrd Skynyrd). Constituye en sí misma un tributo a la década de los 70 y, sobre todo, al cine que en ella se produjo.

Esta secuela encubierta de La casa de los 1000 cadáveres se caracteriza por avanzar y expandir los apuntes de aquella. Los personajes principales se mantienen y sus impulsos criminales se llevan al extremo. Se ahonda más en el retrato familiar-disfuncional-enfermizo y en la paradoja que encierra el que no hagan más que insultarse y lanzarse improperios entre ellos pero que sin embargo permanezcan siempre unidos. También se contrapone la ideología de los renegados a la de las fuerzas de autoridad. Vemos que ambos son despiadados, inmorales y faltos de honor. Pero mientras que los renegados lo aceptan y son consciente de su putrefacción, el policía (un gran William Forshyte) se miente a sí mismo pensando que todo lo que hace es por un bien mayor. Es, básicamente, la diferencia entre la honestidad y la hipocresía.

Estas consideraciones socio-ideológicas junto con la potencia de unas imágenes cruentas, una banda sonora deleitosa y un ritmo siempre constante, hacen de Los renegados del diablo un entretenidísimo y estimulante viaje a los estertores agónicos de la perversión y la locura. 

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Spirits Of The Air, Gremlins Of The Clouds.

agosto 7, 2011 at 8:06 pm (Curiosidades)

Puede ser que a Alex Proyas le faltase depurar su talento.

Puede que tras el inicio la historia se estancase en las excentricidades de unos personajes que no evolucionaban.

Pero Spirits Of The Air, Gremlins Of The Clouds tiene uno de los mejores comienzos que he visto jamás.

Nos adentramos en un nuevo edén dominado por signos religiosos que se alzan imponentes y bellos, como si ecos de fanatismos ya lejanos en la historia vinieran a nosotros disfrazados de bondad.

Un entorno post-apocalíptico en el que los recuerdos de la civilización yacen alineados, en una postura surrealista. Descascarillados, en su ocaso.

Pero el desgaste les da una nueva dimensión de belleza.

Tal vez la destrucción pueda traer consigo formas de creación más sublimes.

La princesa se asusta al ver a un forastero entrar en su reino olvidado. Sin embargo, el espectador debe entrar en el reino olvidado de Spirits Of The Air, Gremlins Of The Clouds, aunque sólo sea por estos 5 minutos. Los primeros compases del debut de Alex Proyas son imágenes demasiado bellas como para que el polvo del olvido las cubra:

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Lo mejor y lo peor del 2008.

enero 7, 2009 at 10:13 pm (Críticas, Curiosidades)

Sí, con un poco de retraso, pero no podía faltar a la llamada de la típica lista cinéfila de lo mejor y lo peor del año. Más que nada por que este tipo de posts siempre vienen bien para camuflar la sequía creativa imperante en los blogs sobre cine. La lista es de las películas estrenadas en España durante el 2008, lo que no quita que pueda haber alguna del 2006, por ejemplo. No voy a poner 10 películas en “lo mejor” y otras 10 en “lo peor”, porque me parece absurdo condicionar el número de películas si realmente no ha habido tantas; así acabas poniendo en “lo mejor” películas que ni siquiera te parecen buenas. Bueno, ahí va.

– Lo mejor:

1. La niebla de Stephen King (Frank Darabont).

Ya hablé de ella, y aunque no le hiciese justicia, creo que mi postura quedó bastante clara. La película que más me ha llegado del año pasado, una puta maravilla. Una recomendación: la edición coleccionista que me han regalado los reyes (:P) es realmente buena, con un estuchito muy elegante y extras muy jugosos.

2. Antes que el diablo sepa que has muerto (Sidney Lumet).

El hecho de que la última de Lumet figure entre los primeros puestos en la mayoría de listas de este tipo me hace pensar que se está convirtiendo en uno de esos imanes de gafapastas; la película perfecta para quedar bien alabándola. Yo no me esperaba mucho de ella, pero me llevé una gran sorpresa. Muchos han criticado el montaje por lioso, pero el objetivo por el que está desordenado me parece, no ya admisible, sino altamente estimable: dosificar mejor y en partes más repartidas la intriga, evitando que ésta decaiga; porque está claro que la película no sería lo que es de haber estado narrada linealmente. Lo que pasa es que la gente es muy vaga y le gusta que le den las cosas requetemasticadas. Y eso, Philip Seymour Hoffman está increíble, Marisa Tomei cachondísima y el final es acojonante, me dejó hecho polvo bastante tiempo.

