Dos en la carretera.

julio 7, 2011 at 7:06 pm (Críticas, Proyectos)

Esta es mi aportación para el nº4 de Fuerza Vital, fanzine que consiste en que cada miembro proponga una película y, mediante sorteo, le toque hablar de una que no haya elegido, mientras que otro hablará sobre la que él propuso. Un intercambio rato enriquecedor. El fanzine está disponible en la librería Anti- de Bilbao.

Dos en la carretera (1967), de Stanley Donen.

Ya desde los títulos de créditos iniciales se nos dan pistas de la visión del matrimonio que propone Stanley Donen. El cúmulo de señalizaciones viales simbolizando el mar de sentimientos encontrados y conductas contradictorias que chocan entre sí. Ceda el paso. No adelantar. Parar. Curva pronunciada. No retomar. Avanzar. Camino sinuoso. Amar.

Dos en la carretera es una de esas pocas películas que realmente tratan sobre el matrimonio y sus consecuencias, sobre el cinismo a largo plazo que acaba corroyendo vínculos y soterrando pasiones, sobre dos personajes que se precipitan en juicios y palabras bilaterales de las que pronto se arrepentirán, sobre efímeros recuerdos de un noviazgo radiante que empiezan a borronearse frente al hastío de la rutina inalterable.

La infidelidad es un trámite doloroso que hace trastabillar aún más los cimientos de la relación entre Audrey Hepburn (fresca y natural) y Albert Finney (el rey de la función, cascarrabias patológico tan esclavo de sus arrebatos gruñones como de la bondad que su amor hacia Hepburn le inspira). Empero, resulta necesario para confirmar el poder redentor de su amor mutuo. Como decía Lord Henry Wottom en El retrato de Dorian Gray, “los que son fieles conocen el lado trivial del amor únicamente; el infiel es el que conoce las tragedias del amor”. Así pues, para elevar ese amor de los pantanosos terrenos de la duda, flirtean con los flirteos para descubrir lo adocenado en ellos y regresar a lo verdadero. Es esto lo que la convierte en una película optimista: promueve la posibilidad del reencuentro amoroso aunque para ello haya que completar un círculo vital no poco autodestructivo.

Mención aparte merece la escena en la que unos jóvenes Finney y Hepburn miran a través de un espejo a una pareja mayor discutiendo como si odio fuera lo único que corriera por sus venas. Lo observan con una sonrisa en la cara y desde una confortable distancia. ¿El espejo reflejando un futuro incierto o un fracaso anunciado? Lo más probable es que ese espejo sea, simplemente, un viajero del tiempo que muestra distintas etapas del mismo sentimiento a cada lado del cristal.

La fuerza (vital) de Dos en la carretera radica, pues, en un tratamiento de personajes mucho más hondo del que cabía esperar, en unos diálogos que gozan de un sentido del humor desinhibido y nada caduco, en el inteligentísimo uso de las elipsis expresivas, que acentúan el potencial de los objetos para evocar momentos pasados y dan al montaje la masa en complejidad que una historia tan cargada de matices requería. Sólo flaquea en aislados momentos a cámara rápida propios de la comedia slapstick que aquí se sienten fuera de tono.

Donen fue ninguneado en los Oscar (otra vez), pero el guión de Frederick Raphael obtuvo su merecido crédito en forma de nominación. Sin embargo, es triste ver que una película así no tiene todo el reconocimiento que merece en la actualidad. De lo que no cabe duda es que nos encontramos ante una película sorprendente, audaz y enormemente reivindicable.

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El proceso: buzo-buzón de deseos.

septiembre 6, 2009 at 4:31 pm (Proyectos)

He pasado todo el mes de agosto en tierras irlandesas, pero no es de lo que voy a hablaros hoy. Cuatro días antes de irme a Irlanda, volví de Dinamik(tt)ak ’09, un campo de trabajo de dos semanas muy poco normal. Estaba orientado hacia la creatividad, y se desarrollaba dentro del museo Artium en Vitoria, dónde dormíamos, nos aseábamos… Y convivíamos con el arte desde el mismo momento en el que nos despertábamos. Pero tampoco voy a hablaros de eso. Os voy a contar cuál fue el proceso de creación de la última actividad que hicimos.

La idea surgió de un cuadro de inquietudes comunes. Cada uno dijo qué era aquello que le preocupaba, lo unimos todo en una especie de esquema existencial y pensamos en transmitírselo a la gente. Y así estuvimos un buen rato. ¿Por qué habría de interesarle a la gente lo que a nosotos nos preocupa? ¿No sería más enriquecedor hacerles partícipes de algo que no supusiera una mera recepción de preocupaciones ajenas? Tal vez eso era lo mejor. Del mismo modo en el que nosotros habíamos puesto en común inquietudes y deseos, dejar que la gente lo hicera también. Partiendo de este punto, el problema no era tanto encontrar una idea original, sino dar con formas originales de llevarla a cabo, de que la gente se involucrara.

