Sobre reyertas silenciadas y dislates críticos.
Reproduzco íntegra una pequeña disputa que tuve con Alberto Abuín, responsable de una página de cine bastante conocida, hace ya algún tiempo:
Cinematic:
Te lo escribo aquí porque en el post en cuestión no me deja: He intentado morderme la lengua pero no puedo. Tu crítica de “Margot y la boda” me parece nefasta. No ya porque cortes todas con el mismo patrón y venga con las incongruencias gramaticales “de fábrica”, sino porque denota en tí una incapacidad empática enorme. Son muchos los que han puesto por los suelos a esta película, pero al menos han sabido justificarse mejor. Tú básicamente te limitas a echar bilis sin fundamento, que si “aureola trascendental” por aquí o “exagerada confusión” por allá. Expresiones “de comodín” y vacías que no hacen más que anular la personalidad de tu texto. Lo de “desajustadas interpretaciones” ya es de traca, creo que ni tú sabias lo que significa (otra cosa es lo que querrías haber dicho).
Pero lo peor es esto: “John Turturro hace un cameo, lo que debería hacer siempre”. Decir esto de un actor que lleva años y años demostrando lo camaleónico que es (y la amplia gama de papeles que es capaz de afrontar) y quedarse tan ancho me parece directamente una falta de respeto al lector. Eso por no decir que su breve aparición sirve para darnos muchas pistas acerca del personaje de Kidman.
También lamento que no hayas entendido el epílogo, pues está lleno de sentimiento. Y de ilógico tiene lo que tú de crítico esmerado; es decir, 0. Creo que si en un visionado no se ha desarrollado la capacidad suficiente para enfrentarse a una obra, es mejor dejarlo.
Y decir que aunque no lo parezca, esto va sin acritud. Dentro de poco (espero) publicaré una crítica sobre “Margot y la boda”. Te invito a que te pases y eches pestes de ella si te place.
Saludos.
Alberto Abuín:
Pues para ir sin acritud, te has despachado a gusto, Cinematic. Bueno, aunque éste no sea el post para comentarlo, no pasa nada.
Ya ni recuerdo mi crítica de ‘Margot y la boda’ (película que me sigue pareciendo un bodrio), pertenece al grupo de mis peores textos, que son aproximadamente el 99% por ciento de lo que he escrito aquí. Pero eso es lo de menos.
Ni me interesa discutir sobre esta película (hacerlo sobre ‘Tarántula’ estaría mucho mejor), ni me apetece visitar tu blog. Visito muy, muy pocos blogs personales.
Saludos.
¿Por qué ahora? Primero, esto no es el log de ningún chat. Me enteré hace poco de que el responsable había decidido borrar los comentarios de la página, ignoro si por inconfesa vergüenza o por ver amenazada su reputación (juas). Hice el comentario en una crítica de Tarántula de Jack Arnold porque el post de Margot y la boda no admitía comentarios. Podría ser que me los hubiese borrado por no estar en el post corresponiente, pero no cuela porque le avisé y él mismo me dijo que daba igual.
Segundo, y más importante, porque si entráis en la página podéis encontrar un dúo de críticas sobre The Box a cada cual más fatua y vergonzosa (y nada tiene que ver el hecho de que la película les haya gustado o no), a las que aplico todas y cada una de las palabras que dediqué a Abuín en ese comentario. Aparentemente escritas por gente que no ve más de 4 películas al año (las 4 blockbusters), muestran una escalofriante y ortodoxa visión del cine, de lo que debe ser y esta película no es. En un caso resulta particularmente punible que, al final de la crítica, se reconozca no haber entendido nada de la película; ¿con qué intención se han escrito entonces los párrafos anteriores?. En el otro, una epatante insensibilidad para con la rama del arte sobre la que se escribe, la mera expulsión de exabruptos ofuscados, sumando que ni siquiera se digne a dar ejemplos para sus categóricas afirmaciones, lo cual imposibilita toda opción de debate. En ambas se deja entrever la creencia de que el cine está hecho para complacer y no para sorprender. Que ha de regirse por unos patrones que den clichés vestidos de argumentos a los que agarrarse a la hora de comentarlo, para así tenerlo todo controlado (¿¡!?). Y si no es que te están tomando el pelo. No hay más.
Putrefacción en las butacas.

