FANT 2013: Maniac.

mayo 12, 2013 at 8:35 pm (Críticas, Festivales)

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‘Maniac’ comienza con fuerza. En un paseo nocturno en coche que nos recuerda a Drive (no sólo por la cámara subjetiva, sino también por la música synth ochentera), Elijah Wood da caza a su primera víctima, arrancándole la cabellera de forma brutal. Escenas como esta se sucederán a lo largo de la película, haciendo las delicias del aficionado al gore. Maniac nos cuenta la historia de Frank, un joven solitario que es propietario de un almacén con maniquíes. Siendo psicológicamente inestable, intentará mantenerse a raya y ser una persona normal cuando conoce a Anna, una encantadora fotógrafa que le pide sus maniquíes para una exposición. Pero las voces de su cabeza siguen dictándole que mate.

La película funciona primero por la interpretación de Elijah Wood, que a pesar de aparecer en pantalla escasos 15 minutos, su omnipresencia carga con el peso del relato. Sus facciones tristes y pómulos hundidos reflejan su desesperación al mirarse en el espejo, así como el soterrado deseo de cambiar y redimirse. El espectador llega a pensar que tiene probabilidades de conseguirlo, a pesar de que su enfermedad mental le persigue como una sombra. El guión de Alexandre Aja consigue, pues, crear un personaje con enjundia que no sólo está escrito para matar.

Después está la decisión estética de rodar la mayor parte de la película en plano subjetivo. Con ello se consiguen unos planos muy chulos y sumergir más al espectador en el momento, pero también se desvelan las deficiencias del guión. El plano subjetivo nos anticipa la información de que va a haber una nueva víctima. Esto ocurre en muchos giallos. Lo malo en este caso, y el punto flaco del guión de Aja, es que algunas escenas de asesinatos no tienen ningún efecto en el desarrollo de la trama, lo cual produce una sensación de monotonía cada vez que una víctima aparece en el radar de Frank.

El director introduce de forma contenida unos flashbacks que no molestan, pues son pocos y ayudan a describir las motivaciones del protagonista sin caer en subrayados. La labor de Franck Khalfoun es en todo momento efectiva y dinámica, pero al contrario que en ‘Stoker’, donde se compensaba la simpleza de la historia con una inagotable creatividad, aquí hay “sólo” buen hacer. Es más que suficiente para entretener, pero no para indagar con más hondura en las oquedades de la psique humana.

 

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FANT 2013: Angustia.

mayo 9, 2013 at 8:33 pm (Clásicos de ayer y de hoy, Críticas, Festivales)

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Es un misterio para mí por qué Angustia no está mejor valorada dentro del género de intriga y terror españoles, más allá de que tenga pegada la etiqueta “de culto”. No había visto nada de Bigas Luna, pero no sé por qué me esperaba otro tipo de película de él. Y he de decir que el tipo de película que me esperaba era mucho peor que lo que finalmente he encontrado. Angustia es una película de género hecha con mucho oficio y cariño, recordando a ciertas películas de género de los 80. La historia comienza con John, un oftalmólogo que tiene una curiosa afición: colecciona ojos. Su madre ejerce sobre él un fuerte dominio psicológico. La relación con su hijo es de total dominio. En una de las habituales misiones que John cumple por orden de su madre, se dirige a un cine. Allí, dos estudiantes, Linda y Patricia, se encuentran en una extraña situación, debido a los aspectos hipnóticos de la película. La protagonista de Angustia es una criatura demasiado sensible que, de algún modo, parece presentir la catástrofe que está a punto de suceder (¿es posible que esta fuera la semilla de la saga Destino Final?). Su inquietud llama la atención de otros espectadores, y cuando su amiga sale al baño la pesadilla comienza.

