ZINEMALDIA 2012: Summer Outside.

septiembre 29, 2012 at 8:23 pm (Críticas, Festivales)

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Continúo con la tónica de hablar de películas que lo necesitan. Summer Outside es una película alemana dirigida por la debutante Friederike Jehn, que cuenta la historia de una familia que se muda con su familia de Alemania a Suiza con la intención de sanar la dañada relación de sus padres. Durante el verano, caluroso como pocos, la distancia entre los miembros de la familia se irá agrandando.

Summer Outside probablemente se haya beneficiado de estar en la sección que está (Nuevos Directores). Cuando el tedio es costumbre, sorprende ver una película tan bien narrada como esta; en el país de los tuertos el ciego es el rey. Pero el debut de Jehn tiene poco de tuerto. El guión es sencillo, pero rico en matices. Con una sencilla estructura en la que se exploran los dramas de cada miembro de la familia, desarrolla los conflictos de forma clara y no cae en la reiteración. Vemos a un matrimonio en ese estado en el que cualquier minucia cotidiana es motivo para discutir durante horas, un hijo de frágil salud y probablemente autista, un vecino amable pero perturbado y una hija mayor con demasiadas preocupaciones.

Y es la hija mayor, Maria Victoria-Dragus (La cinta blanca), quien realiza una interpretación estupenda, metiéndonos en la piel de una adolescente que tiene que cargar con el peso de su familia. Para escapar de ese peso, sueña con volar en un globo con los colores del arcoiris. Ella será la encargada de vigilar que sus padres sean responsables, quitándoles las copas de las manos cuando están borrachos y velando por su reconciliación. Al mismo tiempo, tiene dificultades para encajar en la escuela y el chico que le gusta se lía con otra cuando le confiesa que es virgen. Resulta muy difícil no identificarse con sus problemas, y la prístina expresividad de la actriz funciona como un espejo de las vivencias del espectador.

Summer Outside es una película agradable y ante todo, bien hecha. No carga las tintas te lo dramático ni reinventa la rueda, pero el desarrollo y el tratamiento de personajes es sensible y atento, haciéndote ver en todo momento las motivaciones y emociones no habladas de los personajes. Más como esta en la sección Nuevos Directores, por favor. 

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ZINEMALDIA 2012: El último Elvis.

septiembre 28, 2012 at 8:20 pm (Críticas, Festivales)

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Hay varias películas en el Zinemaldia que no me han gustado, desde la absurdez de Venuto al mundo a las clásicas pelis de festivales que juegan a la ambigüedad para esconder el vacío (Shell, Carne de perro). Pero he decidido centrarme en las que me gustan. ¿Para qué hablar de lo que no merece la pena si hay joyas escondidas como esta que merecen apoyo? Porque esta más que Beasts of the Southern Wild y otras indie-darlings, necesita que se hable de ella.

El último Elvis cuenta la historia de un imitador de Elvis agarrado a sus sueños que lucha con una realidad cotidiana que no deja de ponerle trabas. Es ante todo la historia de una lucha interior, una lucha en la que los sueños y la confianza en el talento propio se defienden con lanzas y escudos ante el asedio de una gris realidad que quiere derribarlos. Suena conocido, pero cuando una historia rebosa honestidad los tópicos se convierten en personajes reales con libre albedrío, que piensan y sienten sin la sensación de ser guiados por un guionista. Esta credibilidad necesita ante todo la ayuda de unos intérpretes de altura, y en este caso vaya si la tiene.

La película del debutante Armando Bo triunfa sobre todo por una actuación estelar del protagonista, John McInerny, que embute de honestidad y calidez al personaje y resulta empático al público incluso cuando sus acciones no son especialmente ejemplares. No sólo empatizas, sino que hasta puede que compartas su desazón. Su frustración ante una sociedad aborregada que no repara ante el talento individual, y su confianza ciega ante unos sueños que se van haciendo más y más lejanos pero siguen bulliendo intensamente en el interior. La relación con su hija resulta especialmente tierna, sin manipulaciones de por medio. Pura química actoral y afecto que traspasa la pantalla.