Este texto debía ser la crítica de The Box. Pero al ir a verla ha ocurrido algo que me ha impedido por completo hacerla. The Box era la película que más esperaba este año, era la primera película que iba a ver en pantalla grande de uno de mis directores actuales favoritos, estaba ilusionadísimo y atacado de los nervios a la vez. Este debía ser un día muy especial, y vaya si lo ha sido, pero en un modo muy diferente a lo que esperaba.
La sala estaba llena. Niños, mayores, pero generalmente críos aneuronales, y eso no lo limito a las personas de corta edad. A los dos minutos empezaron los comentarios: “aprieta el botón, coño”, “menuda rallada”. Nada que no me esperara, en realidad. Pero si ya estaban así en el principio, cuando todo era más o menos “normal”, no me quería imaginar las reacciones que soltarían más adelante. No había forma de meterse en la película, y el espectáculo era cada vez más y más bochornoso. Algunos empezaron a hacer ruidos y a agitar paquetes del modo más estruendoso posible. Cuando aparecía Frank Langella en la pantalla se oía un ”lámele la cara” acompañado de risotadas que no cesaban. Aguanté el suplicio durante casi 1 hora. Salí del cine y antes de cruzar la puerta, sin poder reprimirme, grité a la gente: “esto es vergonzoso”.
Al salir pedí en taquilla una hoja de reclamación. Ya sé que el cine no es responsable la que gente que va y que poco o nada se puede conseguir, pero quería al menos sugerir que cuando una situación así se diera, algún acomodador o empleado del lugar interviniera, porque aquello se había salido de madre. De nada servía intentar hacer oídos sordos o llamarles la atención en un tono cada vez más arisco. Cuando en Misión imposible 3 había dos o tres quinquis dando la brasa, bastó un grito para que no volvieran a abrir la boca en toda la película. Aquí era todo el cine. Todo.
Tampoco es justo culpar sólo a la gente de semejante bochorno. No sé a quién se le ocurrió la genial idea de proyectar una película como esta en el cine palomitero por excelencia de la ciudad, donde la gente va porque quiere estar bien cerca de su novia durante el susto de turno, que las explosiones y tiros les quemen los oídos o simplemente ”a ver que echan hoy”. En cualquier caso, estas decisiones derrumban el disfrute de muchos, pero claro, “y eso a quién le importa”.
Supongo que para los que sólo vayan al cine a entretenerse, esto no será más que levemente fastidioso, se descargarán los estrenos que quieran en una calidad insultante y se ahorrarán las chorradas del populacho. Pero cuando vas porque lo amas (tres cojones me importa lo cursi que suene esto), es una putada muy gorda y te joden muy pero que muy bien, porque tú seguirás yendo a disfrutarlo como se merece, y seguirás encontrándote con cosas como esta. Por mi parte, no sé si volver la semana que viene y terminar de verla. El precio de la entrada no me preocupa en absoluto, pero lo que tal vez debería hacer es preguntar en taquilla si ha entrado mucha o poca gente a la sala, con esperanzas de poder verla tranquilo. Porque, ¿dónde coño vivo que el pedir ver una peli tranquilo sea pedir mucho, demasiado?
Sólo hay algo que me consuela. Por lo que he podido ver, estoy bastante seguro de que The Box va a tener un éxito de taquilla considerable en España. La gente podrá echar cuantas pestes quiera al salir de la sala, pero lo quieran o no, han pagado la entrada. Y eso es lo único que necesita Richard Kelly para seguir haciendo cine.
Porque todo esto va sobre el cine… ¿O sobre pisotearlo?
Crumb.