Así pues, tras barajar un sinfín de posibilidades y relacionando todo lo que teníamos a nuestro alcance, nos pusimos finalmente de acuerdo en emprender una travesía en busca del imaginario colectivo local. Fuimos por las calles de Vitoria disfrazados con buzos, tocando una breve melodía inicial con dos instrumentos para que la gente se percatara de nuestra presencia, invitando a la gente a que compartiera sus deseos con nosotros, reivindicando su importancia en el día a día, animándoles a conseguirlos y grabando el acontecimiento. La gente podía decir a cámara su deseo, o si les daba vergüenza, pegar un post-it en el buzo. Repartimos flyers en los que explicábamos por qué coño íbamos con esas pintas, y qué se haría después de “la recolecta de deseos”. Se expondría un vídeo en el Artium sobre el evento y cualquiera podría ir a verlo gratuitamente.

Después, una ardua tarea de edición nos esperaba. Tenía que ser un vídeo corto, de unos 5 minutos. Había mucho material, del que desechamos una considerable porción. Ese día tuve mi primer encuentro con esa fascinante y enigmática herramienta que es el montaje, y la oportunidad de empezar a concebir sus infinitas posibilidades. Escogimos una música para dinamizar los momentos en los que íbamos de aquí para allá (necesarios por otra parte para evitar la saturación de deseos). No debía ser nada que acaparara atención, sino más bien todo lo contrario, que resultara invisible. Es increíble la cantidad de tiempo que hay que dedicar a tareas internas de las que la gente normalmente sólo se percata cuando salen mal. Si salen bien, confórmate con que nadie te diga nada. A pesar de todo, la experiencia de haber realizado un trabajo así en equipo eclipsó toda posible sensación de amargura.

Aquí está el resultado:

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Deseando amar: Y ser amado.

abril 18, 2007 at 6:12 pm (Críticas, Proyectos)

Deseando amar es un insólito film de Wong Kar-Wai (o Kar-Wai Wong, como se prefiera) y parte de la primera edición del Proyecto Sesiones Dobles. En su día publiqué el post de “presentación” del proyecto junto con la filmografía del director. A aquellos que no la hayan visto, recomiendo ver primero esta y luego 2046, pues aunque yo ví 2046 primero y ambas son películas independientes, con esta te introduces más en su cine y lo comprendes mejor, para luego no quedarse perplejo ante los mensajes y emociones encriptados de 2046. Deseando amar ganó el premio a mejor actor en el festival de Cannes de 2000, el César a la mejor película extranjera en 2001 y el Screen International Award en el 2000, y fue unánimemente aclamada por la crítica.

Hong Kong, 1962. Chow Mo-Wan (Tony Leung Chiu-Wai), redactor jefe de un diario local, alquila una habitación en un apartamento el mismo día que Su Lizhen (Maggie Cheung Man-yuk), secretaria de una compañía naviera. Son vecinos de habitación. Por motivos de trabajo sus respectivas parejas los dejan solos durante cierto tiempo. A pesar de tener una casera y unos vecinos amistosos, Chow y Su se encuentran a menudo a solas en sus habitaciones y entablan una amistad. Una vez, Chow descubre que sus respectivas parejas mantienen una relación extra-matrimonial en común. A partir de este momento ambos empiezan a pasar cada vez más tiempo juntos reconfortándose el uno con la presencia del otro. Chow invita a Su a ayudarle a escribir una serie de historias que escribe para un periódico.

Aquí comienza una bellísima historia de amor. La historia es sencilla, no deja más cabos sueltos que uno que explicaré luego y no se complica con subtramas prescindibles que no lleven a ningun lado. Se centra en la callada historia de amor de los protagonistas. Tal vez vista antes 2046, puede parecer que la última sea más compleja argumentalmente, pero yo me quedo con esta, porque me llega más, porque me emociona más y porque me encanta. No creo conveniente darle una crítica rutinaria a una película que no lo es. Por tanto, la criticaré mediante escenas, pues es el modo más preciso que se me ocurre (por lo tanto vereis algunos Spoilers). Aunque antes de esto, sí que tengo que destacar algunas cosas. Lo primero, Tony Leung y Maggie Cheung están fenomenales, lo bordan y nos transmiten todas sus emociones, es como si estuviéramos en su cabeza. Esta última además luce un tipazo impresionante, y un vestido diferente casi para cada escena. Luego, la fotografía es preciosa, y la cámara captura todos los sentimientos de los personajes a la perfección. La música, otro puntazo. Una banda sonora brillante, muy emotiva, aunque sólo se componga de los temas “Yumeji´s theme”, “Aquellos ojos verdes”, “Te quiero dijiste” y “Quizas, quizas, quizas”. Y por último, destacar que es una de las películas que mejor y más puramente reflejan el amor como tal, dejando un halo de trsietza y vacío al final que nos confirma que estamos ante toda una obra maestra.