La trama, con toques metafísicos, recuerda también al comienzo de la segunda entrega de otra saga de terror: Scream. No sé si Wes Craven vio Angustia, pero si es así, le debe a Bigas Luna la mejor escena de su película. La trama también remite, desgraciadamente, a acontecimientos recientes como la masacre de Colorado en la que un hombre asesinó a 12 personas que asistían al estreno de The Dark Knight Rises. Sea como sea, el poder de la ficción por atravesar sus fronteras y afectar la realidad parece ser una constante histórica tanto dentro del cine como fuera de él. En este caso, son los momentos concernientes a una sesión de hipnotismo, con la inquietante Zelda Rubinstein y una imaginería psicodélica, los que más afectan a los espectadores. Tal es el poder de esa ficción, que incita a las mentes trastornadas a emular los actos violentos que ve en pantalla. En ningún momento se toca la moral sobre este hecho, lo cual me parece positivo pues es una traba para el entretenimiento. No se juzga ese poder de la ficción como algo bueno o malo, sino sencillamente poderoso. Bigas Luna caía en el riesgo de moralizar con el tema, como ya se ha hecho incontables veces con los videojuegos y la música metal. Que si afectan de forma negativa a las mentes de los adolescentes y provocan consecuencias nefastas… Cuando siempre queda claro que el único culpable es la debilidad del ser humano.

También hay que decir que la mayoría de aciertos de la película se encuentran en la primera hora, y conforme se va acercando al final se va tornando más rutinaria, quedándose un poco por debajo de las expectativas que había levantado previamente. La escena final supone un gracioso guiño, que aparte de ser el típico cliffhanger de película de terror, pone una guinda en el discurso del cine como la transgresión definitiva de la realidad. Cuando se siente un horror intenso, da igual si su origen se encuentra en la ficción; para la mente es real y así te lo mostrará. Con esto, Bigas Luna parece postular: Sí, el (buen) cine tiene el poder de volverte loco.

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FANT 2013: Stoker.

mayo 6, 2013 at 8:37 pm (Críticas, Festivales)

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‘Stoker’ ha sido la encargada de inaugurar el FANT, y no podría haber sido una mejor elección. El debut de Park Chan-wook en Estados Unidos sorprende, pues conserva todas sus características estilísticas, su creatividad y tampoco se corta en cuanto a la turbiedad de la historia. Con ecos al Hitchcock de ‘La sombra de una duda’, Stoker nos cuenta la historia de India, una joven que sufre la pérdida de su padre, unida a la llegada de su tío Charlie, que trastoca todo su mundo y la lleva a una espiral de sentimientos encontrados de la que será difícil escapar indemne.

El guión de Wentworth Miller (Michael Scoffield en Prison Break) puede mirarse de menos por su simpleza, pero desde el monólogo inicial ya apunta a ser algo más: una voz en off nos advierte de cómo elementos externos pueden definirnos más que las cosas que creíamos propias. Miller consigue un sutil retrato psicológico de sus tres personajes principales, que Chan-wook se encarga de expandir y enriquecer con su talento tras la cámara. Tenemos a India, una introvertida adolescente, que es posible que padezca el síndrome de Asperger (una versión ligera de autismo). Se pasea por su casa como esperando algo, y es hipersensible a los estímulos externos (hay que mencionar aquí la estupenda labor de sonido) hasta el punto de que puede presentir cosas que todavía no han pasado. En sus clases de dibujo pinta la decoración interior de un jarrón que escapa a la vista a la mayoría, y su vida es análoga a esta acción; posee dones que la mayoría no comprenden. Pero entonces llega Charlie, tal vez aquello que ella esperaba. A pesar de la diferencia de edad, sienten una conexión intangible desde la primera vez que se miran. Matthew Goode hace probablemente la mejor actuación de la película, con un personaje que resulta terrorífico, empático y vulnerable no sólo en la misma película, sino en una misma escena. Utiliza su carisma para manipular y es claramente psicótico, pero sus deseos son parecidos a los de cualquiera: encontrar alguien a quien amar y que le comprenda. Colin Firth estaba inicialmente previsto para el papel, pero por suerte no pudo hacerlo, porque es uno de esos accidentes afortunados. A pesar de que Firth sea un buen actor, carece de ese aura oscura y burlona de Goode. Por último, Nicole Kidman interpreta a la madre fría y distante, que está un poco de telón de fondo pero tiene un monólogo demoledor hacia el final de la película, en el que se pregunta qué ha hecho mal y por qué tiene una hija que no la ama.