Crumb no sólo llega a la raíz de la motivación artística, a describir con convicción la necesidad de hacer algo (lo que sea) que te aparte de la mugre que te acompaña día tras día y de amar apasionadamente el viejo y polvoriento cómic encerrado al fondo del último cajón que tan puramente rinde tributo a la inocencia de Bobby Driscoll.
No sólo es un impecable retrato a fondo del artista.
Muestra lo irreversiblemente nocivo de los lazos familiares, la extraña aparición de las orientaciones sexuales menos esperadas, el peligro que supone una estancia permanente en la frivolidad de la fama, en su mundo y con sus reglas, que puede llevarse a tu genio por delante a ritmo de rayas y de mujeres que jamás se habrían fijado en tu enclenque figura de no ser por tu obra. El abatido gesto de aislarse cuando la sociedad ya te ha tirado toda la mierda que podía. La angustia de ser talentoso y ver que las estructuras que deberían darte alas sólo fomentan el más ciego servilismo. Todo esto se expresa mediante declaraciones de tres hermanos, pero sobre todo, atendiendo a un hombre del que sólo me atrevo a decir sus iniciales: C.C. Cuando Crumb acaba, sólo esperas poder escapar pronto de la sensación de frustración y abatimiento que deja el haberse acercado un poco más a nuestra incierta naturaleza.
Muse – The Resistance.