“Reinaba la intranquilidad. Ella, tímida, inclinaba la cabeza para que él se acercase. Pero a él le faltaba valor. Ella dio media vuelta y se alejó”. Así comienza Deseando amar. Comienza introduciéndonos en la rutina de los dos protagonistas, sus idas y vueltas y conversaciones con otras personas. En un momento, suena una sobrecogedora música y Su se acerca a cámara lenta a la mesa donde sus amigos juegan a las cartas. Aparece la mujer de Chow (a la que reconocemos por su peinado) y Su acaricia a su marido, deseando otro gesto de amor a cambio, gesto que no se produce. Tras volver a la rutina, vuelve a sonar la música (un recurso inteligentísimo). Su va a buscar agua, con un botijo, mientras Chow está apoyado en una pared, preocupado, porque es muy posible que su mujer esté liada con otro. Ella está cansada de todo y se frota la cara con un paño. Sube por las escaleras, alumbrada por una luz por la que seguidamente bajará Chow. La siguiente noche se produce el encuentro. Y otra vez otro encuentro, iconizado por la luz que les alumbra (no creo que su continuo enfoque sea casual), bajando y subiendo siempre por el lado de la luz que alumbra su unidad, dejando a un lado la oscuridad del otro lado de la calle. Empieza a llover, y al llegar a casa Chow se lanza a pedirle a Su para salir a cenar. La conversación aquí es clave. Por medio de una coincidencia que les une aún más, se dan cuenta de la infidelidad de sus respectivos conyuges. Tras la cena, vuelven tranquilamente a casa, y él da el primer paso de volver a invitarla para otra noche. Ella, temerosa, se refugia en las rejas que hay (en otra escena se refugia en un periódico, en otras en sí misma…) porque sabe que la pasión que siente por Chow es mayor a la que jamás sentirá por su marido (curioso que nunca vemos su cara ni la de la mujer de Chow). Esos pequeños detalles son los que alimentan su amor, un amor callado (pero no por ello menos pasional) y lo hacen crecer con más fuerza cada día.

En el minuto 35 está la escena que se describe al principio. Cuando no estan juntos podemos intuir sus pensamientos, la necesidad de afecto que tienen, de tocarse, de acariciarse. En otra escena quedan, ella va a reunirse con él en el hotel, sube con rapidez, pero no se atreve y vuelve a bajar (no sé si seré el único al que le ha pasado esto un millón de veces xD). Pero en el fondo sabe que con él se siente bien y le ama, así que vuelve. Él le dice: Creía que no vendrías. A lo que ella responde: Nosotros no somos como ellos. Están juntos, se ríen, ensayan que él tednría una amante y ella rompe a llorar. Sabe que no es cierto, pero la sola idea de que lo fuera le parte el corazón.

En otra escena, sus amigos vuelven a jugar a las cartas. Ella ya no tiene a un marido al que acariciar (ni periódico, ni rejas…), solo le necesita a él. Él en el trabajo, lo mismo. Vuelven a ensayar que el la deja y se va, acariciándola por última vez. Tras el ensayo, vuelve a romper a llorar, pues la idea de que pasara le horrorizaba. Después en el coche, se agarran de la mano (cuando en una ocasión anterior, ella se la había negado). Pared contra pared, casi pueden sentirse aún estando en habitaciones diferentes. En el hotel, esta vez es él quien la deja plantada, congelándose la imagen como cuando lo hizo ella. Luego viene el famoso árbol. “Antiguamente, si alguien tenía un secreto que no quería compartir, subía a una montaña en busca de un árbol, le hacía un agujero y susurraba el secreto. Luego lo tapaba con barro y dejaba el secreto ahí para siempre”. Este es el diálogo clave para entender el desenlace. Finalmente, él se va. Ella le llama, pone el teléfono en su hombro, y él sabe automáticamente que es ella, gritando en silencio que le necesita. Los años pasan, dejan de hablarse y el deseo desaparece. Ella mira la ventana, recordando aquellos años, sintiendo nostalgia. Él regresa, pero por una nimia equivocación, se queda sin verla. Luego nos dicen: Acabada esa época, nada de lo que perteneció a ella existe ya”. Pero… ¿de quién es ese niño? Es el único cabo que me falta por atar. En la escena final, él se encuentra en un templo buda. Encuentra el agujero, susurra su gran secreto, y se va. Con una frase final magistral concluye la película, dejándonos sensación de tristeza y vacío interior.