La música aquí brilla con luz propia, con unos covers de Elvis increíbles entre los que destaca una magnífica versión de Unchained Melody ante la que es imposible contener la emoción.. Otro de sus puntos fuertes es la fotografía. Con travellings suaves y elegantes que ayudan a sumergirse en la trama y hacen vibrar los recitales del protagonista. Se nota que la película ha sido muy cuidada en posproducción, con tonos saturados que oscilan entre marrones y ocres, y un regusto a 35mm muy de agradecer tras la revolución digital. Especial atención se ha dado también al uso de la luz, sobre todo en las escenas de los conciertos. Hay unos contraplanos con luces de fondo excelsos.

Los mejores momentos de la película provienen de la unión de estos dos atributos. Mientras “Elvis” toca Unchained Melody, podemos ver en la tapa del piano el reflejo de las luces nocturnas de la ciudad, y luego vemos las luces a través de la ventana, sugiriendo una bella metáfora. Siempre se nos niega el contacto directo con los sueños, siempre ha de ser a través de un filtro, un reflejo o una verja. Elvis ve cómo su futuro brilla al exterior, sus sueños relucen sin que él pueda alcanzarlos, mientras que ahí dentro, en el local, la gente empieza a captar el esfuerzo de su actuación y aplaude con sinceridad. ¿Es posible que la realidad y los sueños se reconcilien finalmente creando una armonía perfecta en el individuo? 

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ZINEMALDIA 2012: Beasts of the Southern Wild.

septiembre 26, 2012 at 8:18 pm (Críticas, Festivales)

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‘Beasts of the Southern Wilde’ el debut en la dirección de Benh Zeitlin que deslumbró en Sundance y ahora en San Sebastián. La historia cuenta las desventuras de Hushpuppy, una niña de seis años que quiere ayudar a su padre a defender su hogar contra las inclemencias de la naturaleza.

El mundo en el que vive es uno sin reglas, desaliñado pero lleno de libertad. La película comparte los atributos del mundo que enmarca; se trata de una película de estructura desordenada y que se dirige un poco hacia la deriva, pero también está provista de una fuerza incontrolada y adictiva.

Así como su frescura resulta innegable, el debut de Benh Zeitlin también cae en algunos clichés que enturbian parcialmente el resultado final. La cámara en mano es uno de ellos. En algunos casos es efectiva y aporta dinamismo a las escenas, pero otras muchas sólo sirve para marear y confundir al espectador (aunque esta comparada con Los juegos del hambre es como una de Eric Rohmer). Conste que no critico la técnica (cámara en mano), sino su aplicación.

Otro de sus fallos es la búsqueda insaciable de la emoción. La historia tiene material suficiente para asegurar la aparición de esta sin tener que recurrir a trucos ni enfermedades terminales. Y sin embargo, parece que Benh Zeitlin no confía del todo en las posibilidades de su obra, incorporando elementos genéricos que molestan precisamente en esta película más que en cualquier otra. La errada creencia de que el método más efectivo para hacer llorar es mostrar a una persona llorando.

Hay algo en Beasts of the Southern Wild que la redime de sus fallos. Es un impulso incontrolado, una actitud libertaria de la cámara que nos brinda imágenes desesperadas.

El mundo que Beasts of the Southern Wild reivindica es uno desaliñado, sucio y ciertamente. Pero también es uno libre de prejuicios, dogmas culturales y sociales, en el cual poder correr a tus anchas sin que nadie te avise con desdén de que se te está bajando el pantalón  Tal vez este estilo de vida no sea mejor que el nuestro. Tal vez sí. Pero ambos estilos de vida tienen algo de lo que aprender.

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ZINEMALDIA 2012: Amour.

septiembre 24, 2012 at 8:17 pm (Críticas, Festivales)

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Los fans de Michael Haneke conocen su estilo, y sus detractores también. A estas alturas juzgar como insultantes algunas de sus decisiones carece de crédito. Haneke quiere jugar contigo, y no se va a andar con rodeos. Te expondrá temas incómodos, te los restregará en la cara, hará de tu posicionamiento en la historia una tarea ardua, y te golpeará donde más duele. Ahora te toca a tí decidir si tienes la suficiente entereza como para aguantar el viaje.