Park Chan-wook llena la película de recursos estilísticos y simbolismos hacen que trascienda las ataduras de la narrativa convencional, dándole otra dimensión en la cual el espectador tiene más que decir. A India le regalan una llave por su cumpleaños. Lástima que el mismo día de su cumpleaños su padre muera y esa llave pueda significar su entrada en la amargura de la edad adulta. Los zapatos que le regalan cada cumpleaños nos hablan de alguien que ha estado siguiendo sus pasos. Suele pasear por su jardín colocándose en la misma postura que las estatuas, reflejando que su historia no es sólo la suya, sino la de muchas otras jóvenes que han venido antes que ella. En cierto momento, India ataca a un chico con un lápiz, que podría ser visto como una estaca, aludiendo al vampirismo (su apellido “Stoker” también es una referencia bastante clara). En la escena de la ducha, probablemente la mejor de la película, descubrimos la naturaleza de India. El barro que la cubre es su vergüenza ante esta revelación. En el dueto de piano (¿imaginado?) nos muestra el deseo sexual elevado por el arte y por la habilidad única en tocar esa pieza que sólo ellos dos comparten. En esa maravillosa transición del pelo a la hierba se reivindica lo sensual y el poder evocador que tiene para transportarnos al pasado… Esta enorme carga simbólica y recursos estilísticos pueden abotargar o fascinar dependiendo de la persona. Yo me encuentro entre los segundos.

‘Stoker’ es una interesantísima y original película, prueba de que todavía hay gente que valora al espectador, instándole a colocarse en una posición activa y no pasiva. Tal vez la sugestión y la creatividad estilística no vendan tantas entradas como la exposición y los guiones que encadenan acontecimientos sin descanso, pero siempre estarán más cerca del verdadero cine. Cierto que a veces el expresionismo puede resultar excesivo (las frases de las cartas apareciendo en el espacio real, como el Peter Greenaway desbocado de ‘Prospero’s Books’), pero se agradece una propuesta que no tiene miedo en proclamar una identidad propia frente al imperante vacío genérico de la masa.

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ZINEMALDIA 2012: Summer Outside.

septiembre 29, 2012 at 8:23 pm (Críticas, Festivales)

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Continúo con la tónica de hablar de películas que lo necesitan. Summer Outside es una película alemana dirigida por la debutante Friederike Jehn, que cuenta la historia de una familia que se muda con su familia de Alemania a Suiza con la intención de sanar la dañada relación de sus padres. Durante el verano, caluroso como pocos, la distancia entre los miembros de la familia se irá agrandando.

Summer Outside probablemente se haya beneficiado de estar en la sección que está (Nuevos Directores). Cuando el tedio es costumbre, sorprende ver una película tan bien narrada como esta; en el país de los tuertos el ciego es el rey. Pero el debut de Jehn tiene poco de tuerto. El guión es sencillo, pero rico en matices. Con una sencilla estructura en la que se exploran los dramas de cada miembro de la familia, desarrolla los conflictos de forma clara y no cae en la reiteración. Vemos a un matrimonio en ese estado en el que cualquier minucia cotidiana es motivo para discutir durante horas, un hijo de frágil salud y probablemente autista, un vecino amable pero perturbado y una hija mayor con demasiadas preocupaciones.

Y es la hija mayor, Maria Victoria-Dragus (La cinta blanca), quien realiza una interpretación estupenda, metiéndonos en la piel de una adolescente que tiene que cargar con el peso de su familia. Para escapar de ese peso, sueña con volar en un globo con los colores del arcoiris. Ella será la encargada de vigilar que sus padres sean responsables, quitándoles las copas de las manos cuando están borrachos y velando por su reconciliación. Al mismo tiempo, tiene dificultades para encajar en la escuela y el chico que le gusta se lía con otra cuando le confiesa que es virgen. Resulta muy difícil no identificarse con sus problemas, y la prístina expresividad de la actriz funciona como un espejo de las vivencias del espectador.