3. Expiación (Joe Wright).

Llamadme cursi si quereis, pero me dejé llevar completamente por el torrente de imágenes de enorme belleza que nos brinda Joe Wright (para nada vacías, como se ha dicho por ahí). Pero siempre intento ser un poco objetivo, y si su única baza fuera la fotografía, no ocuparía este puesto. No, Expiación tiene mucho más. La primorosa labor de Wright tras las cámaras (demostrando un perfecto dominio del tempo cinematográfico), un elenco a la altura y algo más, numerosas reflexiones acerca de la culpa, la guerra, la inocencia o los errores a los que puede llevar juzgar desde esa condición; y de nuevo un montaje no-lineal (aunque con diferente propósito al del film de Lumet) que la aparta de dramas románticos más rutinarios. La linealidad del montaje, en esta ocasión, se sacrifica para mostrarnos los diferentes puntos de vista que tienen varios personajes acerca de un mismo hecho, lo que también contribuye a definirlos con mayor detalle. Todo esto y más hace que Expiación consiga un merecidísimo tercer puesto.

4. Margot y la boda (Noah Baumbach).

¡Ohhh, pero si todo el mundo dice que es mala! Vale, ¿y a mí que? Mi crítica unas líneas más abajo.

5. Quemar después de leer (Hnos. Coen).

Le cuesta un poco coger el ritmo, pero una vez que lo hace se convierte en una enloquecida carrera para ver cual de los personajes es más estúpido. Y es que la última de los Coen no deja títere con cabeza, y critica un sector de la sociedad bastante grande, dejándoles/nos a la altura del betún. Qué coño, esta película critica a todo dios. Más bien, critica una corriente de actitud innata en todos nosotros. Ya lo dijo Einstein: “Sólo hay dos cosas infinitas: la estupidez humana y el universo. Y de lo segundo no estoy seguro”.

6. Wall-E (Andrew Stanton).

Se ha comentado y manoseado tanto esta película que me da pereza escribir una sóla palabra sobre ella. Bastará con que diga que mi opinión se decanta por el lado de los que creen que la peli es muy emotiva y tiene un  mensaje con tintes ludistas que podría venirnos bien pero que no es una obra maestra.

7. The Midnight Meat Train (Ryuhei Kitamura).

¡Ohhh, pero si esta también tiene malas críticas! Repito, ¿y a mí que? El debut americano de Kitamura, ha supuesto (para mí) un importante soplo de aire fresco al cine de terror actual (en el que, todo sea dicho, no estoy muy metido y no sé cómo de bien o mal estará el panorama…). Una entretenidísima historia con detalles visuales muy resultones, tensión y las dosis justas de gore. Sí, y también “algo más”. ¿Qué necesidad hay de buscar en las películas “algo más”?, preguntarán algunos. Pues ninguna, pero el caso es que lo hay. Tintes psicológicos que nos hablan de un hombre que quiere adentrarse en lo más oscuro del ser humano, saborearlo. Un hombre que, con la ingenuidad por bandera, pretende mirar a los ojos al Mal y no convertirse en él.

Me dejo algunas como The Fall, El caballero oscuro (he de revisarla porque todavía me tiene algo confuso), El incidente, My Blueberry Nights, Escondidos en Brujas, Los cronocrímenes, Tropic Thunder, Hancock, Wanted o Monstruoso (en orden de mejor a peor) que no están nada mal, pero no las voy a meter sólo porque no haya nada mejor.