En Black Holes And Revelations, Muse simulaban con arrebatos esporádicos de furia eléctrica y arreglos ávidamente insertados el éxito de álbumes anteriores, sin poder eludir la sospecha de que se trataba de mera apariencia. La efectividad del conjunto se sostenía por hilos de finísimo grosor. En The Resistance los arreglos han pasado a tener una presencia abusiva, quedando a la vista más que nunca la falta de un ideario que transmitir. Han estirado el hilo hasta cederlo.
Uprising, single estático y homogéneo pero prometedor en un modo muy similar en el que lo era Supermassive Black Hole, hace depositar unas expectativas en el resto de canciones que, de haberse cumplido, servirían para pasar por alto las flaquezas de este. Resistance levanta un poco el vuelo, pero se provee de arquetipos melódicos sin transformar ni adaptar a su estilo, limitándose a reproducirlos. Este síntoma nada por todo el álbum, especialmente en Undisclosed Desires, el tema más acomodado de todo el grupo con permiso de Starlight (y, aún así, resultón).
United States of Eurasia peca de demasiado referencial. No quiero ver a mi grupo favorito imitando a Queen de forma tan explícita y obvia. Unnatural Selection y MK Ultra, probablemente los dos mejores temas del álbum y que nos devuelven el espíritu más primigenio del grupo, tienen riffs potentes pero sin inventiva. Las tres partes de Exogenesis están francamente bien, pero no era el colofón que estábamos esperando. Si Muse quería componer una sinfonía ligeramente adulterada, habría sido más adecuado que la lanzaran en un EP, al menos se habrían evitado quejas y malentendidos posteriores. Pero querían darse un capricho y se lo han dado, con su estatus nadie iba a negárselo.
Lo más destacable de The Resistance es que, siendo su peor disco y la prueba tangible del agotamiento creativo del grupo, todas las canciones se encuentran lejos del tan acusado exceso, sólo que a cambio se bordea peligrosamente una mediocridad antes inédita que no hace más que avivar la sensación de que han perdido un poco el rumbo. Nos queda una sincera devoción por la música clásica y el aliento de las solemnes guitarras que les dieron a conocer. El hilo todavía no se ha roto.
El proceso: buzo-buzón de deseos.
He pasado todo el mes de agosto en tierras irlandesas, pero no es de lo que voy a hablaros hoy. Cuatro días antes de irme a Irlanda, volví de Dinamik(tt)ak ‘09, un campo de trabajo de dos semanas muy poco normal. Estaba orientado hacia la creatividad, y se desarrollaba dentro del museo Artium en Vitoria, dónde dormíamos, nos aseábamos… Y convivíamos con el arte desde el mismo momento en el que nos despertábamos. Pero tampoco voy a hablaros de eso. Os voy a contar cuál fue el proceso de creación de la última actividad que hicimos.
La idea surgió de un cuadro de inquietudes comunes. Cada uno dijo qué era aquello que le preocupaba, lo unimos todo en una especie de esquema existencial y pensamos en transmitírselo a la gente. Y así estuvimos un buen rato. ¿Por qué habría de interesarle a la gente lo que a nosotos nos preocupa? ¿No sería más enriquecedor hacerles partícipes de algo que no supusiera una mera recepción de preocupaciones ajenas? Tal vez eso era lo mejor. Del mismo modo en el que nosotros habíamos puesto en común inquietudes y deseos, dejar que la gente lo hicera también. Partiendo de este punto, el problema no era tanto encontrar una idea original, sino dar con formas originales de llevarla a cabo, de que la gente se involucrara.
Así pues, tras barajar un sinfín de posibilidades y relacionando todo lo que teníamos a nuestro alcance, nos pusimos finalmente de acuerdo en emprender una travesía en busca del imaginario colectivo local. Fuimos por las calles de Vitoria disfrazados con buzos, tocando una breve melodía inicial con dos instrumentos para que la gente se percatara de nuestra presencia, invitando a la gente a que compartiera sus deseos con nosotros, reivindicando su importancia en el día a día, animándoles a conseguirlos y grabando el acontecimiento. La gente podía decir a cámara su deseo, o si les daba vergüenza, pegar un post-it en el buzo. Repartimos flyers en los que explicábamos por qué coño íbamos con esas pintas, y qué se haría después de “la recolecta de deseos”. Se expondría un vídeo en el Artium sobre el evento y cualquiera podría ir a verlo gratuitamente.
Después, una ardua tarea de edición nos esperaba. Tenía que ser un vídeo corto, de unos 5 minutos. Había mucho material, del que desechamos una considerable porción. Ese día tuve mi primer encuentro con esa fascinante y enigmática herramienta que es el montaje, y la oportunidad de empezar a concebir sus infinitas posibilidades. Escogimos una música para dinamizar los momentos en los que íbamos de aquí para allá (necesarios por otra parte para evitar la saturación de deseos). No debía ser nada que acaparara atención, sino más bien todo lo contrario, que resultara invisible. Es increíble la cantidad de tiempo que hay que dedicar a tareas internas de las que la gente normalmente sólo se percata cuando salen mal. Si salen bien, confórmate con que nadie te diga nada. A pesar de todo, la experiencia de haber realizado un trabajo así en equipo eclipsó toda posible sensación de amargura.
Aquí está el resultado:
Jacek Yerka.
Os traigo la obra de otro pintor neo-surrealista, en esta ocasión del polaco Jacek Yerka. Comparte con Vladimir Kush su técnica depurada (acrílico sobre tela) y motivos aparentemente naturalistas, pero que reviste de un marcado simbolismo polivalente. Estos son algunos de mis favoritos, pero podéis entrar en su web, dónde hay bastantes más cuadros suyos:



















Pagafantas: Las reglas de la no-atracción.

El pasado lunes asistí al pase de prensa de Pagafantas a las 10:00 de la mañana en los Cines Capitol de Bilbao. Debe ser difícil encarar un largo cuando todo el mundo recuerda tu laureado y aclamado corto Éramos pocos, y va al cine con su título pegado en la frente, esperando si no una versión larga de aquel, sí algo muy similar. Pues no. Pagafantas, el debut de Borja Cobeaga en la dirección de largometrajes, es otra cosa. Aprendamos de una vez a valorar cada cosa por lo que es.
Pagafantas está ambientada en mi ciudad, Bilbao, y no negaré que eso hace que gane varios puntos muy subjetivos, pero con la cantidad de alegrías y reconfortantes sorpresas que me deparó la película, esto acabó siendo casi lo de menos. Empecemos por el principio. La película comienza con lo que parece el extracto de un documental, explicando lo que es “hacer una cobra”. Esta será la primera de un glosario de reglas de la no-atracción, o de la des-atracción, y su importancia será vital en cada paso del protagonista, llegando a convertirse en el centro de su existencia. Y todo por una cándida mujercita (encantadora Sabrina Garciarena) de atractivo acento argentino y loable figura que arrastra al protagonista a un tormento interior y exterior desquiciante tanto para él como para los que le rodean. Y ella ni cuenta que se da.