‘Amour’ es una película sobre el proceso de descomposición humano. Lento, doloroso, incómodo. La película se impregna de todos esos atributos, y aunque nuestra sensibilidad nos inste a apartar la mirada, no podemos. Porque todo lo que Haneke nos cuenta, al margen de si es perturbador o no, es eminentemente humano. A esto ayuda el estilo austero de Haneke, despreciando el concepto de música como subrayador emocional y manteniendo planos que siempre encierran una interpretación a rescatar. La única concesión que le da a su naturalismo, es una secuencia onírica que no podría ser más relevante. Esta nos sumerge aún más en la oscuridad del tema principal, invitándonos a saborear el nihilismo y la crisis existencial.

Tanta oscuridad sería insoportable sin dos intérpretes tan sumamente humanos. Jean Louis Trintignant interpreta al esposo de Emmanuelle Riva, que lleva como mejor sabe la tarea que le ha tocado y que cae simpático desde el primer momento. Hasta cuando se queja sobre algo cae simpático, pues no es egoísmo, sino frustración al no poder amar a alguien que no quiere ser amado. Emmanuelle Riva aporta veracidad a un papel difícil e incómodo.  Y valiente es Emmanuelle Riva, ante todo, ya que este papel requiere de una gran disposición psicológica y es imposible no verse afectado personalmente. Isabelle Huppert supone un pequeño alivio ante la rutina deprimente de la pareja. Sus lloros comulgan con los lloros contenidos del espectador, que probablemente también tenga un pariente en estado similar.

Amour es una curiosa paradoja: una película necesaria que no recomendaría, porque rompe con el espíritu evasivo del cine y no hay sensaciones positivas a las que acogerse. Entrar a una sala de cine no para huir de la realidad, sino para enfrentarse a ella, escarbar y sacar la pudredumbre que nadie quiere ver pero que anida en nuestros corazones. Porque todo lo que cuenta ‘Amour’ es una verdad ineludible.

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ZINEMALDIA 2012: Argo.

septiembre 23, 2012 at 8:15 pm (Críticas, Festivales)

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Argo es la tercera película como director de Ben Affleck. Ambientada en 1979, cuenta cómo la embajada de los Estados Unidos en Teherán fue ocupada por un grupo de iraníes, la CIA y el gobierno canadiense organizaron una operación para rescatar a seis diplomáticos estadounidenses. Con este fin se recurrió a un experto en el arte del disfraz y se preparó el escenario para el rodaje de una película (“Argo”), en la que participaba un equipo de cazatalentos de Hollywood.

Para su tercer largometraje, Ben Affleck se ha servido de un hecho real repleto de interés, no ya por la improbabilidad de su éxito, sino por la cantidad de aristas sociales que tiene. Tal vez en ese aspecto la película se quede algo corta. Ben Affleck dirige con eficiencia, pero su visión no alcanza a cubrir todas las capas del conflicto. Durante una escena en un mercadillo, vemos cómo un vendedor se queja a los protagonistas por sacar una mísera foto de su comercio, gritando que a su hijo lo mató una pistola americana. Como estamos completamente involucrados en la misión de los protagonistas, el vendedor no supone más que un estorbo para la misión; cuando en realidad, el núcleo de la cuestión es otro: los años de aguante de un pueblo que ha sufrido penurias y abusos, y cuya rabia contenida acaba explotando en un lugar inadecuado frente a la gente inadecuada.

Aun con sus limitaciones, Argo es la mejor película de Ben Affleck hasta la fecha. Mucho mejor que The Town (aquella versión amateur de Heat repleta de clichés y personajes estereotípicos). Aquí se evita el fallo de los tópicos a costa de pasar muy de puntillas en la descripción de personajes. Los registros expresivos de Ben Affleck siguen siendo escuetos, y su barba de tres días podrá dar credibilidad a la historia de padre divorciado, pero no consigue que nos importe. El grupo de secuestrados está integrado por estupendos secundarios que van desde la estrella emergente Scott McNairy (se le puede ver también en Killing Them Softly) hasta Clea DuVall (Carnivàle) y es una pena que no sepamos más de ellos. A los que sí se aprovecha es a John Goodman y Alan Arkin, hilarantes como productores de la space-opera.