– Lo peor:

1. Saw 5 (David Hackl).

Otra película que también será popular en este tipo de listas, pero en la sección de “lo peor”. Es casi como un comodín. Como cada año sacan una nueva entrega, si quieres ver alguna peli mala para hacer una lista de “lo peor del año”, la secuela que saquen de Saw es una apuesta segura. Diría que esta quinta es algo mejor que la cuarta, pero vamos, las dos son tan baratas y ruinosas que ni se nota. Lo único que me gusta de esta nueva entrega es la parte en la que un grupo de personas tiene que pasar diferentes pruebas para llegar al final, pero ni siquiera la concluyen decentemente ni se molestan en unirla con la trama principal. Y la trama principal es, directamente, una nadería. Ponen flashbacks que no vienen a cuento (¿qué coño importa cómo cogieron al tío de la prueba de los alambres de pinchos de la primera película?) para ocupar metraje, y con tan sólo meditarlo un poco te das cuenta de que el guión no da ni para un capítulo alargado de CSI.

2. Cuatro vidas (Jieho Lee).

Cuatro vidas es una película transparente, en el peor sentido de la palabra. Se intuye rápidamente la banalidad de sus intenciones, que no es otra que codearse con películas como Crash. La voz en off no deja espacio para la complejidad, se empeña en simplificarlo todo, y la historia del personaje de Forest Whitaker es como un episodio aparte, aunque al final la relacionan con otra de las historias de forma tan jodidamente inverosímil que provoca una de esas carcajadas involuntarias. Los personajes son meros estereotipos, y la factura es directamente horrible. Parece una de esas tv-movies horteras, sólo que con buenos actores (huelga decir lo desaprovechados que están). La escena de Sarah Michelle Gellar en la azotea es de descojone. El mejor anuncio de una colonia del todo a 100 que he visto en mi vida.

Y creo que eso es todo. Dentro de lo malo he sabido esquivar mucho producto que olía a mierda a kilómetros de distancia, como 10.000, Max Payne o Asesinato justo. Lo que sí me he tragado ha sido mucha mediocridad. Películas como Las hermanas Bolena, Soy leyenda, Como la vida misma, The Contract, Venganza o Los extraños, que con poco o nada que ofrecer, me han dejado completamente frio.

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Nuevo artículo… digo, post.

enero 16, 2008 at 11:27 pm (Curiosidades)

“Durante muchos años, los españoles estuvimos hablando en prosa sin enterarnos. Y, lo que es todavía peor, sin darnos cuenta siquiera de lo atrasados que estábamos. Los niños leían tebeos en vez de comics, los jóvenes hacían fiestas en vez de parties, los estudiantes pegaban posters creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios en vez de business, las secretarias usaban medias en vez de panties, y los obreros, tan ordinarios, sacaban la fiambrera al mediodía en vez del catering. Yo mismo, en el colegio, hice aerobic muchas veces, pero como no lo sabía -ni usaba, por supuesto, las mallas adecuadas-, no me sirvió de nada. En mi ignorancia, creía que hacía gimnasia”.

Julio Llamazares en El País Semanal.

Y con este, mi humilde blog va 105 posts. Como en el post de mi aniversario bloggero (que casualmente fue el post nº100), se me olvidó comentarlo al llegar a la centena justa. Tampoco es que sea nada relevante, pero da cierto orgullo. Dentro de poco celebraré las 100.000 visitas (aunque la mayoría sean por casualidad). Espero que no se me olvide.

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2007, un año de descubrimientos.

enero 2, 2008 at 3:42 pm (Curiosidades, Música, Reflexiones)

Ayer empezó un año nuevo. La mayoría tendrán muchos propósitos que cumplir. Yo no. Como siempre, tengo la vista puesta atrás o en el futuro (nunca en el presente, algo que tengo que enmendar), y he decidido hacer una pequeña lista. La adolescencia es una época de descubrimientos, una época en la que la chispa de la curiosidad se enciende y las hormonas se inquietan cada vez más. Algunos descubrimientos trastocan nuestro modo de vida, o más bien, nos hacen ver más allá de la burbuja en la que vivimos. Nos crean confusión y fascinación, no podemos dejar de pensar en ellos y sentimos que un mundo enorme del que no estamos preparados destruye nuestra burbuja. Dicho de otra forma, son descubrimientos necesarios, que ayudan a madurar, a explorar ciertas cosas cuya existencia ignorabas, y que enriquecen el intelecto.