Lo que diferencia a Pagafantas de otras es la naturalidad y frescura que se consigue transmitir en cada escena. Y esa frescura proviene de los diálogos. Me parece realmente increíble que no se regodeen para nada en lo escatológico, siendo esta la tónica imperante en las comedias patrias. Aportan siempre algún dato de interés sobre el carácter de los personajes, abundan los dobles sentidos e incluso resultan insólitamente crueles en más de una ocasión (“eso no cambia NUNCA”, sentencia la madre). Lo que viene llamándose un diálogo inteligente, vamos.
Además, la realización es algo más que cumplidora. Planos muy escogidos, dinámicos juegos visuales en las elipsis y un dominio del ritmo sorprendente, sobre todo para tratarse de un debut: no se puede decir que haya una sóla escena demasiado larga, ni otra demasiado corta. Pagafantas es una película prácticamente perfecta (aunque odio esta palabra) para sus ¿escasas? pretensiones. Y pongo “escasas” entre signos de interrogación porque plasmar las inquietudes de toda una generación de Pagafantas y mantener al espectador durante hora y media riendo sin que tenga que preocuparse por su salud mental, no es, en absoluto, moco de pavo.
Pagafantas se estrenará con 230 copias en España, algo casi inaudito echando un vistazo al resto del panorama español en cuanto a distribución. Espero que eso ayude y se coloque entre los primeros puestos de taquilla (en el primero a poder ser). Porque, esta rara avis dentro de la comedia española, se lo merece.

Después de la proyección del film, Borja Cobeaga y parte del equipo hicieron una rueda de prensa en la sala, en la que tuve ocasión de hacerle una pregunta (contiene un posible SPOILER):
- Teniendo en cuenta el placer (o dolor, puntualizó Cobeaga) que produce ver en la pantalla tantas cosas con las que identificarse, ¿no crees que el protagonista merecía algo mejor al final de la película, aunque fuera como bálsamo contra la cruda realidad?
Cobeaga me contestó con un rotundo “no”. Por un lado, me dijo que yo, como fan de Lost (llevaba una camiseta de Dharma), debería saber que el ofrecer un final concluyente carecía de importancia si el recorrido había valido la pena, y en este caso un final feliz iba en contra del espíritu de la obra. Me dijo que le interesaba, sobre todo, la humillación constante del protagonista, y había que ser consecuente con eso. No habría soportado ver a Claudia soltar un falso: “te quiero, Chema, de verdad“. Además, así quedaba la posibilidad de una segunda parte aún más alocada. En resumen, todo el equipo muy majo y dispuesto durante la rueda de prensa, la verdad es que fue un placer estar ahí y… Que vayais a verla, coño.
Comentarios y excusas varias.

Escribo esto para anunciar que mi presencia bloggera durante el verano será escasa, muy escasa. Los exámenes y quehaceres estudiantiles se han acabado, sí, pero este verano toca ver mundo. Mañana mismo cojeré el avión para ir a Túnez. A la vuelta tendré un poco de tiempo libre dónde tal vez postée algo, pero luego iré a un campamento del que no sé gran cosa (tan sólo espero que no haya un psycho killer rondando por ahí), y un par de días después, a finales de julio, tengo mi ansiado concierto de Bruce Springsteen con la E Street Band. Y para terminar, pasaré todo el mes de agosto en Irlanda, aprendiendo inglés. Que conste que no he escrito este post con la (única) intención de dar envidia, sino de justificar en cierta medida mi ausencia durante los dos próximos meses. No tengo previsto abandonar el blog, así que en cuanto el tiempo me lo permita, me acercaré a dar señales de vida.
Meme de series (07-09)
Tenía ganas de hablar de series, y el meme de mi querida bloguera y seriéfila Adri me ha dado la oportunidad para ello. Amplio en un año el período de estreno también al 2007 porque no tengo tanto tiempo para ver series nuevas (lo intento). Aunque con un sonoro retraso, paso a comentar algunas series en distintos apartados.
- La que nunca debió salir a la luz: Painkiller Jane.

