FANT 2013: Maniac.

mayo 12, 2013 at 8:35 pm (Críticas, Festivales)

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‘Maniac’ comienza con fuerza. En un paseo nocturno en coche que nos recuerda a Drive (no sólo por la cámara subjetiva, sino también por la música synth ochentera), Elijah Wood da caza a su primera víctima, arrancándole la cabellera de forma brutal. Escenas como esta se sucederán a lo largo de la película, haciendo las delicias del aficionado al gore. Maniac nos cuenta la historia de Frank, un joven solitario que es propietario de un almacén con maniquíes. Siendo psicológicamente inestable, intentará mantenerse a raya y ser una persona normal cuando conoce a Anna, una encantadora fotógrafa que le pide sus maniquíes para una exposición. Pero las voces de su cabeza siguen dictándole que mate.

La película funciona primero por la interpretación de Elijah Wood, que a pesar de aparecer en pantalla escasos 15 minutos, su omnipresencia carga con el peso del relato. Sus facciones tristes y pómulos hundidos reflejan su desesperación al mirarse en el espejo, así como el soterrado deseo de cambiar y redimirse. El espectador llega a pensar que tiene probabilidades de conseguirlo, a pesar de que su enfermedad mental le persigue como una sombra. El guión de Alexandre Aja consigue, pues, crear un personaje con enjundia que no sólo está escrito para matar.

Después está la decisión estética de rodar la mayor parte de la película en plano subjetivo. Con ello se consiguen unos planos muy chulos y sumergir más al espectador en el momento, pero también se desvelan las deficiencias del guión. El plano subjetivo nos anticipa la información de que va a haber una nueva víctima. Esto ocurre en muchos giallos. Lo malo en este caso, y el punto flaco del guión de Aja, es que algunas escenas de asesinatos no tienen ningún efecto en el desarrollo de la trama, lo cual produce una sensación de monotonía cada vez que una víctima aparece en el radar de Frank.

El director introduce de forma contenida unos flashbacks que no molestan, pues son pocos y ayudan a describir las motivaciones del protagonista sin caer en subrayados. La labor de Franck Khalfoun es en todo momento efectiva y dinámica, pero al contrario que en ‘Stoker’, donde se compensaba la simpleza de la historia con una inagotable creatividad, aquí hay “sólo” buen hacer. Es más que suficiente para entretener, pero no para indagar con más hondura en las oquedades de la psique humana.

 

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FANT 2013: Angustia.

mayo 9, 2013 at 8:33 pm (Clásicos de ayer y de hoy, Críticas, Festivales)

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Es un misterio para mí por qué Angustia no está mejor valorada dentro del género de intriga y terror españoles, más allá de que tenga pegada la etiqueta “de culto”. No había visto nada de Bigas Luna, pero no sé por qué me esperaba otro tipo de película de él. Y he de decir que el tipo de película que me esperaba era mucho peor que lo que finalmente he encontrado. Angustia es una película de género hecha con mucho oficio y cariño, recordando a ciertas películas de género de los 80. La historia comienza con John, un oftalmólogo que tiene una curiosa afición: colecciona ojos. Su madre ejerce sobre él un fuerte dominio psicológico. La relación con su hijo es de total dominio. En una de las habituales misiones que John cumple por orden de su madre, se dirige a un cine. Allí, dos estudiantes, Linda y Patricia, se encuentran en una extraña situación, debido a los aspectos hipnóticos de la película. La protagonista de Angustia es una criatura demasiado sensible que, de algún modo, parece presentir la catástrofe que está a punto de suceder (¿es posible que esta fuera la semilla de la saga Destino Final?). Su inquietud llama la atención de otros espectadores, y cuando su amiga sale al baño la pesadilla comienza.

La trama, con toques metafísicos, recuerda también al comienzo de la segunda entrega de otra saga de terror: Scream. No sé si Wes Craven vio Angustia, pero si es así, le debe a Bigas Luna la mejor escena de su película. La trama también remite, desgraciadamente, a acontecimientos recientes como la masacre de Colorado en la que un hombre asesinó a 12 personas que asistían al estreno de The Dark Knight Rises. Sea como sea, el poder de la ficción por atravesar sus fronteras y afectar la realidad parece ser una constante histórica tanto dentro del cine como fuera de él. En este caso, son los momentos concernientes a una sesión de hipnotismo, con la inquietante Zelda Rubinstein y una imaginería psicodélica, los que más afectan a los espectadores. Tal es el poder de esa ficción, que incita a las mentes trastornadas a emular los actos violentos que ve en pantalla. En ningún momento se toca la moral sobre este hecho, lo cual me parece positivo pues es una traba para el entretenimiento. No se juzga ese poder de la ficción como algo bueno o malo, sino sencillamente poderoso. Bigas Luna caía en el riesgo de moralizar con el tema, como ya se ha hecho incontables veces con los videojuegos y la música metal. Que si afectan de forma negativa a las mentes de los adolescentes y provocan consecuencias nefastas… Cuando siempre queda claro que el único culpable es la debilidad del ser humano.