Con todo, Argo es una película entretenida en repleta de tensión en su último tercio, valiente en un retrato del conflicto que no cae en el esquematismo (americanos-buenos/iraniés-malos), pero que tampoco se explora plenamente. Se agradecen también los toques de humor en el tramo en el que buscan productor y asociados para la película de ciencia-ficción. Como en The Player de Robert Altman, las mentiras y bajezas que se esconden tras la alfombra de un reluciente Hollywood sólo pueden ser tratadas con un sardónico sentido del humor.

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Mona Lisa: El drama noir de Neil Jordan.

agosto 10, 2012 at 8:09 pm (Clásicos de ayer y de hoy, Críticas, Social)

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No exagero si digo que Neil Jordan me parece uno de los cineastas activos más interesantes del mundo. Ya sea con vertientes oscuras de cuentos populares (En compañía de lobos), con las crónicas de un vampiro que come ratas (Entrevista con el vampiro) o con su introspección del travestismo (Desayuno en Plutón), siempre demuestra riqueza y heterodoxia en el tratamiento de los temas. No se conforma con que esos temas sean potentes de por sí. Cierto es que un par de excursiones americanas le han salido rana (Dentro de mis sueños, La extraña que hay en ti), pero tenía más que ver con los flojos libretos de los que partía que con su realización. El peculiar modo de desarrollar los temas que maneja, combinando libertina despreocupación por dar respuestas y serio compromiso para con sus personajes, abre siempre puertas. Nunca las cierra.

Mona Lisa es una película de 1986 que cuenta las desventuras de George (Bob Hoskins), un hombre que acaba de salir de la cárcel y encuentra trabajo como chófer de Simone, una prostituta. Más tarde, se verá inmerso en la búsqueda de una amiga de Simone, una chica de edad similar a la de su hija. Una hija a la que apenas ve. Si bien esta historia en manos de otro podría convertirse en una Paseando a Miss Daisy de baratillo, Neil Jordan nos ofrece un refrescante cóctel en el que caben drama, thriller, cine negro y un gran estudio de personajes. La perfecta armonía de estos hace que sea prácticamente imposible aburrirse viéndola.

Hay también, en su segunda mitad, cierto parecido con Hardcore de Paul Schrader, en cuanto a la búsqueda dolorosa de una inocencia corrompida. La diferencia es que en Hardcore, George C. Scott emprende la búsqueda de la chica por el lazo familiar, y en Mona Lisa es tan sólo por altruismo, lo cual la hace más conmovedora. Además, la película que nos ocupa destaca más en lo visual. Paul Schrader es un estupendo guionista pero Neil Jordan nació director. Eso se nota en el dinamismo que le da a las imágenes, la segura mano con la que trenza un ritmo progresivamente opresivo y turbio y el modo en el que cuenta una historia aprovechando el medio cinematográfico, narrando más a través de miradas y silencios que mediante rutinarios diálogos.

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Bob Hoskins tiene gran parte del mérito de que la película funcione tan bien. No puedo pensar en una elección más adecuada para el papel y que transmita tanta credibilidad y calidez en cada gesto. Pertenece a esa no muy abundante raza de actores que prefieren no fingir ser alguien, sino serlo por un lapso de tiempo. El papel de hombre corriente y vulgar pero con un corazón de oro le sienta como anillo al dedo y no hay rastro de impostura en sus ademanes. Sus continuos encontronazos con Simone no hacen más que aumentar nuestra simpatía por él, ya que su bondad oculta frustración. No encuentra hueco donde depositar su bondad (la madre de su hija no le deja verla, la prostituta se muestra fría y distante al principio), pero cuando finalmente ve la posibilidad de ayudar en algo no parará hasta conseguirlo.