Ya he hablado en alguna ocasión de este despropósito absoluto de serie. Si tienes poco presupuesto, haz con él lo que puedas para que te quede algo más o menos decente… Pero no intentes hacer lo que hacen otros con el triple de dinero, porque te quedan cosas como esta. Aparte del factor cutre (pero cutre cutre), hay que destacar la nula credibilidad que transmite Kristanna Loken (musa de Uwe Boll) como protagonista. Su personaje de mujer decidida y segura de sí misma pero con pasado oscuro no llega ni a cliché de película que copia a Seven. Pero el puntazo de la serie son las “reflexiones” en voz en off de la protagonista que ni a cuento vienen, pero creen que queda bonito y trascendente. Lo que no me creo es que no hayan leído el guión antes de pasar cosas como esta: “Las apariencias engañan. Lo que hace a la gente especial no siempre es lo que se ve en el exterior… A menos que seas nudista”. De auténtico infarto, aunque te descojonas. Afortunadamente, es la única serie que he visto últimamente que merezca estar en este apartado.
- La que te llamaba mucho pero no llegaste a dar una oportunidad: In Treatment y Damages.

Ambas tienen pintaza, pero entre que ya estoy atado a las que sigo y también me gusta ver cosas más antiguas de vez en cuando… Al final todo es problema de tiempo, porque ganas no me faltan de verlas. Y esto es de actuales, que en total tengo como 60 series pendientes. Luego está Pushing Daisies, cuyo burtoniano piloto me gustó bastante, pero a partir de ahí la dejé de lado, no sé muy bien el motivo. Supongo que porque le faltó esa pizca de incertidumbre, hambre de saber, que hace que te bajes el capítulo siguiente (Lost podría considerarse el estandarte de esto). De Fringe todavía no he visto nada, pero no tardará porque ya tengo el piloto bajado. También tengo intención de ver la miniserie John Adams, protagonizada por Paul Giamatti y Laura Linney.
- La que no pensabas que te gustaría: Sons of Anarchy.

Me esperaba algo más de uno de los guionistas de la espectacular The Shield y creador de esta Sons of Anarchy, Kurt Sutter. Los primeros 5 episodios (más o menos) me parecieron flojísimos. La mayoría de personajes (a los que encarnan actores reciclados de dudoso talento como Kim Coates) exhiben un ego desorbitado que me saca de quicio, sobre todo el personaje de Gemma (Katey Sagal), a la que más de una vez habría llegado a estrangular. Va de mujerona con experiencia pero en repetidas ocasiones demuestra no ser más que una furcia con humos que toma decisiones tan adultas como liarse a tortas con cualquiera que pudiera estar tirándose a su marido. Como ya digo, la cosa mejora mucho a partir del sexto capítulo, en parte por la llegada del personaje encarnado por Jay Karnes, Dutch en The Shield (no por el personaje en sí, sino por las situaciones que desencadena), en parte porque algunos personajes se quitan la tontería que llevaban encima y a otros directamente se los cargan, y en parte por ese bellezón que es Maggie Siff (también presente en Mad Men).
- La que sigues con más pasión: Lost y Mad Men.