También hay que decir que la mayoría de aciertos de la película se encuentran en la primera hora, y conforme se va acercando al final se va tornando más rutinaria, quedándose un poco por debajo de las expectativas que había levantado previamente. La escena final supone un gracioso guiño, que aparte de ser el típico cliffhanger de película de terror, pone una guinda en el discurso del cine como la transgresión definitiva de la realidad. Cuando se siente un horror intenso, da igual si su origen se encuentra en la ficción; para la mente es real y así te lo mostrará. Con esto, Bigas Luna parece postular: Sí, el (buen) cine tiene el poder de volverte loco.

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FANT 2013: Stoker.

mayo 6, 2013 at 8:37 pm (Críticas, Festivales)

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‘Stoker’ ha sido la encargada de inaugurar el FANT, y no podría haber sido una mejor elección. El debut de Park Chan-wook en Estados Unidos sorprende, pues conserva todas sus características estilísticas, su creatividad y tampoco se corta en cuanto a la turbiedad de la historia. Con ecos al Hitchcock de ‘La sombra de una duda’, Stoker nos cuenta la historia de India, una joven que sufre la pérdida de su padre, unida a la llegada de su tío Charlie, que trastoca todo su mundo y la lleva a una espiral de sentimientos encontrados de la que será difícil escapar indemne.

El guión de Wentworth Miller (Michael Scoffield en Prison Break) puede mirarse de menos por su simpleza, pero desde el monólogo inicial ya apunta a ser algo más: una voz en off nos advierte de cómo elementos externos pueden definirnos más que las cosas que creíamos propias. Miller consigue un sutil retrato psicológico de sus tres personajes principales, que Chan-wook se encarga de expandir y enriquecer con su talento tras la cámara. Tenemos a India, una introvertida adolescente, que es posible que padezca el síndrome de Asperger (una versión ligera de autismo). Se pasea por su casa como esperando algo, y es hipersensible a los estímulos externos (hay que mencionar aquí la estupenda labor de sonido) hasta el punto de que puede presentir cosas que todavía no han pasado. En sus clases de dibujo pinta la decoración interior de un jarrón que escapa a la vista a la mayoría, y su vida es análoga a esta acción; posee dones que la mayoría no comprenden. Pero entonces llega Charlie, tal vez aquello que ella esperaba. A pesar de la diferencia de edad, sienten una conexión intangible desde la primera vez que se miran. Matthew Goode hace probablemente la mejor actuación de la película, con un personaje que resulta terrorífico, empático y vulnerable no sólo en la misma película, sino en una misma escena. Utiliza su carisma para manipular y es claramente psicótico, pero sus deseos son parecidos a los de cualquiera: encontrar alguien a quien amar y que le comprenda. Colin Firth estaba inicialmente previsto para el papel, pero por suerte no pudo hacerlo, porque es uno de esos accidentes afortunados. A pesar de que Firth sea un buen actor, carece de ese aura oscura y burlona de Goode. Por último, Nicole Kidman interpreta a la madre fría y distante, que está un poco de telón de fondo pero tiene un monólogo demoledor hacia el final de la película, en el que se pregunta qué ha hecho mal y por qué tiene una hija que no la ama.

Park Chan-wook llena la película de recursos estilísticos y simbolismos hacen que trascienda las ataduras de la narrativa convencional, dándole otra dimensión en la cual el espectador tiene más que decir. A India le regalan una llave por su cumpleaños. Lástima que el mismo día de su cumpleaños su padre muera y esa llave pueda significar su entrada en la amargura de la edad adulta. Los zapatos que le regalan cada cumpleaños nos hablan de alguien que ha estado siguiendo sus pasos. Suele pasear por su jardín colocándose en la misma postura que las estatuas, reflejando que su historia no es sólo la suya, sino la de muchas otras jóvenes que han venido antes que ella. En cierto momento, India ataca a un chico con un lápiz, que podría ser visto como una estaca, aludiendo al vampirismo (su apellido “Stoker” también es una referencia bastante clara). En la escena de la ducha, probablemente la mejor de la película, descubrimos la naturaleza de India. El barro que la cubre es su vergüenza ante esta revelación. En el dueto de piano (¿imaginado?) nos muestra el deseo sexual elevado por el arte y por la habilidad única en tocar esa pieza que sólo ellos dos comparten. En esa maravillosa transición del pelo a la hierba se reivindica lo sensual y el poder evocador que tiene para transportarnos al pasado… Esta enorme carga simbólica y recursos estilísticos pueden abotargar o fascinar dependiendo de la persona. Yo me encuentro entre los segundos.

‘Stoker’ es una interesantísima y original película, prueba de que todavía hay gente que valora al espectador, instándole a colocarse en una posición activa y no pasiva. Tal vez la sugestión y la creatividad estilística no vendan tantas entradas como la exposición y los guiones que encadenan acontecimientos sin descanso, pero siempre estarán más cerca del verdadero cine. Cierto que a veces el expresionismo puede resultar excesivo (las frases de las cartas apareciendo en el espacio real, como el Peter Greenaway desbocado de ‘Prospero’s Books’), pero se agradece una propuesta que no tiene miedo en proclamar una identidad propia frente al imperante vacío genérico de la masa.

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