No todos aprecian esos descubrimientos y siguen viviendo en su burbuja de ignorancia. Desgraciadamente, son muchos. Ya sea porque se sienten demasiado débiles o se ven presionados por sus iguales, sacrifican su curiosidad y lo que ésta podía depararles en pos de las marcas de ropa, porros con los que se marean o el bumping. No les es fácil decir si les gusta o no, porque han sucumbido al cánon, a lo que les echan. No saben ver más allá porque para ellos no hay nada más allá, no tienen criterio y gustan de acomplejar a los que sí. Si tengo un propósito este año, o más bien un (ingenuo) deseo, es que los adolescentes se dejen llevar por esa curiosidad y les lleve a lugares que jamás habrían imaginado. Estos son 5 de mis descubrimientos más importantes del año pasado:

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1. Bruce Springsteen. Un día me pasaron “Radio Nowhere” por el messenger. Me sonaba el nombre de su artista. No paré de poner la canción una y otra vez, y empezé a indagar por la red. Desde entonces no he parado de pensar, cantar, brincar y llorar con sus canciones, videoclips, letras y directos. Es un poco engorro el copiar las letras de las canciones a un traductor y que a veces te salgan sin sentidos, pero en su caso sentía la necesidad de hacerlo. A pesar de que ha ido alternando diferentes estilos a lo largo de su carrera, su espíritu ha estado siempre ahí y no exageraría al decir que si hay un tipo de música que me gusta y va conmigo esa es la del Boss. Me estuve mordiendo las uñas al no poder ir al concierto que dio en el BEC de Barakaldo. Este tío y la E Street Band son grandes, demasiado. Quiero descubrir mucha más música, y he escuchado algunos grupos nuevos, pero ninguno como él (aunque también sería estúpido escuchar grupos con la intención de que le superen). Sé que tengo un gran horizonte por explorar en el mundo de la música. Estoy abierto a recomendaciones (ya hice caso a las que algunos de vosotros vertisteis en “Sobre mí”).

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2. David Lynch. Se ha convertido en uno de mis directores favoritos. Aquel día en el que alquilé Mulholland Drive por curiosidad, Lynch hizo que le diera al coco como pocas veces había hecho antes. Sé que para los detractores sus films más oníricos no son más que desvaríos sin sentido, pero para mí son un milagro de la evasión, en los que uno no puede parar de pensar en los posibles significados encriptados que se sugieren. La guinda del pastel es que también consigue emocionarme muchísimo con películas “auténticas” y lógicas como Una historia verdadera y sobre todo, El hombre elefante.

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3. Los conciertos. Ya había ido a varios conciertos antes, pero fue en las fiestas de Bilbao del año pasado cuando uno me cautivó. No, no fue el de Dover. Este me supuso una decepción tremenda. Cristina Llanos parecía una pija hablando, todo el mundo la vaciló. No paraba de menear la cabeza como una posesa y luego no le llegaba la voz, era como una gallina afónica. Encima versionaron algunos temas anteriores al “nuevo estilo”. Oir Serenade a lo techno-electrónico-pop fue sin duda un golpe demasiado fuerte, como una prostitución de todo lo que habían sido. El de Skalariak sí que me gustó, más que nada porque no tenía ni repajolera idea de cómo se bailaba el Ska y yo pensando: “¿pero qué se ha fumado la gente?”. Superada la confusión, disfruté dando buenas hostias, no sin caerme y que me pisaran encima unas cuántas veces más.

Pero tampoco, el concierto que me hizo vibrar fue… El Arrebato (vómitos entre los lectores). Empezamos viéndolo desde atrás y entre empujones disimulados acabamos en la tercera fila. Allí, con la música a tope me entró un subidón terrible. No paraba de saltar y gritar los estribillos, y en una de estas el pavo me miró y fue en plan “jodeeer, el tío de El Arrebato me ha mirado” y ahí ya me entró la euforia. Debo decir que el estilo de música de El Arrebato no me gusta, pero creo que en las primeras filas hasta con María Jimenez cantando me entraría el subidón. Bueno no, ahí me he pasado xD. No quiero ni imaginarme a mí mismo si el concierto hubiera sido del Boss, Bon Jovi, Dover “Dover” o los Red Hot. No quiero irme de este mundo sin estar en uno de todos ellos, aunque luego la resaca sea tremenda, no pueda hablar en días y tenga unas agujetas del horror. Ah, y los prefiero al aire libre.