Cabe destacar una característica común en algunas películas de Neil Jordan: la fascinación por una mujer de incierta sexualidad que proviene de un entorno hostil. En Juego de lágrimas y Desayuno en Plutón eran transexuales, pero mujeres en espíritu al fin y al cabo. Aquí es una mujer, pero con rasgos bastante masculinos. Son la herramienta de la que Jordan se vale para ahondar en el mundo interior de alguien evitando clichés; parece decirnos que en nuestro verdadero yo hay corrientes masculinas y femeninas que se cruzan y colapsan, quedando en pie más de unas que de otras. Pero que nadie es todo o nada, blanco o negro, y que sólo tenemos de guía una pulsión que a veces no entiende de géneros. A Jordan también le gusta contraponer esta contundente visión de la personalidad a una más conservadora y tradicional. Si en Juego de Lágrimas era Stephen Rea quien se replanteaba sus principios e inclinaciones, aquí ese papel se reserva a Bob Hoskins.

Mona Lisa es una película que habla de dos mundos y del choque de estos. El mundo del glamour, con su manto de elegancia tras el que se ocultan fiestas sadomasoquistas, chocando contra el mundo normal. Es la triste historia de dos mundos que se desean el uno al otro pero que están destinados a vivir separados. A la prostituta le molesta ver en Bob Hoskins una honestidad que no creía posible en un hombre, y a Bob Hoskins le duele que ella ponga precio a su belleza. Pero ambas son personas rotas en busca de alguien a quien amar. Lo que les une es más importante que lo que les separa, aunque al final tampoco eso sea suficiente. Hay una escena muy paradigmática un poco antes del desenlace, en el muelle. Hoskins comprende la inclinación sexual de la prostituta y empieza a bailar con ella, a fingir los clichés de todas las relaciones de manera bufa. Hasta que con unas ridículas gafas estrelladas en sus ojos, se da cuenta de que eso no es para él. De que nunca podrá vivir una vida normal con una persona tan compleja y difícil. Con alguien que proviene de otro mundo.

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Decasia: el triunfo del cine.

julio 15, 2012 at 12:57 pm (Críticas, Reflexiones)

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En Decasia, de Bill Morrison, se combinan imágenes alteradas químicamente con sonidos que suponen una experiencia, confirmándonos un hecho: el increíble alcance del cine experimental. Al principio de la película vemos una cadena de proyectores, de hilos con negativos de película, sumergidos en el líquido que lo hará todo visible. De repente, una mano entra en escena y coge uno de los negativos. Es esta la mano de Dios, que puede modificar a su antojo cuantas imágenes quiera.

¿Y si nuestra vida estuviera regida por una mano que altera nuestra percepción, una mano con afán de mediocridad que nos ha mostrado hasta ahora la realidad de forma convencional? ¿Y si la verdadera realidad fuera el mundo distorsionado y turbador de Decasia? Esa mano que altera los negativos determina el fluir mágico de imágenes en Decasia. Y si esa mano puede dominar el cine, también puede hacer lo propio con la vida; pues ambas no son más que ilusión.

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En una escuela católica, unas monjas esperan a que las niñas entren a clase. Pero la deformación de la imagen, la opresiva banda sonora, y la composición (las monjas están en las esquinas, como ángeles -o diablos- custodios) alteran por completo el significado, transformando lo cotidiano en tenebroso. Los niños, puros e inocentes, entran en las puertas del infierno. Lo que deberían ser los primeros y enriquecedores pasos de la educación, se transforman en una pesadilla de obligaciones que poco a poco les va devorando hasta arrancar de su ser lo particular, todo lo que les hace diferentes al resto. Los niños entran con pesar a clase, como militares que van a la guerra, con la única diferencia de que los militares se enfrentan a la muerte física y ellos a la interior.

Un boxeador pelea contra formas desiguales carentes de todo orden… La irracionalidad. La mente lógica y calculadora dándose siempre de bruces con el fenómeno inexplicable. La incapacidad de comprender, en algunos casos, no evoluciona en un deseo de comprensión, sino en furia idiótica del que ni sabe, ni mucho menos quiere comprender. Del que sólo quiere destruir aquello que escapa a su control. Un boxeador idiota. Un paria sin criterio. ¿Por qué hay tantos?