Summer Outside es una película agradable y ante todo, bien hecha. No carga las tintas te lo dramático ni reinventa la rueda, pero el desarrollo y el tratamiento de personajes es sensible y atento, haciéndote ver en todo momento las motivaciones y emociones no habladas de los personajes. Más como esta en la sección Nuevos Directores, por favor. 

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ZINEMALDIA 2012: El último Elvis.

septiembre 28, 2012 at 8:20 pm (Críticas, Festivales)

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Hay varias películas en el Zinemaldia que no me han gustado, desde la absurdez de Venuto al mundo a las clásicas pelis de festivales que juegan a la ambigüedad para esconder el vacío (Shell, Carne de perro). Pero he decidido centrarme en las que me gustan. ¿Para qué hablar de lo que no merece la pena si hay joyas escondidas como esta que merecen apoyo? Porque esta más que Beasts of the Southern Wild y otras indie-darlings, necesita que se hable de ella.

El último Elvis cuenta la historia de un imitador de Elvis agarrado a sus sueños que lucha con una realidad cotidiana que no deja de ponerle trabas. Es ante todo la historia de una lucha interior, una lucha en la que los sueños y la confianza en el talento propio se defienden con lanzas y escudos ante el asedio de una gris realidad que quiere derribarlos. Suena conocido, pero cuando una historia rebosa honestidad los tópicos se convierten en personajes reales con libre albedrío, que piensan y sienten sin la sensación de ser guiados por un guionista. Esta credibilidad necesita ante todo la ayuda de unos intérpretes de altura, y en este caso vaya si la tiene.

La película del debutante Armando Bo triunfa sobre todo por una actuación estelar del protagonista, John McInerny, que embute de honestidad y calidez al personaje y resulta empático al público incluso cuando sus acciones no son especialmente ejemplares. No sólo empatizas, sino que hasta puede que compartas su desazón. Su frustración ante una sociedad aborregada que no repara ante el talento individual, y su confianza ciega ante unos sueños que se van haciendo más y más lejanos pero siguen bulliendo intensamente en el interior. La relación con su hija resulta especialmente tierna, sin manipulaciones de por medio. Pura química actoral y afecto que traspasa la pantalla.

La música aquí brilla con luz propia, con unos covers de Elvis increíbles entre los que destaca una magnífica versión de Unchained Melody ante la que es imposible contener la emoción.. Otro de sus puntos fuertes es la fotografía. Con travellings suaves y elegantes que ayudan a sumergirse en la trama y hacen vibrar los recitales del protagonista. Se nota que la película ha sido muy cuidada en posproducción, con tonos saturados que oscilan entre marrones y ocres, y un regusto a 35mm muy de agradecer tras la revolución digital. Especial atención se ha dado también al uso de la luz, sobre todo en las escenas de los conciertos. Hay unos contraplanos con luces de fondo excelsos.

Los mejores momentos de la película provienen de la unión de estos dos atributos. Mientras “Elvis” toca Unchained Melody, podemos ver en la tapa del piano el reflejo de las luces nocturnas de la ciudad, y luego vemos las luces a través de la ventana, sugiriendo una bella metáfora. Siempre se nos niega el contacto directo con los sueños, siempre ha de ser a través de un filtro, un reflejo o una verja. Elvis ve cómo su futuro brilla al exterior, sus sueños relucen sin que él pueda alcanzarlos, mientras que ahí dentro, en el local, la gente empieza a captar el esfuerzo de su actuación y aplaude con sinceridad. ¿Es posible que la realidad y los sueños se reconcilien finalmente creando una armonía perfecta en el individuo? 

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ZINEMALDIA 2012: Beasts of the Southern Wild.

septiembre 26, 2012 at 8:18 pm (Críticas, Festivales)

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‘Beasts of the Southern Wilde’ el debut en la dirección de Benh Zeitlin que deslumbró en Sundance y ahora en San Sebastián. La historia cuenta las desventuras de Hushpuppy, una niña de seis años que quiere ayudar a su padre a defender su hogar contra las inclemencias de la naturaleza.