Ahora mismo me debato entre Lost (5ª temporada) y Mad Men (1ª temporada). Lost me está sorprendiendo mucho en la que seguramente sea la temporada que más cosas revela por capítulo. Supera con creces a la 4ª (para mí la peor temporada de la serie), aunque no tenga un capitulazo que sobresalga por encima del resto como era el caso de The Constant. Hay una cosa que quería comentar, y es que ya desde la 4ª temporada la serie ha adquirido un tono mucho más acelerado, adrenalínico y delirante. Quienes se engancharan a la serie por otras razones y no toleren el componente fantástico, se verán firmemente asqueados. Se está prestando tanta atención al misterio y a la resolución de este que hasta se están dejando un poco de lado los personajes (ese pedazo de personaje que era Juliet en la 3ª temporada, ¿qué es ahora? Y eso por no hablar de Jack). Quienes realmente comulguen con los interrogantes que la serie plantea, quienes compartan las dudas morales y existenciales de los protagonistas como si fueran las suyas propias, quienes tengan esperanzas en ver una salida tras el sinuoso túnel, serán los que más disfruten de esta 5ª temporada de Lost.

Por otro lado, Mad Men ha sido mi serie revelación de este año. Está ambientada en los años sesenta y se centra en las vidas de los miembros de una reputada agencia publicitaria. La serie es increíblemente sutil con prácticamente todo lo que se trae entre manos. La ambientación, el reflejo de unas convenciones sociales que hoy día pueden resultar chocantes e incluso misóginas, el hastío de una rutina calculada y dolorosamente previsible, el tratamiento de los personajes, sus motivaciones, lo que sienten pero no dicen… Mad Men habla de tantas cosas sin casi articular palabra que requiere un post aparte (tal vez se lo dedique otro día). Estoy a punto de acabar la 1ª temporada, y pase lo que pase, ya tengo otra serie que añadir a mi lista de favoritas.
- Una renovación: True Blood.

Aunque ya esté confirmada, la 2ª temporada de True Blood. No sé que haría si hubieran cancelado esta serie al final de la 1ª temporada. Supongo que primero me habría arrancado las uñas y luego me habría hecho cortes por todo el cuerpo con un cúter, exprimiéndolos bien y con un par de cubos al lado. Tras un agónico viaje a Atlanta donde creo reside Alan Ball, le habría pedido clemencia y le habría dicho que no se preocupara, que el presupuesto en sangre artificial corría de mi cuenta… Aunque no fuera del todo artificial. Con el trailer os dejo:
Chapman / O’Connor.
El contraste entre dos portentos muy distintos, enfrentados y rasgándose las vestiduras por el beneplácito de tu oído. Y tú, indeciso.
Tracy Chapman.

Voz grave, relajante y relajada, lo que no quiere decir que cada verso no rebose sentimiento. Chapman se viste en lo folk pero sin someterse a la autocomplacencia de algunos de sus principios. De su primer y homónimo disco, aunque todas las canciones estén más o menos al mismo nivel, destaco Mountains O’Things (atención también al cover que hace esta chica), cautivador tema de influencias africanas. Ideal para tumbarse en el sofá, dejarse arropar por su calidez y quitarse todo el estrés de encima.
Sinéad O’Connor.

Donde en Chapman había contención, en O’Connor hay una energía y un nervio descomunales, excesivos si se quiere. Rebelde, desafiante, cuanto más te esfuerces en mantener su timbre vocal bajo control, más sacudirá la impavidez de tus tímpanos. The Lion And The Cobra es un disco completo y ecléctico, desde las vivaces notas de Mandinka hasta la mansa emotividad de Drink Before The War. Troy es como una montaña rusa en la que nunca sabes cuán larga será la caída. Sinéad explora aquí una gama de recursos vocales que quitan el hipo, desde los tonos más suaves hasta el grito más descarnado, y en 6:34 minutos demuestra hacer lo que quiere y más con su voz. No hace falta decir que la prefiero cien veces antes que a su sobadísimo mega-hit Nothing Compares 2 U.
En definitiva, dos polos deliciosamente opuestos, que tal vez hallaron en su debut su obra más redonda, y que sorprende cómo valiéndose de elementos tan contrarios alcanzan un nivel de satisfacción auditiva tan similar.