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FANT 2012: The Divide.

mayo 25, 2012 at 7:59 pm (Críticas, Festivales)

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The Divide es el último largo de Xavier Gens, director francés que comenzó en el terror con Frontieres y luego se fue a Hollywood a dirigir la malograda adaptación de Hitman. No dice mucho, pues, afirmar que esta es su mejor película hasta la fecha. Pero tal vez diga algo más que con su currículum anterior uno no esperaría que una película suya llegara tan lejos. The Divide empieza con calma, con personajes bastante estereotipados, y durante su primera media hora no ocurre nada que la aleje de las rutas convencionales.

Pero desde que la puerta queda definitivamente cerrada, la película da un violento giro hacia los abismos más oscuros del alma. De aquí vienen muchas de las quejas que he oído de la película. Que deje de lado la trama de los científicos para centrarse en lo que hay dentro. ¿Y cuál es el problema? ¿Acaso esa trama podía dar mucho más de sí? Coincido en que la película no debería introducir una trama que no vaya a cerrar y que podría haber dejado claras sus intenciones desde el minuto uno, pero hay películas que nunca llegan a ellas y aquí la espera merece la pena. Me da que este no es más que otro caso como el de El Bosque de M. Night Shyamalan de expectativas truncadas, culpa de un público abrazado a nociones previas y que no se deja sorprender. Lo cierto es que The Divide explota sus puntos fuertes: las interpretaciones se elevan, la progresiva degradación moral oprime y se transcienden las convenciones del género.

Hay que decir que no es una película indicada para los más sensibles, puesto que se quejarán de la truculencia y querrán que la película acabe. Pero no por mirar hacia otro lado hacemos que la putrefacción humana desaparezca. The Divide es modélica en el modo en que te obliga a mirar a lugares incómodos, sirviéndose en ocasiones de un humor muy negro y socarrón (el calvo vistiéndose de mujer, Rosanna Arquette dejándose hacer sesiones de S&M para paliar el vacío que le ha dejado su hija) que no hacen más que acentuar aún más la miseria de todos y cada uno de los personajes. Por supuesto, hay un resquicio de bondad, encarnado en los personajes de Lauren German, Michael Biehn y Ashton Holmes, necesario para compensar tanta atrocidad. Pero el demoledor final no deja hueco para ingenuas entelequias: a veces el egoísmo más cruel es el único modo de salvar la vida.

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FANT 2012: El callejón.

mayo 22, 2012 at 7:57 pm (Críticas, Festivales)

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‘El Callejón’ comienza estupendamente con ese baile psicodélico de Ana de Armas, entre naïve e irónico, que comparte intencionalidad con el comienzo de Mulholland Drive: una dulce y engañosa piruleta que sirve para sumergirnos más en la pesadilla posterior. Tras esto, se introduce a su personaje con una economía de medios encomiable; la conversación telefónica con su ex aporta, por un lado, las primeras notas de humor, y por otro, introduce sibilinamente una pista hitchcockiana: dudamos de si los celos del novio podrían llevarle algo más. No revelaré si la pista es falsa o no, pero funcionar funciona.
Habiendo empezado tan bien, temía que una vez llegados a la lavandería la película se haría aburrida, pero la potente estética en rojos, azules y verdes junto al aprovechamiento del espacio que confecciona Trashorras lo impiden. Sirva de ejemplo la escena en la que Ana de Armas baila y ve en el espejo a su “yo” idealizado vestido de gala. Tiene algo de bello, así como la conversación posterior con Diego Cadavid, de un inusitado naturalismo teniendo en cuenta que nos encontramos ante una película de terror. Pequeños-grandes detalles que enriquecen la materia emocional de la película.
El problema viene tras la revelación de la identidad del asesino. Aquí la película titubea con unos sucesos de escaso interés (dudo-salgo a por el teléfono-entro-vuelvo a dudar-salgo hacia el coche-vuelvo a entrar-dudo-etc.) que acaban en el punto de partida y no aportan más que migajas de tensión. También creo que el personaje del vagabundo podría haber dado más de sí. Me dio por imaginar a un Peter Vincent hobo que introdujera a la protagonista -y al espectador- algo más gradualmente en el giro del último tercio.
Afortunadamente, la peli recobra fuerza y lo hace por medio de un sueño. En él, vemos el plano picado de unas escaleras en caracol como inagotable símbolo de lo onírico y sus múltiples capas, y la cara del asesino deformada y aumentada en la medida en que su influjo sobre la psique de la protagonista ha ido también aumentando. El giro y la aparición del personaje de Leonor Varela (esta mujer siempre me ha parecido bellísima) aportan a la película el brío que venía necesitando, y aunque a estas alturas la gente ya no sepa cómo reaccionar, yo aprecio el desconcierto del que me hace partícipe. Me pregunto por qué se nos atascan tanto las medias tintas, todo lo que no es inmediatamente discernible en un “jiji-jaja” y un “UUUUH!”.
El callejón es una estimulante y juguetona película de (multi-)género que apela más a las sensaciones que a la razón. Seguramente, otra propuesta arriesgada destinada al ostracismo de un público español que necesita quitarse ya la venda de los ojos: sí, somos capaces de hacer cosas diferentes, y sí, también podemos hacerlas bien.