El mundo en el que vive es uno sin reglas, desaliñado pero lleno de libertad. La película comparte los atributos del mundo que enmarca; se trata de una película de estructura desordenada y que se dirige un poco hacia la deriva, pero también está provista de una fuerza incontrolada y adictiva.

Así como su frescura resulta innegable, el debut de Benh Zeitlin también cae en algunos clichés que enturbian parcialmente el resultado final. La cámara en mano es uno de ellos. En algunos casos es efectiva y aporta dinamismo a las escenas, pero otras muchas sólo sirve para marear y confundir al espectador (aunque esta comparada con Los juegos del hambre es como una de Eric Rohmer). Conste que no critico la técnica (cámara en mano), sino su aplicación.

Otro de sus fallos es la búsqueda insaciable de la emoción. La historia tiene material suficiente para asegurar la aparición de esta sin tener que recurrir a trucos ni enfermedades terminales. Y sin embargo, parece que Benh Zeitlin no confía del todo en las posibilidades de su obra, incorporando elementos genéricos que molestan precisamente en esta película más que en cualquier otra. La errada creencia de que el método más efectivo para hacer llorar es mostrar a una persona llorando.

Hay algo en Beasts of the Southern Wild que la redime de sus fallos. Es un impulso incontrolado, una actitud libertaria de la cámara que nos brinda imágenes desesperadas.

El mundo que Beasts of the Southern Wild reivindica es uno desaliñado, sucio y ciertamente. Pero también es uno libre de prejuicios, dogmas culturales y sociales, en el cual poder correr a tus anchas sin que nadie te avise con desdén de que se te está bajando el pantalón  Tal vez este estilo de vida no sea mejor que el nuestro. Tal vez sí. Pero ambos estilos de vida tienen algo de lo que aprender.

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ZINEMALDIA 2012: Amour.

septiembre 24, 2012 at 8:17 pm (Críticas, Festivales)

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Los fans de Michael Haneke conocen su estilo, y sus detractores también. A estas alturas juzgar como insultantes algunas de sus decisiones carece de crédito. Haneke quiere jugar contigo, y no se va a andar con rodeos. Te expondrá temas incómodos, te los restregará en la cara, hará de tu posicionamiento en la historia una tarea ardua, y te golpeará donde más duele. Ahora te toca a tí decidir si tienes la suficiente entereza como para aguantar el viaje.

‘Amour’ es una película sobre el proceso de descomposición humano. Lento, doloroso, incómodo. La película se impregna de todos esos atributos, y aunque nuestra sensibilidad nos inste a apartar la mirada, no podemos. Porque todo lo que Haneke nos cuenta, al margen de si es perturbador o no, es eminentemente humano. A esto ayuda el estilo austero de Haneke, despreciando el concepto de música como subrayador emocional y manteniendo planos que siempre encierran una interpretación a rescatar. La única concesión que le da a su naturalismo, es una secuencia onírica que no podría ser más relevante. Esta nos sumerge aún más en la oscuridad del tema principal, invitándonos a saborear el nihilismo y la crisis existencial.

Tanta oscuridad sería insoportable sin dos intérpretes tan sumamente humanos. Jean Louis Trintignant interpreta al esposo de Emmanuelle Riva, que lleva como mejor sabe la tarea que le ha tocado y que cae simpático desde el primer momento. Hasta cuando se queja sobre algo cae simpático, pues no es egoísmo, sino frustración al no poder amar a alguien que no quiere ser amado. Emmanuelle Riva aporta veracidad a un papel difícil e incómodo.  Y valiente es Emmanuelle Riva, ante todo, ya que este papel requiere de una gran disposición psicológica y es imposible no verse afectado personalmente. Isabelle Huppert supone un pequeño alivio ante la rutina deprimente de la pareja. Sus lloros comulgan con los lloros contenidos del espectador, que probablemente también tenga un pariente en estado similar.

Amour es una curiosa paradoja: una película necesaria que no recomendaría, porque rompe con el espíritu evasivo del cine y no hay sensaciones positivas a las que acogerse. Entrar a una sala de cine no para huir de la realidad, sino para enfrentarse a ella, escarbar y sacar la pudredumbre que nadie quiere ver pero que anida en nuestros corazones. Porque todo lo que cuenta ‘Amour’ es una verdad ineludible.