Lo peor en una película de estas características es no entrar. Que los silencios, miradas, pausas, música repetida y demás no expresen nada. A mí me ha parecido una historia de amor tristísima, formada por pequeños detalles, sensible (tal vez demasiado, pero nunca sensiblera), que sin duda añadiría a mi lista de “Las historias de amor más tristes del mundo”. Una película imprescindible, obra maestra (tal vez no absoluta, pues su sencillez argumental la lastra un poco) de obligado visionado. La película es puro cine “Kar-Wai”, que gustará a algunos y aburrirá a los más cafres (no lo digo en plan despectivo, pues tengo amigos a los que no les dijo nada, pero perdón por la generalización xD). De obligado visionado.

NOTA GLOBAL: 9.5.

Los participantes del proyecto: Books&Films, ¿Y si esta vez te quedaras?, Cineahora, Cinematic World, El día del cazador, El séptimo arte, El diario de Mr. Macguffin, Marco Velez, Himnem, Fabrica de ilusiones, Padded Room: Chronics floor, El lamento de Portnoy, La mujer justa, Bogotá 35MM, Ojo de buey, Viaje a Itaca, Sesión Doble, Ekilore, Rulemanes para Telémaco, Arteyliteratura, La linterna mágica, Rod@ndo, El trono de Hatti, Palabras ocultas, Mitte, The Observer

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Proyecto Sesiones Dobles: Wong Kar-Wai.

marzo 31, 2007 at 3:25 pm (Directores, Proyectos)

Proyecto sesiones dobles

Hoy (bueno, ayer) comenzamos este nuevo (esperemos a lo de “apasionante”, de momento me parece más adecuado “interesante”) proyecto en el que proponemos a nuestros lectores a que vean dos películas de un determinado director para luego comentarlas, tal y como se explica en las instrucciones. En esta ocasión comenzaremos con Wong Kar-Wai, un director nacido en Shangai pero criado en Hong Kong, con numerosos premios y reconocimientos a sus espaldas, entre ellos el de mejor director en Cannes en 1997 por Happy Together. En numerosas entrevistas ha declarado que en su opinión el saber hacer Cine no se puede aprender en una escuela; se lleva dentro. Él sirve de referencia a ello. Las películas seleccionadas de este director son las siguientes:

Título: ‘2046′
Título original: ‘2046′
Año: 2004
Director: Wong Kar-Wai
Guión: Wong Kar-Wai
Reparto: Tony Leung Chiu-Wai, Ziyi Zhang, Chang Chen, Faye Wong, Maggie Cheung
 

Título: ‘Deseando amar’
Título original: ‘Fa yeung nin wa’ / ‘In the mood for love’
Año: 2000
Director: Wong Kar-Wai
Guión: Wong Kar-Wai
Reparto: Tony Leung Chiu-Wai, Maggie Cheung, Ping Lam Siu

FILMOGRAFÍA COMPLETA:

– 2046 (2004).

– Eros (junto con Steven Soderbergh y Michelangelo Antonioni) (2004).

– In the Mood for Love (Deseando amar) (2000).

– Happy Together (1997).

– Fallen Angels (1995).

– Ashes of time (1994).

– Chungking Express (1994).

– Days of Being Wild (1990).

– El fluir de las lágrimas (1989).

Fechas de visionado: Del 30 de Marzo al 15 de Abril
Fechas de comentarios: Del 16 al 20 de Abril
Blogs participantes: Books&Films, ¿Y si esta vez te quedaras?, Cineahora, Cinematic World, El día del cazador, El séptimo arte, El diario de Mr. Macguffin, The Observer (de momento).

Respecto a la selección de películas, decir que no ha corrido bajo mi cargo, pero espero que en próximas sesiones dobles se me de un poco de voto y pueda sugerir opciones. Por otro lado, lo de elegir dos de los trabajos más significativos de cada director puede dar la sensación de desdeñar o despreciar el resto de su filmografía. Por mi parte, aclaro que no es así, y en el caso de haber visto otra obra del director me gustaría exponer una breve opinión sobre ella. Además, este proyecto me viene fenomenal para degustar más cine, en preferencia de directores como he cogido la costumbre de hacer últimamente.

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