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Crítica: Los renegados del diablo.

febrero 22, 2012 at 7:56 pm (Críticas, Curiosidades)

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Hay en Los renegados del diablo una visión pesimista de la civilización. Aquel que sufre los palos y escupitajos de la sociedad reprime una furia enfermiza que más tarde liberará en contra de su opresor inicial. Se forma así un círculo vicioso en el que se alimenta la locura y la demencia, en el que víctimas inocentes son torturadas y asesinadas, pagan justos por pecadores y los antes justos corrompen a otros inocentes. Ese círculo vicioso de locura y depravación en los márgenes de la sociedad es el epicentro de la película, y es una idea que se transmite no sólo temáticamente, sino también formalmente (filtros y técnicas de montaje raras, inusuales, furiosas).

Rob Zombie ya había mostrado en La casa de los 1000 cadáveres (2003) unas particulares señas de estilo, pero en esta radicaliza su discurso y potencia las cualidades de su debut. Con Los renegados del diablo se aleja del terror más ortodoxo de La casa de los 1000 cadáveres, aunque vuelve a estar presente el referente, al parecer, perpetuo del director: La matanza de Texas de Tobe Hopper (1974). Su espíritu sobrevuela todo el film pero por suerte no lo condiciona. Entra en momentos puntuales en el terror pero se sale al poco para mezclar thriller, comedia negra, un aire a road movie sucia y todo lo que quepa en este desquiciado viaje. Eso aderezado con una banda sonora setentera repleta de rock sureño (suenan The Allman Brothers Band o Lynyrd Skynyrd). Constituye en sí misma un tributo a la década de los 70 y, sobre todo, al cine que en ella se produjo.

Esta secuela encubierta de La casa de los 1000 cadáveres se caracteriza por avanzar y expandir los apuntes de aquella. Los personajes principales se mantienen y sus impulsos criminales se llevan al extremo. Se ahonda más en el retrato familiar-disfuncional-enfermizo y en la paradoja que encierra el que no hagan más que insultarse y lanzarse improperios entre ellos pero que sin embargo permanezcan siempre unidos. También se contrapone la ideología de los renegados a la de las fuerzas de autoridad. Vemos que ambos son despiadados, inmorales y faltos de honor. Pero mientras que los renegados lo aceptan y son consciente de su putrefacción, el policía (un gran William Forshyte) se miente a sí mismo pensando que todo lo que hace es por un bien mayor. Es, básicamente, la diferencia entre la honestidad y la hipocresía.

Estas consideraciones socio-ideológicas junto con la potencia de unas imágenes cruentas, una banda sonora deleitosa y un ritmo siempre constante, hacen de Los renegados del diablo un entretenidísimo y estimulante viaje a los estertores agónicos de la perversión y la locura. 

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