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ZINEMALDIA 2012: Argo.

septiembre 23, 2012 at 8:15 pm (Críticas, Festivales)

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Argo es la tercera película como director de Ben Affleck. Ambientada en 1979, cuenta cómo la embajada de los Estados Unidos en Teherán fue ocupada por un grupo de iraníes, la CIA y el gobierno canadiense organizaron una operación para rescatar a seis diplomáticos estadounidenses. Con este fin se recurrió a un experto en el arte del disfraz y se preparó el escenario para el rodaje de una película (“Argo”), en la que participaba un equipo de cazatalentos de Hollywood.

Para su tercer largometraje, Ben Affleck se ha servido de un hecho real repleto de interés, no ya por la improbabilidad de su éxito, sino por la cantidad de aristas sociales que tiene. Tal vez en ese aspecto la película se quede algo corta. Ben Affleck dirige con eficiencia, pero su visión no alcanza a cubrir todas las capas del conflicto. Durante una escena en un mercadillo, vemos cómo un vendedor se queja a los protagonistas por sacar una mísera foto de su comercio, gritando que a su hijo lo mató una pistola americana. Como estamos completamente involucrados en la misión de los protagonistas, el vendedor no supone más que un estorbo para la misión; cuando en realidad, el núcleo de la cuestión es otro: los años de aguante de un pueblo que ha sufrido penurias y abusos, y cuya rabia contenida acaba explotando en un lugar inadecuado frente a la gente inadecuada.

Aun con sus limitaciones, Argo es la mejor película de Ben Affleck hasta la fecha. Mucho mejor que The Town (aquella versión amateur de Heat repleta de clichés y personajes estereotípicos). Aquí se evita el fallo de los tópicos a costa de pasar muy de puntillas en la descripción de personajes. Los registros expresivos de Ben Affleck siguen siendo escuetos, y su barba de tres días podrá dar credibilidad a la historia de padre divorciado, pero no consigue que nos importe. El grupo de secuestrados está integrado por estupendos secundarios que van desde la estrella emergente Scott McNairy (se le puede ver también en Killing Them Softly) hasta Clea DuVall (Carnivàle) y es una pena que no sepamos más de ellos. A los que sí se aprovecha es a John Goodman y Alan Arkin, hilarantes como productores de la space-opera.

Con todo, Argo es una película entretenida en repleta de tensión en su último tercio, valiente en un retrato del conflicto que no cae en el esquematismo (americanos-buenos/iraniés-malos), pero que tampoco se explora plenamente. Se agradecen también los toques de humor en el tramo en el que buscan productor y asociados para la película de ciencia-ficción. Como en The Player de Robert Altman, las mentiras y bajezas que se esconden tras la alfombra de un reluciente Hollywood sólo pueden ser tratadas con un sardónico sentido del humor.

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FANT 2012: The Divide.

mayo 25, 2012 at 7:59 pm (Críticas, Festivales)

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The Divide es el último largo de Xavier Gens, director francés que comenzó en el terror con Frontieres y luego se fue a Hollywood a dirigir la malograda adaptación de Hitman. No dice mucho, pues, afirmar que esta es su mejor película hasta la fecha. Pero tal vez diga algo más que con su currículum anterior uno no esperaría que una película suya llegara tan lejos. The Divide empieza con calma, con personajes bastante estereotipados, y durante su primera media hora no ocurre nada que la aleje de las rutas convencionales.

Pero desde que la puerta queda definitivamente cerrada, la película da un violento giro hacia los abismos más oscuros del alma. De aquí vienen muchas de las quejas que he oído de la película. Que deje de lado la trama de los científicos para centrarse en lo que hay dentro. ¿Y cuál es el problema? ¿Acaso esa trama podía dar mucho más de sí? Coincido en que la película no debería introducir una trama que no vaya a cerrar y que podría haber dejado claras sus intenciones desde el minuto uno, pero hay películas que nunca llegan a ellas y aquí la espera merece la pena. Me da que este no es más que otro caso como el de El Bosque de M. Night Shyamalan de expectativas truncadas, culpa de un público abrazado a nociones previas y que no se deja sorprender. Lo cierto es que The Divide explota sus puntos fuertes: las interpretaciones se elevan, la progresiva degradación moral oprime y se transcienden las convenciones del género.