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4. Sueños archivados. No recuerdo cuándo, pero más bien a principios del año pasado empezé a apuntar mis sueños. Sí, anotaba todo aquello de lo que me acordaba. Soy incapaz de describir qué signficaba eso para mí y por qué lo hacía, pero sí puedo decir que fue una de las cosas más productivas que hice el año pasado. Son cosas tan extrañas… No sé decir si son fascinantes ni si es algo de mi karma o qué. Pero tienen algo que va más allá de todo, relacionado con mis deseos más profundos, no sé si me entendeis. Me gusta mucho leerlos y revivirlos en mi mente. Espero no dejar de soñar nunca.

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5. Las series. Había visto muchas series antes de que el 2007 llegara. Pero con la “revolución” de series de calidad ya desde bastante antes de lo que me imaginaba, empezé a descubrir series, enganchándome irremediablemente a ellas y esperando ver lo que les ocurriría a mis personajes favoritos en el siguiente capítulo. A esto Internet y el ADSL ayudaron muchísimo, ya que me molesta bastante seguir un horario preestablecido. Así pues, descubrí series como Perdidos, The Shield, A dos metros bajo tierra, Scrubs, Weeds, Los Soprano, Firefly, Heroes, Hermanos de sangre, Las chicas Gilmore, The IT Crowd, Nip/Tuck, Jericho… y seguí viendo otras que ya seguía como Los Simpson, Buffy o Friends.

En un plano más secundario descubrí el whisky escocés (qué delicia), el MP3 (que me amenizó considerablemente las idas y venidas), los cigarrillos (bueno, creo que ya empezé a probarlos en el 2006 xD), el salir por la noche (con resultados anímicos de lo más dispares)… y por supuesto, seguí explorando en los campos que más me gustan (el Cine y los videojuegos). Con todo, no tengo propósitos de año nuevo más allá de centrarme un poco más en los estudios. Tan sólo tengo curiosidad por ver qué me deparará este 2008.

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Lo mejor y lo peor del 2007, y feliz año nuevo!

diciembre 31, 2007 at 9:28 pm (Curiosidades)

Ya sé que un post de este tipo tiene poco o más bien ningún mérito, pero no quería ser de los pocos que se queden sin hacerlo, que a nada que me despiste lo publico el año que viene (malísimo, lo sé). Bueno, ahí va: 

Lo mejor:

Más extraño que la ficción (Marc Forster).

Promesas del este (David Cronenberg).

Deseo, peligro (Ang Lee).

American Gangster (Ridley Scott).

Juegos secretos (Todd Field).

Ratatouille (Brad Bird). 

Zodiac (David Fincher).

La vida de los otros (Florian Henckel-Donnersmarck). 

300 (Zack Snyder).

Stardust (Mathew Vaughn).

Lo peor:

Bratz: La Película (Sean McNamara).

Bloodrayne (Uwe Boll). 

Ghost Rider, el motorista fantasma (Mark Steven Johnson).

La última legión (Doug Lefler).

Y afotunadamente no he visto más. Ya sé que Bloodrayne fue directamente al videoclub, pero quería hacerle un hueco a mi amigüito Uwe. En lo mejor me dejo El truco final: El prestigio, La fuente de la vida, El ultimátum de Bourne, The Host, Diario de un escándalo, El Orfanato, REC, 28 semanas después y Adiós, pequeña, adiós. Estas irían después de las diez primeras. He decidido no meter en lo peor a La brújula dorada, pero la verdad es que me resultó una gran decepción (sin ir con grandes expectativas).

Feliz año nuevo a todo el mundo y no os atraganteis con las uvas!!

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Mi pie es una amenaza nuclear.

diciembre 11, 2007 at 5:34 pm (Curiosidades, Social)

Supongo que la mayoría de vosotros ya lo habreis visto. Los que todavía no lo hayais hecho no sé a qué esperais, no tiene desperdicio. No sé si es más descojonante o terrible. Yo me quedo con las 10 torres Eiffel que tiene París, ¿vosotros? Teneis mucho dónde elegir. ¿Son los americanos estúpidos?

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