Hay que decir que no es una película indicada para los más sensibles, puesto que se quejarán de la truculencia y querrán que la película acabe. Pero no por mirar hacia otro lado hacemos que la putrefacción humana desaparezca. The Divide es modélica en el modo en que te obliga a mirar a lugares incómodos, sirviéndose en ocasiones de un humor muy negro y socarrón (el calvo vistiéndose de mujer, Rosanna Arquette dejándose hacer sesiones de S&M para paliar el vacío que le ha dejado su hija) que no hacen más que acentuar aún más la miseria de todos y cada uno de los personajes. Por supuesto, hay un resquicio de bondad, encarnado en los personajes de Lauren German, Michael Biehn y Ashton Holmes, necesario para compensar tanta atrocidad. Pero el demoledor final no deja hueco para ingenuas entelequias: a veces el egoísmo más cruel es el único modo de salvar la vida.

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FANT 2012: El callejón.

mayo 22, 2012 at 7:57 pm (Críticas, Festivales)

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‘El Callejón’ comienza estupendamente con ese baile psicodélico de Ana de Armas, entre naïve e irónico, que comparte intencionalidad con el comienzo de Mulholland Drive: una dulce y engañosa piruleta que sirve para sumergirnos más en la pesadilla posterior. Tras esto, se introduce a su personaje con una economía de medios encomiable; la conversación telefónica con su ex aporta, por un lado, las primeras notas de humor, y por otro, introduce sibilinamente una pista hitchcockiana: dudamos de si los celos del novio podrían llevarle algo más. No revelaré si la pista es falsa o no, pero funcionar funciona.
Habiendo empezado tan bien, temía que una vez llegados a la lavandería la película se haría aburrida, pero la potente estética en rojos, azules y verdes junto al aprovechamiento del espacio que confecciona Trashorras lo impiden. Sirva de ejemplo la escena en la que Ana de Armas baila y ve en el espejo a su “yo” idealizado vestido de gala. Tiene algo de bello, así como la conversación posterior con Diego Cadavid, de un inusitado naturalismo teniendo en cuenta que nos encontramos ante una película de terror. Pequeños-grandes detalles que enriquecen la materia emocional de la película.
El problema viene tras la revelación de la identidad del asesino. Aquí la película titubea con unos sucesos de escaso interés (dudo-salgo a por el teléfono-entro-vuelvo a dudar-salgo hacia el coche-vuelvo a entrar-dudo-etc.) que acaban en el punto de partida y no aportan más que migajas de tensión. También creo que el personaje del vagabundo podría haber dado más de sí. Me dio por imaginar a un Peter Vincent hobo que introdujera a la protagonista -y al espectador- algo más gradualmente en el giro del último tercio.
Afortunadamente, la peli recobra fuerza y lo hace por medio de un sueño. En él, vemos el plano picado de unas escaleras en caracol como inagotable símbolo de lo onírico y sus múltiples capas, y la cara del asesino deformada y aumentada en la medida en que su influjo sobre la psique de la protagonista ha ido también aumentando. El giro y la aparición del personaje de Leonor Varela (esta mujer siempre me ha parecido bellísima) aportan a la película el brío que venía necesitando, y aunque a estas alturas la gente ya no sepa cómo reaccionar, yo aprecio el desconcierto del que me hace partícipe. Me pregunto por qué se nos atascan tanto las medias tintas, todo lo que no es inmediatamente discernible en un “jiji-jaja” y un “UUUUH!”.
El callejón es una estimulante y juguetona película de (multi-)género que apela más a las sensaciones que a la razón. Seguramente, otra propuesta arriesgada destinada al ostracismo de un público español que necesita quitarse ya la venda de los ojos: sí, somos capaces de hacer cosas diferentes, y sí, también podemos hacerlas bien.

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